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Constancia facial del fantaseo diurno: emotiva serie fotográfica de personas soñando despiertas (FOTOS)

Por: pijamasurf - 04/01/2013

Distracción quiere decir: atracción por el reverso de este mundo

Octavio Paz, El arco y la lira

En inglés existe un verbo, “daydream”, que no tiene un equivalente exacto en español. Al menos no si quisiera conservarse esa unidad en la que se funden dos palabras para significar una cosa: el acto de “soñar despierto”, el fantaseo diurno que en un momento de distracción nos lleva por gracia de la imaginación a una realidad distinta a esa en la que nos encontramos.

Y si bien, como en todo sueño, la pesadilla es una posibilidad siempre latente, lo cierto es que el “daydream” se caracteriza con más frecuencia por la ensoñación placentera, el montaje o el recuerdo de escenarios complacientes y gozosos y de situaciones que mucho tienen de felicidad y de alegría.

Tomando esta acción simple y al mismo tiempo sumamente compleja, cotidiana pero con cierto elemento milagroso, la fotógrafa Alexandra Sandu puso en marcha el proyecto Daydreamers, una serie de retratos que fija en una imagen la evidencia gestual de los sueños soñados en consciencia plena.

La instrucción de Sandu a sus modelos es sencilla: solo cierra los ojos y piensa en algo bonito. Liberada así la imaginación, el resto es obra de la fotógrafa, la encargada de fijar ese instante en que por la sonrisa dibujada, por la expresión de los ojos que no vemos, por la serenidad del rostro, sabemos que esa mente ha dejado este mundo para adentrarse en uno mejor ―del que acaso, como si se tratase de alguno de esos ríos de mitologías remotas, salga purificada y renovada.

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Imágenes vía PetaPixel

Los conejos de pascua más perturbadores (imágenes para una improbable historia del trauma infantil)

Por: pijamasurf - 04/01/2013

Una selección de imágenes que nos llevan por las sombrías regiones del trauma infantil.

La Pascua es una temporada altamente significativa dentro del calendario judeocristiano que, en el caso específico del cristianismo, recuerda los eventos que a la postre se convirtieron en el fundamento de su existencia: la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Sin embargo, como usualmente sucede con las creencias religiosas, estas no existen nunca en un estado puro, siempre se les encuentra fundidas con sedimentos ideológicos anteriores que, entre otros efectos, facilita su difusión y su apropiación entre personas y sociedades que antes no creían en eso. Este es el conocido sincretismo que, como una suerte de denominador común, recorre todas las confesiones religiosas —y también otras expresiones del pensamiento.

En este cruce desataca la figura del conejo y los huevos de pascua, probablemente los dos elementos más extraños de la simbología pascual, que, al menos de inicio, manifiestan poca o ninguna asociación evidente con otros significados sacros.

Su origen no es del todo claro, sobre todo porque al parecer este se remonta a la oscuridad medieval europea, esa zona sombría donde la doctrina de la iglesia intimó con las tradiciones mal llamadas paganas y bárbaras de los pueblos que sobrevivieron al colapso del imperio romano. Ahí, en un pantano confuso de ideas cristianas, cátaras y de otras tradiciones tanto o más herméticas, nació la idea de que la liebre era un ser hermafrodita que podía procrear sin perder la virginidad, rasgo por el cual se convirtió de inmediato en metáfora de la Virgen María.

En cuanto a los huevos, al parecer se les toma como símbolo de la tumba vacía de Jesús, de ahí su presencia en el “Domingo de Resurrección”, pero tampoco se sabe con certeza dónde nació este vínculo.

Sin embargo, en un mundo despojado del aura sagrada, todos estos antecedentes terminan convertidos en las imágenes que compartimos, retratos que van de lo horrífico a lo espeluznante y lo ridículo, el trauma infantil personificado en un disfraz deforme de pelambre sintético y proporciones desmesuradas.

Imágenes vía Happy Place