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¿Aros de imitación de calamar en realidad están hechos de ano de puerco?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/24/2013

A raíz de una declaración radiofónica se difunde idea de que los aros de imitación calamar que se degustan con singular entusiasmo en los restaurantes de mariscos en realidad estén hechos de uno de los ingredientes más inesperados y sin embargo de olor y textura similar: el ano del cerdo.

Los aros de calamar son una de las botanas más populares de restaurantes, bares y otros sitios afines, donde se degustan con singular entusiasmo a sabiendas de que, en la mayoría de los casos, se trata de una “imitación”, calamar que no es calamar pero que se ofrece como tal. Solo que la pregunta obligada, cuando se descubre esto, es por la verdadera naturaleza del alimento que estamos consumiendo. Si no es calamar, ¿entonces qué es?

Hace poco, durante la emisión del 11 de enero de This American Life, un programa radiofónico sumamente popular en los Estados Unidos, Ben Calhoun, uno de los productores, aseguró que estos supuestos aros de calamar provienen en realidad del recto del puerco, agregando que este es uno de los mejores ejemplos de la llamada “blissful ignorance”, ese “mejor no saber” que nos permite, como en este caso, paladear placenteramente lo que de otra forma encontraríamos desagradable.

Sin embargo, esta declaración hubiera permanecido como algo anecdótico, material para la “leyenda urbana” —porque Calhoun no presentó ningún tipo de prueba— de no ser porque la dependencia encargada de la seguridad sanitaria en los alimentos que circulan en Estados Unidos, la Food Safety and Inspection Service (FSIS), fue requerida para determinar si esto es o no cierto.

La FSIS dijo no tener información al respecto, pero tampoco desaprobó la suposición, pues según Mark Wheeler, un funcionario de la dependencia, el ano del puerco, conocido menos prosaicamente como “intestinos de cerdo”, tiene, al hervirse, un olor y una textura similar a la del calamar.

Por otro lado Oceana, una organización en pro de la conservación del océano, elaboró un reporte acerca del fraude que se opera en el mercado de los mariscos, el cual puede ocurrir en casi cualquier eslabón de la cadena: el restaurantero, el distribuidor o el empacador.

El misterio, sin embargo, persiste, y no parece fácil resolverlo.

[Huffington Post]

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Tomados de la mano hasta el fin del mundo: emotiva celebración fotográfica del amor

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/24/2013

When we are in love, we love the grass,
And the barns, and the lightpoles,
And the small mainstreets abandoned all night.

[Enamorados, nos enamora el pasto,
y los graneros, y los postes de luz,
las carreteras toda la noche abandonadas.

 (traducción de Aurelio Asiain)]

Robert Bly, Love Poem

Probablemente pocos gestos tan amorosos como ese de tomar de la mano a una persona a quien sostenemos y asimos, a quien nos atamos de esa manera y, probablemente, quisiéramos no soltar ni ser soltados. Desde la madre que toma la mano del hijo hasta el hijo que, quizá, toma la del padre enfermo, la de los hermanos que se acompañan en la infancia y los novios que pasean, los amigos en los juegos de la niñez y los descubrimientos dela juventud, la del anónimo que ayuda a alguien en la calle, llevar a otro de la mano es un símbolo de empatía y afecto sumamente elocuente y ante el cual el lenguaje se rinde a la soberanía de la expresión corporal.

Sirviéndose de este simbolismo, el fotógrafo de origen ruso Murad Osmann ha realizado una serie sumamente emotiva en la que el motivo retratado es elegantemente simple: una mujer de espaldas, llevando de la mano a un hombre, a quien conduce a través de distintos escenarios.

Los fotografiados son el propio Osmann y su novia, Nataly, quienes han recorrido diversos países del mundo elaborando paralelamente esta constancia sentimental de su travesía.

Se trata de una serie en la que el exotismo se combina con el sentimentalismo de las emociones humanas, acaso también de ese elemento de idealización necesario en las relaciones humanas, especialmente las amorosas, que nos hace creer ferviente e incontrovertiblemente que, en efecto, la otra persona se encuentra ahí, a nuestro lado, unida a nosotros, vínculo tanto o más real como la mano que sostenemos entre la nuestra.

[Daily Mail]