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Estudio de la firma Nielsen revela, entre otras cosas, que las redes sociales y la ubicua presencia de Internet en la vida cotidiana contemporánea han modificado uno de los momentos más propiamente humanos: la ida y estancia en el cuarto del retrete mientras se evacúa.

 

El viaje al sitio donde se realizan las necesidades de la evacuación corporal es algo que el ser humano hace todos los días, en varias ocasiones, desde siempre. Quizá por esto, se trata de un buen parámetro para descubrir los detalles que lo caracterizan en distintos momentos de su historia: la manera en que alguien se entretiene mientras, según reza la expresión barroca, “se hace del cuerpo”, revela parcialmente tanto algunos aspectos de su personalidad como también de la sociedad a la que pertenece.

En este sentido y con la casi omnipresencia que Internet tiene en nuestra vida cotidiana, parece comprensible que, según un estudio reciente llevado a cabo por la firma Nielsen, las redes sociales hayan modificado sustancialmente nuestros hábitos higiénicos, particularmente al momento de defecar.

Sitios como Twitter, Facebook y Pinterest —que de algún modo también requieren de una atención sostenida por la incesante actualización de su contenido— han provocado que, al menos en Estados Unids, 3 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 24 años se conecten a alguna red social mientras se encuentran en el excusado, experiencia que resulta satisfactoria en un 76% de los que la realizan.

Resultados poco alentadores para la industria de las revistas de moda y contenido banal, que parecen condenadas a perder su protagonismo en un lugar tan importante como el cuarto del retrete.

[Slate]

Con una votación que en poco o nada representa a la vasta cantidad de usuarios, Facebook tiene la puerta abierta para decidir sin la opinión de estos lo que hará en el futuro con tus datos personales.

Es conocida la división que hizo Platón de las cuatro grandes formas de gobierno que podía desarrollar una sociedad, que a su vez, en cierta forma, podrían reducirse a dos grandes principios en relación con la manera en que se ejerce el poder: o se trata del gobierno de unos cuantos privilegiados sobre el resto, o las decisiones comunitarias son tomadas por la mayoría de la población: o se trata de una tiranía o de una democracia.

De algún modo estos modelos se repiten dondequiera que exista una pluralidad de personas coexistiendo en el mismo tiempo y lugar, y Facebook no es la excepción.

Hace unos días, esta que es la mayor de las redes sociales, la más utilizada en prácticamente todos los países del mundo, llamó la atención por someter a la consulta de sus usuarios los cambios que podrían realizarse en sus políticas de privacidad, polémicas en sí mismas. Y si bien el asunto fue relativamente difundido, al final solo votaron aproximadamente 650 mil personas, una fracción mínima comparada con los mil millones de usuarios que Facebook registró en octubre pasado.

¿El resultado? 88% a favor de que haya cambios en la política de privacidad, 12% en contra. Una apabullante votación que, por supuesto, Facebook pasará por alto.

Paradójicamente, hay quienes consideran que este era el fin perseguido por la compañía de Mark Zuckeberg: mostrar que el grueso de la población —incluso en Facebook, mecanismo de la normalidad que no tendría por qué ser la excepción— es suficientemente indiferente para dejarse de preocupar por algo tan importante como el uso que se le da a su información personal.

En el futuro —escribe Will Oremus en Slate— Facebook podrá señalar la supermayoría silenciosa que no fue capaz de molestarse 5 minutos para preservar el privilegio de opinar sobre cómo se utilizan sus propios datos.

Y quizá esto sea bien merecido, una justa recompensa a la sumisión que hemos vuelto costumbre.

A propósito, un par de frases del Discurso de la servidumbre voluntaria de Etienne de La Boétie:

Los hombres sólo desdeñan, al parecer, la libertad, porque, de lo contrario, si la desearan realmente, la tendrían. Actúan como si se negaran a conquistar tan precioso bien únicamente porque se trata de una empresa demasiado fácil.

Decidíos, pues, a dejar de servir, y seréis hombres libres. No pretendo que os enfrentéis a él, o que lo tambaleéis, sino simplemente que dejéis de sostenerlo.

[Slate]