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Diseña tu etiqueta Indio: 4a edición de este concurso que resignifica la cultura icónica mexicana

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/12/2013

Cerveza Indio celebra sus 120 años de existencia y por cuarta ocasión rediseña sus etiquetas por medio de la lectura creativa de algunos de los íconos más característicos de la cultura mexicana contemporánea.

En México la cerveza Indio ha sentado ya una buena tradición creativa con su concurso anual de diseño de etiquetas, una competencia que estimula el sano hábito de ver de manera distinta lo que la cotidianeidad y la rutina nos acostumbra a percibir bajo una forma ya determinada, con poca o ninguna sorpresa.

Desde 2009, Indio ha impulsado esta reinterpretación tanto de su propio diseño como de ciertos íconos de la cultura popular mexicana, fenómenos socioculturales y la música que más se escucha en nuestro país, generando una dinámica singular que otorga nuevo valor a los significantes elegidos para su transformación por medio de cierta inventiva que podría caracterizarse como del aquí y del ahora.

En este año Cerveza Indio tiene al menos un par de importantes motivos para celebrar: el primero, sus 120 años de existencia en la historia cervecera de México, un país en el que esta bebida es especialmente apreciada. Por otro lado, destaca que esta es ya la cuarta ocasión en que Indio renueva su presentación al público, siendo el segundo año en que se trata de un concurso abierto.

En 2013 las etiquetas tienen como propósito leer bajo las claves del diseño contemporáneo ese aspecto de las sociedades de nuestro tiempo que se ha dado en llamar “tribus urbanas”, las subculturas que aunque forman parte, en apariencia, del mismo tiempo y lugar, se distinguen unas de otras por rasgos comunes que generan identidades colectivas, desde características exteriores como la vestimenta o el peinado, hasta circunstancias más profundas como ideas y comportamientos específicos.

Del pachuco al hipster, del dark o el punk al mirrey, los extremos de la poliédrica sociedad mexicana pueden fijarse en ingeniosas síntesis gráficas que reflejen su naturaleza, su ethos, esas cualidades que ya las hacen formar parte de los relatos cotidianos que cada uno de nosotros, como individuos pero también como parte de los grupos a los que pertenecemos, contamos diariamente con nuestras acciones.

O al menos ese es el reto que propone Indio: reflejar en una etiqueta el crisol multicultural de la cultura mexicana contemporánea.

Para más información sobre el concurso de diseño de etiquetas Indio, visita este enlace.

El carnaval es un estado mental (un breve análisis de su significación histórica)

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/12/2013

Es época de carnaval, ¿cuál es el significado histórico de esta fecha y que nuevas propuestas existen para canalizar este espíritu festivo?

Critique Magazine: “Bueno Terence, me pregunto cuál crees que sea el objetivo de la evolución  humana?" 

Terence McKenna: “Oh, pues, una buena fiesta".

Es época de carnaval, probablemente una de las fiestas más enigmáticas de la civilización humana, en la cual se combinan elementos paganos y religiosos, antiguos y modernos, la diacronía y la sincronía de símbolos y arquetipos que se recuperan y se actualizan, tomando un nuevo sentido para, a veces, terminar en el mismo punto de donde partieron.

Con la llegada del cristianismo y su voluntad universalizante y hegemónica, el carnaval pasó a formar parte del calendario religioso en un sitio sumamente especial: los días que preceden a la Cuaresma, los cuarenta días de ayuno y penitencia que culminan con la Semana Santa, el recordatorio de la Pasión de Cristo y la celebración de su Resurrección. En pocas palabras, se trata de días que anteceden una buena temporada de martirio y prohibición, de ahí que el carnaval sea en esencia una concesión al desenfreno y la satisfacción de los apetitos sensuales y carnales. Se come y se bebe en exceso, se copula y, en general, se hace todo eso que supuestamente no se hará durante 40 días. Es una licencia del cuerpo, pero también de las prohibiciones mentales.

Asimismo, una parte importante del carnaval cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, tiene que ver con la trasposición de identidades. Como sabemos, en el esquema simbólico de las fiestas de carnaval un elemento importante y, se diría, imprescindible, es la máscara, la careta que por un momento nos da una personalidad distinta a la que tenemos todos los días, bajo la cual nos resguardamos para hacer lo que de otro modo no nos atreveríamos y que probablemente cuando retiremos de nuestros rostro preferiremos no recordar. Asimismo, socialmente, la máscara en días de carnaval hace que el plebeyo juegue a ser rey y el rey a ser plebeyo, que el hombre sea mujer y la mujer hombre, que las estructuras sociales, de ordinario fijas y casi inamovibles, se combinen y se confundan en un atisbo de lo que sería la realidad de no existir normas ni mandamientos (Mijaíl Bajtín escribió con lucidez sobre esto).

Paradójicamente, esta aparente vivacidad del carnaval contrasta con el hecho de que se trata de un rito, una fecha señalada que vuelve en el calendario para repetirse y, en consecuencia, perpetuar los gestos y las prácticas. ¿Qué tan auténtica es una voluntad que busca desordenar y trastocar cuando ese desorden en cierta forma también es parte del sistema, una especie de caos normalizado?

Se trata de un elemento que vale la pena reflexionar y que, de algún modo, se relaciona con eso que en la literatura teológica y doctrinal, escolástica, se entendió bajo la noción de “apetitos”: ¿cuándo satisfacerlos obedece a un impulso natural, auténtico, y cuándo a una necesidad creada, artificial? Una supuesta válvula de escape que más bien puede considerarse una distracción, pirotecnia con que se relaja el posible afán de cambio y transformación del ser humano.

En un nivel más terrenal, las fiestas carnavalescas, antiguas como son, tienen expresiones emblemáticas. Venecia y Rio de Janeiro son probablemente las ciudades con los carnavales más vistosos, tanto que incluso se han convertido en motivo de semblanza y referencia en la literatura, la pintura y otras artes, lo mismo que en la cultura popular. 

En México se celebran carnavales en distintintas ciudades, incluyendo en Verácruz, Mazatlán y Campeche. Pero más allá  de estas tradiciones que en ocasiones no ofrecen la estimulación novedosa que busca la juventud, este año se ha desarrollado una interesante propuesta para proveer a los jóvenes una experiencia carnavalesca. Bajo la consigna de que el carnaval, como aquellas fiestas bacanales en las que la posesión del dios invadía la mente de los convidados, es un estado mental, una perspectiva ardiente ante la vida, El Carnaval de Bahidorá se erige como una notable alternativa para explorar este legendario espíritu.

Bahidorá se desdobla en una propuesta que refleja nuevas tendencias en música electrónica y apela a la búsqueda de espacios temporalmente autónomos donde se pueda ejercer la libertad e incluso alcanzar esados de conciencia elevados. Una seducción en la naturaleza hacia la magia.