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Freud, Einstein, Greta Garbo y otros grandes personajes cifrados en sus ex libris (IMÁGENES)

Arte

Por: pijamasurf - 03/21/2013

En cierta forma, el curso de una vida también puede seguirse en los libros leídos por una persona, en los libros adquiridos y ambicionados, aquellos que a pesar de todo se consiguieron y pasaron a ocupar un sitio en esa estantería que, recurriendo a Borges, podemos llamar con toda precisión la biblioteca personal.

Como fronteras de un territorio por definición abierto e ilimitado, los libros van marcando la existencia de una persona, los distintos estados anímicos por los que transita, las amistades que frecuenta, el tipo de amores que inicia, los fracasos que sufre pero quizá, con mayor importancia, las respuestas que busca.

Quizá por esto y por cierto impulso por marcar la propiedad emotiva de un libro, la relación íntima que guarda con nuestra vida, se desarrolló un singular recurso del mundo bibliográfico conocido como ex libris, un sello personalizado que si bien tuvo expresiones en la antigüedad, fue especialmente a partir del Renacimiento cuando comenzó a asociarse a un lector en particular, a ser una suerte de expresión gráfica de las inclinaciones lo mismo personales que lectoras, en diseños a veces ambiciosos y barrocos, otros sucintos y parcos, que daban cuenta de ese cruce entre vida y libros, algo que quizá podríamos denominar bi(o)bliografía.

En esta galería compartimos algunos ex libris de personajes célebres, quizá menos por su estética que por este último rasgo; es decir: existen ex libris mucho más hermosos, pero de desconocidos. La ventaja de, como en este caso, ver los ex libris de personas famosas, es que de algún modo, por este motivo, tenemos también alguna información sobre ellas, uno varios detalles sobre su vida que nos permiten elucubrar sobre la razón del diseño, la explicación a veces secreta, a veces evidente, detrás de ese rejoneador en el ex libris de Hemingway, esa especie de ninfas que custodian el de Yeats, el elocuente gesto gráfico del de Mussolini.

Porque, al final, entre personas que conceden un valor importante a los libros, sus libros, dentro de su vida, el ex libris es un sello donde, de nuevo a la manera de Borges, puede descifrarse la existencia entera.

Imágenes vía BuzzFeed

En ocasiones la tristeza nos parece bella en sí misma, sus imágenes nos cautivan, ¿pero por qué razón?

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Hay una frase de Anaïs Nin que circula con cierta profusión en la que la escritora asegura que no vemos las cosas como son, sino como somos, esto es, la manera en que aprehendemos la realidad, como la entendemos y la hacemos nuestra, así sea por instantes, es en buena medida una proyección de lo que sabemos y conocemos, también de lo que ignoramos, nuestras aversiones y nuestros deseos. Así, en un asunto en que se cruzan la filosofía y la psicología, la epistemología y la neurociencia, queda de manifiesto nuestra imposibilidad para conocer la realidad en sí y, en cambio, solo tener acceso a la realidad que nos dan nuestros sentidos e interpreta nuestra percepción.

En este contexto, la categoría de lo bello, la experiencia estética, cobra, junto a otras, un relativismo que es en cierto sentido estimulante en la medida en que nos obliga a preguntarnos por qué consideramos bello algo, si, más allá de criterios supuestamente "objetivos" o al menos socialmente tenidos como tal, algo es bello únicamente por la manera en que lo miramos y lo entendemos y, en última instancia, parafraseando a Nin,  por cómo somos en ese momento en que lo miramos y lo entendemos.

Hago este preámbulo para preguntarme por el valor estético de la tristeza, por qué las imágenes que la retratan nos parecen especialmente bellas, o si esta cualidad es solo expresión de espíritus que sienten particular condescendencia por los gestos de esta emoción.

En el caso de la tristeza también es posible que se trate de cierta fascinación por el sufrimiento del aspecto exterior como reflejo del sufrimiento interior, o al menos de cierta actividad emocional e intelectual que se adivina mucho más intenso, más vívido que el de la mayoría, premisa que en buena medida se remonta al influyente Problema XXX de Aristóteles (cuya autoría, por cierto, se discute), en el cual el filósofo habla sobre la melancolía y se pregunta por qué este humor se le encuentra con mucha frecuencia entre personajes destacados como poetas y líderes políticos. 

Sin importar si esto es o no cierto, el texto marcó ciertas pautas para apreciar la tristeza, para, culturalmente, otorgarle significados y valores que probablemente no estén ahí.

Aquí algunas imágenes de la tristeza, de las cuales es difícil saber si son bellas en sí, si, después de todo, este ser bello en sí es posible para el caso específico de la tristeza.

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Melencolia I, Albrecht Dürer

"Muchas veces tomé la pluma para escribirla, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una vez suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría [...]" / Del Prólogo al Quijote de 1605.

 

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Introspection, Martin Stranka

Twitter del autor: @saturnesco