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¿El deseo es causa de sufrimiento o circunstancia vital que da sentido a la existencia?

¿Es mejor desear y que la consecución de ese deseo nos transforme? ¿O no desear y evitar así el sufrimiento que conlleva sentir que necesitamos algo?

Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 14/02/2013 a las 12:02:10

La naturaleza humana —si es que aún puede utilizarse dicho concepto— posee algunos elementos que la identifican como tal: la conciencia de sí, la empatía, la conciencia de la muerte y algunos más que forman una especie de red en la que todos están conectados secretamente entre sí, en la que es difícil señalar si hay alguno que precede a otro o viceversa.

En este sentido, hay uno en especial que podría mirarse como una especie de fuente o manantial primigenio del cual surge esa suma de circunstancias que explican la existencia de una persona: el deseo.

Aun en su forma primitiva —suponiendo que existió en algún momento del desarrollo evolutivo del hombre una especie de proto-deseo que seguía inclinado hacia los instintos pero en franca transformación con respecto a estos — el deseo puede considerarse ese empuje último que como especie nos separó para siempre del seno de la naturaleza, la expulsión edénica que, como querían Kafka y Borges, consiste en que somos incapaces de darnos cuenta en que seguimos en el Paraíso.

La esencia del deseo es paradójica: en su cariz más cruel, nos enfrenta a la realidad de nuestra insatisfacción, nuestra incompletud, al hecho de que necesitamos algo que no tenemos, siempre; en contraste, es esta misma conciencia la que nos anima y nos aviva, la que potencialmente nos empuja a hacer algo para conseguir y alcanzar eso que deseamos.

Esa es una manera de entender el deseo: como raison d’être, en su sentido más literal, como una circunstancia vital que, de no existir o, por el contrario, de satisfacerse realmente, quitaría todo sentido al hecho de ser y estar en este mundo.

Ahora bien, a esta conceptualización francamente lacaniana del deseo puede oponerse, en un juego de contrapuntos, la idea budista del deseo como causa del sufrimiento, como elemento que nos anuda y nos mantiene en los circuitos de miseria y dolor, que echa a andar los enrevesados mecanismos del apego y todas las consecuencias que esto conlleva. Desear algo es, aquí, sentir que ese algo nos hace falta, una sensación más bien cuestionable por ilusoria y que, en cierta forma, tiende naturalmente hacia su desaparición en una persona que sigue la doctrina budista.

Se trata, como se ve, de dos maneras de entender el deseo un tanto opuestas entre sí: ¿es mejor desear y que las acciones emprendidas para alcanzarse ese deseo nos transforme, preferentemente para bien, o no desear y con ese no desear igualmente alcanzar el equilibrio espiritual que dé paz a nuestra existencia?

Twitter del autor: @saturnesco


  1. Ricardo dice:

    Para que limitar nuestro cerebro, el hecho de pensar que existen algunos deseos improbables, inconscientemente con lleva a conceptos ininteligibles

  2. DeepRed83 dice:

    Lo ideal es adquirir la capacidad de poder elegir que desear. Es difícil, pero se puede hacer.

    Cuando es el cerebro el que controla el deseo y no la pasión, tenemos una oportunidad de tener una vida más plena. Somos máquinas de desear, pero podemos decidir que deseamos.

  3. Estela Verdugo dice:

    Con razón la frase, aquella tan popular, ten cuidado con lo que deseas…

  4. sintropel dice:

    Interesante artículo, pero desde el punto de vista del budismo, sin saber yo mismo casi nada de budismo, no puedo mas que encontrarlo algo pueril. Para el budismo, mas que el deseo, es la dualidad la que causa el sufrimiento. El mundo egóico tal como lo experimentamos, se expresa gracias a la dualidad. Para el caso concreto del deseo su contra parte sería el desapego. Ahora bien, para poder entender una vida “sin deseo” tenemos que entender el concepto del “no-deseo”, desafortunadamente el “no-deseo” no es algo conceptualizable desde el punto de vista racional y no se puede verbalizar, la no-dualidad,de la que proviene, que en ningún caso debe confundirse con la negación de la dualidad, mas que un concepto, es un estado de conciencia en el cual el ego pasa de ser un robot sin control,( el robot que “desea y sufre” y además nos engaña haciéndonos creer que somos el), al dispositivo por el cual el verdadero YO puede manifestarse en la realidad material, o si se quiere, en el teatro del mundo. Por lo tanto más que no desear, el que logra el estado de budeidad, o mejor dicho, la persona que alcanza la iluminación, tiene la facultad de expresar su propia vida sin ataduras y sin tener que sufrir los rigores de la dualidad pudiendo llevar una vida mas allá del deseo y por lo tanto mas consciente, despierta y feliz.

    • Patricio dice:

      Me parece muy pertinente tu comentario. Lo que sucede aquí es que el tema no está siendo considerado en su justa proporción y su propia densidad. El rechazo del deseo en el budismo no es simplemente la expresión de una idea, que podamos nosotros racionalizar, enlazar con otras ideas, y esbozar así otra reflexión. En verdad, esta noción surge en el budismo a partir de una epistemología muy diferente a la nuestra. Nosotros tomamos una idea, generamos teoría. Todo nuestro pensar sobre lo que sea es teórico. Theoria era para los griegos el contemplar separado, distante, de obras dramáticas (sea que fuesen tragedias o comedias). El theoriko era el que contemplaba en calidad de espectador, sin estar en la escena. Y esa distinción conceptual es en realidad el modo en que un occidental cualquiera aborda su experiencia.
      En cambio, en oriente, por el hecho de meditar y aproximarse a la realidad de un modo que puede ser considerado como tan consciente y lucido como el que logra el más escéptico filosofo (aunque en un modo abismalmente diferente), permite un retroceder desde esa aproximación teórica, para lograr una consciencia ateorica (no dual como bien indica acá el amigo), que no por ello renuncia a la realidad. Por el contrario, al encontrarse plenamente presente (busque usted, ya que no me quiero extender demasiado, “presencia plena” o “mindfulness”), su compromiso con la realidad, con el mundo, con los demás, es diferente. Y esa aproximación consiste justamente en un no-desear, por el hecho mismo de que la técnica meditativa (cualquiera o casi cualquiera de la variedad de meditaciones que existen) exige observar la experiencia y no ceder al deseo.
      En consecuencia, lo que está en juego es mucho más que juzgar intelectualmente si el deseo es mejor o no. Se trata de comprender que existen modos de vivenciar la experiencia muy distintos a aquel para el cual estamos acostumbrados.
      Desde luego es cosa de cada uno elegir el de la propia preferencia, pero me parece que, cuando menos, una elección justa debería descansar en una comprensión realista e inteligente de las opciones en juego…

      • Ricardo dice:

        Esto va mas allá de lo que quiere uno u otro es de como llevar la vida en si.Buscar una perfección simplista de ello sería el no desear o controlar el deseo, pero ello solamente conllevaría a un degrado en la evolución, aceptar la realidad y vivir sin más, verbigracia una planta que siempre tuvo lo necesario de sol y agua para poder subsistir. Por el otro lado tenemos una perfección de deseo total y absoluto lo que conllevaría a un perfecionalismo tan exótico como raro(Como aún no se ha logrado aun no han podido imaginarlo tal y como un mundo de 12 dimensiones)

  5. kronte dice:

    La persona que sigue y busca el no deseo y alcanzar la paz interior, al final también esta deseando algo. El deseo no es malo siempre que nos lleve a superarnos y no atropelle a alguien más, cuando se ambiciona algo dañino es el problema o cuando no se es flexible con lo que se quiere, es ahí cuando es bueno detenerse y meditar sobre lo que realmente uno quiere y sopesar si se puede; querer no siempre es poder, por ejemplo con el cariño no correspondido.

  6. Javier Muñoz dice:

    Recordé una frase de Amado Nervo: “El miedo no es más que un deseo, es al revés”.
    El deseo el la actividad que mueve al hombre.. hay que desear lo que sea, pero desear. Puede ser un auto, un amor, una meta, un sueño.. o lo que sea, porque lo que deseemos hoy marcará la clase de persona que seamos en un futuro. Es imposible dejar de anhelar algo, el ser humano desea cosas constantemente y creo que más allá de ser un síntoma de un vacío interno; es una muestra del anhelo en mejorar, de no quedarse estático y estancarse en su vida…

  7. Manu dice:

    Hay que distinguir entre los naturales; el comer, el beber e incluso el sexual. Estos no nos crearán problemas siempre que los utilicemos inteligentemente. Los que si podría generarnos sufrimiento, son los llamados lejanos o inaccesibles…

  8. luislizanak dice:

    Creo que aquí están confundiendo dos anhelos, el deseo materialista egocéntrico, que es aquél que te mantiene atrapado en un estado de angustia por poseer más y más cosas, codicia que nunca se satisface derivando en un ser apático e indolente, encerrado en uno mismo. Y el deseo inmaterial, que es, en otras palabras, el espiritual, emocional, de conciencia o simplemente aquél que busca el amor hacia otras personas, vivencias… buscar vivir aquello que merezca la pena ser recordado.

    “Yo deseo escalar hacia la cima de esa montaña”, no es lo mismo que, “yo deseo ese auto, ser más alto y rubio, más dinero, más lujos… deseo riqueza, poder y fama”

  9. Mariana Luna dice:

    Yo prefiero desear, arriesgándome a sufrir. Si yo no deseara nada ya estaría muerta de cierto modo, porque no tendría ninguna razón para estar viva. Todo lo que hago es porque deseo algo.

    Para mi eso de que es mejor no desear para evitar el sufrimiento sería como decir que nunca saldría de mi casa ni viajaría a ningún lado, porque haciendo eso me arriesgaría a tener un accidente o quién sabe qué cosa, es decir, siempre estaría estancada en lo mismo sólo por miedo. :3

    Además, algunos sí satisfacemos muchos de nuestros deseos; no todos claro está, porque siempre parecen deseos nuevos, pero algo es algo. ;)