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Imaginando el hiperespacio: cómo se vería el espacio viajando a la velocidad de la luz

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/15/2013

Un interesante ejercicio visualiza cómo sería viajar a la velocidad de la luz: la visión de hipotéticos astronautas que llegaran a este ansiado límite de velocidad no sería como la imagina Hollywood

Una de las escenas emblemáticas de las películas de ciencia ficción es el momento en el que una nave entra en aceleración total y llega a la velocidad de la luz (o se acerca a este límite de velocidad cósmico). Como sugiere la teoría de la relatividad, al viajar a la velocidad el tiempo se detiene y por ende entramos en una hipotética dimensión que afecta nuestra percepción, quizás esta sería la droga de expansión de conciencia suprema. Para represntar esto generalmente vemos una explosión de líneas colores, una absorción vorticial y demás efectos espectaculares.

Pero al parecer, según la física actual, viajar a la velocidad de la luz, en un sentido estricto, sin incluir las proyecciones de la mente en el espacio, no sería tan espectacular como hemos llegado a imaginar. Según un equipo de estudiantes de la Universidad de Leicester, un astronauta que viajara cerca de la velocidad de la luz vería a grandes rasgos la imagen superior. Debido al efecto Doppler no se verían ni siquiera estrellas --el movimiento hacia una radiación electromagnética haría que la frecuencia de la luz se alterará tan dramáticamente que escaparía del espectro visible. En cambio, la radiación de microondas de fondo se tornaría visible. 

La tripulación de una nave espacial que pudiera acercarse significativamente a moverse a la velocidad de la luz vería un disco central de luz brillante: una especie de sol u ojo perenne. Abajo una versión reciente de cómo Hollywood imagina el hiperespacio.

[Gizmodo]

¿La broma del próximo verano? Este químico puede convertir en gelatina toda el agua de una piscina

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/15/2013

Alan Rowan, químico de materiales, desarrolló un polímero capaz de convertir en gel cualquier líquido, con lo cual, además de usos serios y provechosos, podrías convertir en gelatina el agua de una alberca, sin importar sus proporciones.

La química es probablemente una de las disciplinas más sorprendentes y admirables para la percepción. No por nada los primeros hombres que manipularon las estructuras de la materia eran tenidos por magos, por personas con el poder secreto de alterar lo que a primera vista parece inalterable.

En este sentido, destacan los componentes u operaciones químicas que transforman radicalmente la materia, como es el caso de una sustancia recientemente sintetizada que se ha comenzado a conocer como “polímero de Rowan” en honor a su desarrollador, Alan Rowan, químico de materiales en la universidad holandesa de Radboud cuya creación tiene la asombrosa propiedad de convertir inmediatamente cualquier cantidad de agua líquida en un cuerpo gelatinoso.

La invención de Rowan, sin embargo, va más allá de esta simplificación, pues el verdadero objetivo es igualar la rigidez que se encuentra en numerosos polímeros biológicos, por ejemplo, el ADN y el colágeno, que regularmente son mucho más duros que los polímeros sintéticos.

El polímero de Rowan tiene la forma de un esqueleto helicoidal cuyos péptidos cortos (moléculas formadas por la unión de varios aminoácidos mediante enlaces peptídicos), que se cuentan por miles, poseen a su vez largas colas hechas de cadenas repetidas de carbono y oxígeno. Por otro lado, los átomos en los péptidos vecinos otorgan rigidez a la columna, con lo que las cadenas de carbono y oxígeno se adhieren con facilidad a las moléculas de agua, haciendo el polímero sumamente soluble.

El siguiente requisito para que el químico demuestre todas sus capacidades, es la temperatura. Para completar su acción, el polímero de Rowan necesita encontrarse por encima de cierto mínimo de temperatura, con lo cual convierte cualquier solución en un gel en tan solo unos pocos segundos.

Por esta última característica el polímero de Rowan se considera un químico único, pues lo usual es justamente lo contrario: que para transformar algo en gelatina la temperatura baje.

Entre los posibles usos —además, claro, de la broma inolvidable que sería convertir una piscina entera en una gigantesca gelatina—, Rowan piensa en el gel protector que se aplica en ciertas heridas: con su polímero, bastaría aplicar hielo o bajar de alguna manera la temperatura para desaparecer el gel una vez que ya no se le requiriera.

[Scientific American]