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Las primeras fotografías de copos de nieve en 1885 (una compilación de elegantes estrellas fractales)

Arte

Por: pijamasurf - 02/24/2013

Los copos de nieve son unos de los emblemas de la belleza y complejidad de la naturaleza que más se repiten en el vuelo de la imaginación. Cristales de nieve que aparecen como translúcidos regalos para revelar formas autorreferentes, casi fractales, que se contienen a sí mismos hasta el infinito (los rotros transparentes de los dioses del hielo).

Wilson A. Bentley, conocido como "The Snowflake Man", fue la primera persona, en 1885 en fotografiar un copo de nieve individual, adhiriendo un microscopio en una cámara de fuelle, de esta forma desdoblando al público la dimensión interna de los cristales que parecieran tener diáfanas estrellas adentro.

Los copos de nieve inspiraron la serie matemática fractal de Koch y son ejemplos de la belleza irrepetible de la naturaleza (que solo se repite a sí misma, siendo en cada cosa un universo).

Las imágenes de esta fotogalería nos remiten a un momento de prístina elegancia, en la que el hombre descubre los secretos geométricos de la naturaleza y logra comunicarlos --y con una técnica fotográfica que ahora nos parece vintage las imágenes llegan a inspirar sentimientos de una belleza clásica, escudos de una confederación que viaja en el tiempo, a través de la galaxia, con el sello de la estrella.

Imágenes vía The Smithsonian

Página dedicada al trabajo de Bentley

Hemingway leyendo desnudo el periódico y otras imágenes íntimas de escritores en su hogar

Arte

Por: pijamasurf - 02/24/2013

La fascinación que ejercen un escritor sobre sus lectores se debe, parcialmente, al hecho de que este realiza el milagro estético con algo que todas las personas utilizan a diario y en todo el momento: el lenguaje. Esta materia aparentemente tan pedestre y usual queda transformada por los grandes escritores en el fundamento de su magia y la realización de la improbable experiencia estética.

Con todo, lo interesante es que a pesar de moverse por los reinos de lo sublime y lo admirable, los escritores no dejan de ser personas comunes. Es cierto: quizá cuando escriban rocen por un instante los límites de la trascendencia, pero pronto vuelven a los círculos del mundo y, un poco como dice Pierre Michon jugando con la dualidad que se atribuía al cuerpo del rey en la Edad Media, la del cuerpo perecedero del hombre en sí y el cuerpo imperecedero de la monarquía, de nuevo son esas personas que bien podrían pasar por el tendero de la esquina, el hombre que pasa a cobrar la renta, la mujer que nos vende nuestro víveres.

Para ejemplificar esta contradicción inherente a prácticamente todos los artistas, compartimos estas imágenes en que se ve a 20 escritores distintos en actividades propias de su vida diaria, esa cotidianeidad en la que son y no son autores y también en esa misma que nuestra mirada, acostumbrada a verlos situados en determinado estatus, imputa cualidades que quizá no haya: el gesto simplón e insignificante de encender un haban0 adquiere de pronto una importancia vital si quien lo hace es el gordo Lezama, por ejemplo.

Algunas imágenes, así como el pretexto para realizar este post, provienen de esta galería en el sitio The Atlantic, pero en buena medida la memoria y nuestras propias inclinaciones literarias nos llevaron a incluir otros retratos, una selección que, vanamente, quisiera ser amplia, pero que, sabemos de sobra, será siempre insuficiente.

También en Pijama Surf: Proust y Joyce y eso que llamamos su encuentro anticlimático.