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El Museo del Chopo, en México, presentó a la escritora María Virgina Jaua, quien explica porqué somos testigos de los cambios históricos más radicales en esta práctica.

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Cada vez más hojas de papel son reemplazadas por pantallas. Dicho fenómeno ha cambiado radicalmente nuestra forma de leer y de escribir. Editar en internet replantea los factores que el escritor debe tomar en cuenta al crear un texto: podemos hacer uso de palabras, de imagenes y fotografías, audiovisuales y sonidos, todo esto en la búsqueda por crear sentido dentro del estimulante caos de datos que  fluye en la web.

Desde febrero, el museo del Chopo de la Ciudad de México realiza un ciclo de conferencias y charlas titulado “Escribir Mañana”, mismo que intenta convertirnos en espectadores y actores de la discusión sobre el cambio actual de la escritura.

El pasado 14 de marzo la conferencista del ciclo fue María Virginia Jaua, dedicada al análisis del entrecruce entre literatura y arte, y quien actualmente dirige la revista de crítica cultural digital salonkritik.net, –la cual combina formatos literarios con elementos auditivos y audiovisuales–.

Para Jaua, editar en internet significa crear sentido dentro del caos. Las nuevas herramientas de edición para audio y video digital, permiten hacer uso de mecanismos que facilitan, y a la vez provocan, la síntesis y fusión de las distintas disciplinas: las ramas del conocimiento jamás habían estado tan mezcladas.

maría virginia jau

Actualmente existe un caos en internet, una sobreproducción informativa. “Nuestra época es caótica, somos incapaces de leer y en menor medida de procesar todo lo que nos llega […] No hemos reflexionado bastante sobre ello. Editar en internet es crear sentido en medio de ese caos” advierte.

“Escribir mañana es una emoción que nos permite jugar con el tiempo. Nuestro estar en el tiempo es una ilusión”. Actualmente la información a la que accesamos es esporádica, hecha para el momento, las cosas que finalmente se quedan en el consciente son aquellas que nos pasman o bien que nos hacen sentido. Una de las características de los contenidos distribuidos a través de la Red, es que su existencia está condenada, en la mayoría de los casos– a lo efímero, “ser y no ser”. Estos no claman por una durabilidad, sino que apuestan a la intensidad del ahora, sobrepasando así la lógica del tiempo lineal.

Las herramientas visuales y sonoras disponibles en composiciones digitales de texto “infitimizan” lo que podemos llegar a saber. “Hay algo que vemos que no sabemos que vemos”. En la imagen hay mucho más qué ver, la nueva forma de escrituravisual, es conocimiento no del todo cognitivo, pues implica también también la absorción inconciente de información en la web –la cual a su vez se expresa al momento de escribir.

Jaua explica que el editor de web debe ser consciente de en la postura que adopte radica la posibilidad de ‘atrapar’ al lector. Cualquier persona que escribe adopta consciente o inconscientemente una postura, y nos advierte que esta representa en sí un acto político y una crítica que termina por dar sentido al caos de datos.

Las reflexiones anteriores nos orillan a preguntarnos ¿qué tanto sabemos de lo que publicamos o leemos, si tomamos en cuenta que el conjunto de mensajes de una sola imagen excede nuestro propio entendimiento? O incluso, un paso más allá ¿qué tan real es el tiempo sujeto al tradicional modelo lineal?

* La siguiente conferencia del ciclo “Escribir Mañana” contempla la participación del poeta iraní Mohsen Emadi, quien hablará sobre ideas creativas para la creación de la poesía digital.

Twitter del autor: @anapauladelatd 

 

Las drogas ilegales que más usan los individuos altamente eficientes

Por: Javier Raya - 03/17/2013

Un estudio llevado a cabo en Australia muestra que el uso de drogas no necesariamente implica problemas de adicción, dependencia y ruptura social: miles de personas social y económicamente funcionales utilizan sustancias ilegales como parte de su vida cotidiana.

El usuario promedio de drogas no es un vagabundo junkie de Baltimore con la vida destrozada por años de abuso de crack: podría ser tu maestro de la universidad, la cajera del banco, tu mejor amigo o alguien como tú. Un nuevo estudio llevado a cabo en Australia ha revelado que más gente de la que se pensaba usa drogas ilegales en su vida cotidiana.

Contrario a las asociaciones populares que ligan el uso de drogas a comportamientos antisociales y al alza del crimen como producto del tráfico de sustancias, tenemos casos como el de "Simon" (alias), un trabajador universitario que se levanta cada día a las 5:30 am para hacer yoga antes de ir a su trabajo; una persona ocupada, como la mayoría de nosotros, que usa "drogas un par de veces al mes", dice, sobre todo "alucinógenos y MDMA."

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"Soy una persona razonablemente sana", continúa Simon, "me cuido todo el tiempo, y probablemente no soy el tipo de persona que las agencias antidrogas tienen como el estereotipo de drogadicto." Y es que fuera de su gusto por usar cannabis un par de veces al mes, Simon, como millones de personas en el mundo, recurre sobre todo al alcohol, al tabaco, al café y en algunas ocasiones a drogas de prescripción para regular sus niveles de estrés, para socializar o simplemente para relajarse después de una larga jornada de trabajo.

Y es que la Global Drug Survey (Encuesta Mundial de Drogas) aplicada este año en Australia con la colaboración de la agencia Fairfax Media hace un ajuste sobre los hábitos de consumo de drogas muy diferente al que los medios y los políticos suelen hacer.

El estudio fue aplicado a 6,600 voluntarios australianos, de los cuales la mayoría son personas heterosexuales, con buen estado de salud en general y con una buena educación, de raza anglosajona, con un ingreso medio superior a los $100 mil dólares anuales. El GDS es el mayor estudio de su tipo aplicado en Australia, y reporta que al menos dos tercios de las personas entrevistadas utilizaron algún tipo de sustancia ilegal el año pasado, 45% de ellos durante el último mes.

El GDS está dirigido por el doctor Adam Winstock, un psiquiatra especializado en adicciones que vive en Londres. "He pasado mi vida trabajando con un grupo de usuarios de drogas, los cuales parecen ser el único grupo en que el gobierno está interesado. Es el grupo cuyas vidas han sido destrozadas por las drogas, pero es una pequeña minoría", señala.

En conjunto con la encuesta, el doctor Winstock inició la página drugsmeter, un sitio que permite retroalimentación sobre los hábitos de consumo de los usuarios de drogas. Con el cambio en la perspectiva demográfica propuesta por el estudio, Winstock cree que necesitamos "comezar a pensar en basar nuestras políticas y servicios alrededor del 80 o 90 por ciento de los usuarios de drogas", y no sólo de la pequeña minoría con fuertes problemas de adicción.

Winstock va tan lejos como para afirmar que estudios posteriores podrían demostrar que esta tendencia verificada en Australia podría mantenerse constante en otras partes del mundo: el usuario promedio es tu vecino, madres y padres responsables, estudiantes universitarios con buenas notas, etc.

¿Pero qué usan los "drogadictos cotidianos"? La encuesta indica que las drogas más utilizadas son la marihuana, el LSD, y para sorpresa de nadie, el alcohol y el tabaco, sustancias legales que también fueron señaladas como las sustancias "menos satisfactorias". Las más satisfactorias para los voluntarios del estudio fueron el MDMA (éxtasis) y el LSD. De la muestra analizada, sólo el 5% ha tenido algún problema con las autoridades (alguna detención menor) y, de nuevo para sorpresa de nadie, sólo han terminado en el hospital los bebedores frecuentes, luego de ingerir un promedio de 12 tragos o medidas de alcohol.

La panacea de la legalización

A pesar de que suponemos que el estatus ilegal de las drogas es lo que mantiene alejadas a la gente de ellas, en realidad su legalización tendría poco impacto en los hábitos de consumo, según el director del National Drug and Alcohol Research Centre de Australia, la profesora Alison Ritter.

El mismo estudio cuestionó a los voluntarios sobre qué pasaría si pequeñas cantidades de droga estuvieran disponibles de manera legal; muchos dijeron que el estatuto legal no los haría cambiar realmente sus patrones de uso: 15% dijo que usaría más drogas, y 25% que beberían menos alcohol. Y es que las bebidas alcohólicas, a decir de Ritter, siguen siendo el mayor problema, al menos en Australia.

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Para la investigadora existe un gasto absurdo en las políticas antidrogas cuando, en realidad, el problema parecen ser las sustancias legales: "Sabemos que dar tratamiento accesible y apropiado para alguien requiere mucho trabajo, pero en vez de eso invertimos substancialmente menos en servicios de tratamiento [rehabilitación] que en vigilancia."

A decir de Ritter, la cultura y la historia del alcohol están tan arraigados en nuestras sociedades que este juega un rol muy importante en los hábitos de la gente. "Por ello no puedes decir que si la cannabis fuera legal, por ejemplo, 80 o 90% de la población la usaría", simplemente porque la disponibilidad de las drogas no determina su uso: la cultura sí.

Gino Vumbaca, director ejecutivo del Australian National Council on Drugs, afirma que la experiencia histórica con el alcohol aporta una pauta importante sobre cómo no legalizar una droga. "A veces la gente no se da cuenta de los patrones que están desarrollando sino hasta que es demasiado tarde", afirma. Además del alcohol, dice Vumbaca, el tabaco es el causante de los mayores problemas de salud, problemas que se reflejan en el presupuesto destinado al sector salud. Sin embargo, los gobiernos siguen enfocados en los usuarios de drogas que en general no desarrollan problemas de salud tan graves como el alcoholismo o los diversos tipos de cáncer producidos a causa del uso del tabaco.

"Es muy fácil deducir", continúa Vumbaca, "que sólo porque el alcohol es legal nos muestra los problemas que legalizar una droga podría provocar, pero lo que nos muestra es cómo no debemos hacerlo." A favor de este punto, basta recordar los sangrientos años de la prohibición del alcohol en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, lo cual sólo dio como resultado el nacimiento de los gángsters modernos como Al Capone, antecedente directo de las actuales organizaciones criminales. De este caso podemos aprender que las leyes no determinan las prácticas sociales de las personas: una ley regula lo que la gente hace, pero no puede decirles qué hacer o no hacer.

El problema del uso de drogas es sumamente complejo y su solución será parte de los retos para el siglo XXI en todas las sociedades industriales. Lo cierto es que mantener las drogas en un estatuto de ilegalidad es consecuencia también de la insuficiente información respecto a las consecuencias de su uso, así como de los tabúes y estereotipos asociados y perpetuados por los gobiernos y los medios de comunicación.

Mantener las drogas como ilegales, además, permite movilizar grandes cantidades de presupuesto en combate al narcotráfico mientras drogas de prescripción como los antidepresivos, además de sustancias legales como el alcohol y el tabaco, siguen provocando los mayores problemas de salud.

Con información del Brisbane Times.

Twitter del autor: @javier_raya.