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Las primeras fotografías de copos de nieve en 1885 (una compilación de elegantes estrellas fractales)

Arte

Por: pijamasurf - 02/24/2013

Los copos de nieve son unos de los emblemas de la belleza y complejidad de la naturaleza que más se repiten en el vuelo de la imaginación. Cristales de nieve que aparecen como translúcidos regalos para revelar formas autorreferentes, casi fractales, que se contienen a sí mismos hasta el infinito (los rotros transparentes de los dioses del hielo).

Wilson A. Bentley, conocido como "The Snowflake Man", fue la primera persona, en 1885 en fotografiar un copo de nieve individual, adhiriendo un microscopio en una cámara de fuelle, de esta forma desdoblando al público la dimensión interna de los cristales que parecieran tener diáfanas estrellas adentro.

Los copos de nieve inspiraron la serie matemática fractal de Koch y son ejemplos de la belleza irrepetible de la naturaleza (que solo se repite a sí misma, siendo en cada cosa un universo).

Las imágenes de esta fotogalería nos remiten a un momento de prístina elegancia, en la que el hombre descubre los secretos geométricos de la naturaleza y logra comunicarlos --y con una técnica fotográfica que ahora nos parece vintage las imágenes llegan a inspirar sentimientos de una belleza clásica, escudos de una confederación que viaja en el tiempo, a través de la galaxia, con el sello de la estrella.

Imágenes vía The Smithsonian

Página dedicada al trabajo de Bentley

Edición limitada de Fahrenheit 451 hecha en asbesto: para que sea imposible quemarla

Arte

Por: pijamasurf - 02/24/2013

En un ejercicio editorial que es también imaginativo, la editorial Ballantine realizó en la década de los 50 esta edición de Fahrenheit 451 en asbesto, para que si algún día la civilización humana decidiera quemar todos sus libros, al menos este sobreviviera.

Es conocida la razón por la cual Ray Bradbury tituló Fahrenheit 451 a las más célebre de sus novelas: se trata de la temperatura a la cual arde el papel, lo cual hace alusión a una sociedad distópica en la que leer está prohibido y en las ciudades hay cuerpos similares a bomberos que, en vez de apagar incendios, se ocupan en iniciarlos, creando hogueras donde queman cuantos libros encuentren.

Tomando este motivo central del relato, la editorial Ballantine hizo una de las versiones más notables de Fahrenheit 451, publicando en libro en nada menos que asbesto, un material que resiste el fuego y que haría prácticamente imposible la reducción a cenizas del ejemplar. En un ejercicio editorial que también es imaginativo, Ballantine se adelantó a ese tiempo funesto en que, como ya ha sucedido numerosas veces a lo largo de la historia, los libros son objeto de censura y destrucción, previniendo por lo menos la del relato bradburiano.

Actualmente todavía circulan algunos ejemplares de los 2 mil que inicialmente se pusieron en venta. Alguien en Abe Books, por ejemplo, ofrece un tomo en 20 mil dólares.

Por cierto, el mismo Bradbury también decía que solo había algo peor que quemar los libros, y esto era no leerlos.

También en Pijama Surf: 12 consejos de Ray Bradbury para los jóvenes escritores.

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