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La prosopopeya es una conocida figura retórica que consiste en imputar a algo cualidades que le son totalmente opuestas. Así, por ejemplo, rasgos propios de un ser animado a un objeto inanimado o expresiones propias del ser humano a un ser que, por su naturaleza, carece de estas.

En esta serie fotográfica, tomada en el Zlin Zoo, en las inmediaciones de la ciudad de Zlín, al este de la República Checa, una nutria engulle una generosa porción de sandía con algo que, a la distancia, no dudaríamos en calificar de desagrado, atribución que sin embargo resulta paradójica cuando comprobamos que el animal persiste y continúa a pesar de todo.

Sin duda una muestra de lo fácil que resulta adaptar a los animales a la manera en que nosotros entendemos el mundo, que no es, necesariamente, la misma de las miles de especies que pueblan el planeta.

También en Pijama Surf: Alter-instructivo: cómo comer una sandía con máximo refinamiento.

[ZOO a zámek Zlín - Lešná]

¿Los perros son más inteligentes que los gatos? Eso dice la ciencia

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 01/17/2013

Una vez más un estudio dice demostrar la superioridad intelectual de los perros por sobre los gatos, los animales domésticos más populares entre la humanidad, al parecer porque la capacidad cognitiva del Canis familiaris posee características que también se encuentran en el cerebro humano.

Los perros y los gatos son, fuera de toda duda, los animales domésticos más populares entre el hombre, mascotas, asistentes y compañeros que han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos: se calcula que la domesticación del perro ocurrió entre 15 mil y 8 mil años antes y la del gato (discutida) igualmente parece tener una antigüedad de 8 mil años.

Sin embargo, esta cercanía temporal, espacial y afectiva contrasta enormemente con su disparidad de caracteres: mientras que unos se distinguen por su fidelidad a toda prueba y su abnegación, los otros presumen con orgullo su autonomía y su autosuficiencia, su lazo apenas accidental para con aquel que cree ser su dueño.

Quizá por esta razón se ha alimentado, desde siempre, una oposición entre ambas especies, con bandos que defienden la superioridad de unos sobre otros, argumentando a su favor y en su contra y, como en este caso, teniendo a la mano investigaciones como esta que realizó Juliane Kaminski y otros colegas suyos de la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido.

De acuerdo con Kaminski, los perros son más inteligentes con los gatos en la medida en que son capaces, primero, de responder a señales lingüísticas asociadas con determinados objetos y situaciones y, por otro lado, de inferencia, cualidades ambas que se observan casi exclusivamente en seres humanos, primates superiores, delfines y en algunos casos pericos.

El estudio parte de una investigación llevada a cabo por Kaminski en 2004, cuando presentó a un perro siete de sus juguetes habituales que identificaba por su nombre y un objeto más con el que nunca antes había tenido contacto. El perro, de nombre Rico, recibía entonces la orden de traer uno de sus juguetes pero con una palabra desconocida y azarosa: “¡Sigfried!”, decía Kaminski, para confusión del animal. Este, sin embargo, solucionaba el problema tomando el objeto que nunca antes había visto, infiriendo que era este al que se refería la investigadora. Hasta el momento, los perros son la única especie que ha mostrado esta habilidad humana.

Los gatos, en contraste, no son capaces de resolver problemas de este tipo y su inteligencia parece limitarse a actividades de supervivencia elemental como conseguir su propia comida. Incluso en otro aspecto cognitivo como la memoria, una investigación de Sylvain Fiset, de la universidad canadiense de Moncton, encontró que los perros recuerdan mejor que los gatos, al menos en el corto plazo, pues pueden, por ejemplo, recordar dónde vieron una fuente de comida a pesar de haberse distraído por un momento, mientras que los gatos, en una situación similar, olvidan de inmediato y empiezan a buscar como si nunca hubiera visto nada.

Lo discutible de estos estudios, como seguramente nuestros lectores lo notarán, es que, en efecto, la medida de la inteligencia está dada por las capacidades humanas, un criterio antropocéntrico debatible que, en consecuencia, hace dudar sobre las deducciones que se deriven de este.

[WSJ]