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¿Qué tan fácil es escribir sobre sexo?

Por: pijamasurf - 03/28/2013

La pretendida apertura en torno al sexo, que ahora se encuentra por todos lados, no parece sin embargo facilitar su narrativa, su conversión metafórica en ese significado que trasciende la realidad para convertirse en literatura.

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Actualmente el sexo puede parecer una de las narrativas más comunes en esa madeja un tanto caótica pero de lógica propia que es el flujo público de contenidos. Al sexo se le encuentra en la televisión y a veces también en el periódico matutino, en el cine, en Internet y en el bestseller del momento.

En cierta forma, esto no ha sido siempre así. En épocas anteriores, como sabemos, el sexo pasaba por un proceso retórico de ocultamiento y disimulo, era algo que se nombraba pero solo veladamente, entre metáforas y símiles, entre risas y sublimaciones, o, como en Sade, en medio de discusiones filosóficas y sobre los problemas de una sociedad, pero casi nunca expuesto abierta, crudamente, a la manera de, por ejemplo, Courbet.

Sin embargo, cabe preguntarse en qué medida esta supuesta apertura no es también, perversamente si se quiere, otra forma de la represión, otra de sus caras, esa que en apariencia concede libertad pero solo para ocultar mejor aquello sobre lo cual no debe hablarse.

Este puede ser un poco el caso de la literatura erótica, que en años recientes ha conocido una explosión notable de interés, masivo incluso como sucedió con la novela Fifty Shades of Grey, la cual abandonó las sombras de la clandestinidad en las que, por ejemplo, circularon los relatos sadianos o de Sacher-Masoch, para exponerse abiertamente en los estantes y las mesas de novedades de las librerías. Pero la pregunta se mantiene: ¿esta pretendida apertura significa verdaderamente eso? ¿Una coyuntura en la que es posible nombrar al sexo en toda su plenitud, sin tabúes ni limitaciones?

En el sitio The Millions, la escritora Julia Fierro ha publicado una reflexión interesante al respecto, elaborando una especie de disección dialéctica entre el interés genuino por el sexo y el mero morbo; también, en un nivel más bien creativo, entre la mención explícita o el uso de los recursos propios de la literatura para transmutar ese acto de nombrarlo y acercarlo más bien a la zona del erotismo.

Lo interesante del texto de Fierro es que estos dilemas, que podrían considerarse poco novedosos, moralistas quizá, pierden importancia frente a un fenómeno interesante que se da entre quienes escriben, por entretenimiento o por oficio. Para sorpresa de la autora, los primeros, los escritores aficionados o amateurs, encuentran mucho más fácil escribir sobre sexo que los “profesionales”, para quienes describir un acto sexual puede ser tormentoso y en última instancia imposible.

Para Fierro, que cuenta con la experiencia tanto de maestra como de escritora, esto podría explicarse por la prohibición más o menos extendida y observada por los escritores de oficio en torno al sentimentalismo, del que huyen como si se tratase de una plaga o una enfermedad, la oposición entre sentimiento y emoción con la consecuente preferencia de esta última, la idea de que la emoción es mejor que el sentimiento cuando se encuentra en la página.

¿Por qué? En buena medida porque el recurso del sentimentalismo se considera fácil e inmediato, aquello que provoca un efecto simplón y generalizado y que, por lo mismo, es potencialmente asequible por numerosas personas, todas aquellas que de algún modo se encuentran ciegas al lugar común y el cliché, categorías que no consideran un defecto al momento de juzgar una obra creativa.

En el caso de una escena sexual, la dificultad del escritor profesional estribaría en el reto de narrarla de una manera estéticamente novedosa, seductora, una forma narrativa profunda que trascienda la trivialidad del acto y de algún modo lo transforme en una materia distinta, sublime o sórdida, pero a fin de cuentas otra cosa. No la mera descripción del hecho, sino la conversión de este hacia lo que de literario (no de real) pueda tener.

Este es, en esencia, el dilema, pero curiosamente las posibles ejecuciones de su resolución son más bien innumerables:

Así como hay una variedad infinita de “buen sexo” —los factores depende de aquellos que participan—, también hay una cantidad infinita de escritores, cada uno con su lector o lectora ideal.

 

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Por qué el gobierno de Estados Unidos no malgasta su dinero investigando el enorme y extraño pene de los patos

Por: pijamasurf - 03/28/2013

El fascinante mundo de la reproducción de los patos: penes que pueden llegar a medir la mitad de su cuerpo y órganos sexuales femininos capaces de escupir el semen indeseado.

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Con los recientes recortes al presupuesto implementados por el gobierno de Barack Obama, en los Estados Unidos, algunos críticos han buscado puntos oscuros en el gasto público. Uno de ellos, según el sitio CNS News, son los 384 mil dólares que se gastan en estudiar la reproducción de los patos, especialmente el pene de estas aves acúaticas.

Los patos son parte del 3% del total de las especies de aves que tienen un pene --el 97% simplemente entrega el esperma a través de un hoyo, en lo que se conoce como "el beso de cloaca". La razón por la que los patos tienen un pene es que a diferencia de la mayoría de las aves, su reproducción se da en conflicto --el amor es una guerra, más que un pacto mutuo. Las hembras tendrán mayor cantidad de crías si pueden seleccionar  el esperma de los mejores machos. Los machos en cambio intentan copular con la mayor cantidad de hembras posibles. Esto evidentemente presenta un conflicto, pero es el conflicto mismo  lo que hace evolucionar a los seres vivos y en este caso crecer prodigiosos penes que llegan a medir más de la mitad del tamaño de un pato y desaparecen cuando no es temporada de apareamiento. El pene del pato de un lago en Argentina ha llegado a medir casi 50 centímetros de largo.

Una de las razones por las cuales es importante, según el escritor de temas científicos de National Geographic, Carl Zimmer, estudiar la reproducción de los patos tiene que ver con este conflicto sexual en la naturaleza. Éste conflicto desata conductas agresivas a las cuales es necesario adaptarse (en el caso de la mosca de la fruta son letales: el macho dosifica un químico tóxico para asegurarse de que su esperma sea el que fertilice el huevo y no el esperma de otros machos, sin importar que esto acorte el periodo de la vida de su pareja). La sexualidad humana es más compleja ya que intervienen en ella factores culturales que se tornan epigenéticos, pero en algunos aspectos también es una sexualidad de conflicto. Se sabe que el fluido seminal ha evolucionado en competencia con el semen de otros hombres y se cree que algunos trastornos del embarazo, como la preeclampsia, podrían ser provocados por el conflicto sexual.

La competencia entre los patos es especialmente notable. La Dra. Patricia Brennan, de la Universidad de Yale, encargada del equipo que mide los penes de los patos, descubrió que el falo de los patos decrece substancialmente cuando no es temporada de apareamiento y vuelve a crecer la temporada siguiente. En el caso del Oxyura jamaicensis (pato zambullidor grande o pato tepelcate) el re-crecimiento varía en longitud y tiempo dependiendo de si el pato tiene que competir con otros machos. No se sabe a ciencia cierta que sucede fuera de temporada con el pene de los patos, que tiene forma de sacacorcho, pero se cree que tal vez sea más económico volver a crecer un pene nuevo que mantenerlo. El tamaño del pene de los patos parece ser el resultado de una competencia evolutiva, ya que éste permite una mayor posibilidad de fecundar a las hembras. En el caso de las hembras, sus genitales también han evolucionado a un sistema complejo que les permite descartar el esperma no deseado, expulsándolo. Esto tiene sentido ya que aún cuando la tercera parte de todos los apareamientos son forzados, sólo el 3% de estos apareamientos son reproductivamente efectivos. Las hembras tienen un alto porcentaje de éxito en la selección que hacen del esperma, lo cual parece ser una enorme motivación para la evolución del pene de los patos.

Así las cosas con la sexualidad de los patos, que aunque un tanto extraña, presenta posibilidades de comprender mejor nuestra propia sexualidad y generar útiles aplicaciones médicas.