*

X

Si murieras mañana, ¿qué encontrarían en el historial de tu navegador? Compañía ofrece borrado post mórtem

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 11/18/2012

Cada vez más personas recurren a los servicios de compañías que ofrecen borrar todos los datos e información de Internet relacionada con una persona: el historial de su navegador, su presencia en redes sociales y más.

En nuestra época las pertenencias, el legado o el posible rastro que dejamos en este mundo se encuentra en buena medida en Internet. “Habitar significa dejar huellas”, escribió Walter Benjamin, y sin duda la Red es clara muestra de ello.

De ahí que, al menos en el Reino Unido, cada vez más personas entreguen sus contraseñas, datos de acceso e instrucciones detalladas para determinados sitios, a compañías que prometen borrar toda la información personal relacionada con estos una vez que el contratante muera.

Correos electrónicos, cuentas de Facebook, inscripciones a sitios de apuestas o de pornografía, son solo tres de los numerosos objetivos de estas firmas. Según algunos estudios, actualmente una persona promedio posee hasta 26 cuentas de Internet distintas, para servicios que van de los ya casi imprescindibles correo electrónico y redes sociales, a otros como Skype, Paypal, el servicio bancario por Internet, la cuenta del sitio de compras en línea y demás.

En buena medida estas compañías han tenido cierto éxito por el vacío legal y práctico que existe al respecto. En Facebook y Twitter, por ejemplo, pasan varios meses y trámites (entre los que se encuentra la exhibición del acta de defunción) antes de se decida dar de baja la respectiva cuenta.

[Telegraph]

Con una votación que en poco o nada representa a la vasta cantidad de usuarios, Facebook tiene la puerta abierta para decidir sin la opinión de estos lo que hará en el futuro con tus datos personales.

Es conocida la división que hizo Platón de las cuatro grandes formas de gobierno que podía desarrollar una sociedad, que a su vez, en cierta forma, podrían reducirse a dos grandes principios en relación con la manera en que se ejerce el poder: o se trata del gobierno de unos cuantos privilegiados sobre el resto, o las decisiones comunitarias son tomadas por la mayoría de la población: o se trata de una tiranía o de una democracia.

De algún modo estos modelos se repiten dondequiera que exista una pluralidad de personas coexistiendo en el mismo tiempo y lugar, y Facebook no es la excepción.

Hace unos días, esta que es la mayor de las redes sociales, la más utilizada en prácticamente todos los países del mundo, llamó la atención por someter a la consulta de sus usuarios los cambios que podrían realizarse en sus políticas de privacidad, polémicas en sí mismas. Y si bien el asunto fue relativamente difundido, al final solo votaron aproximadamente 650 mil personas, una fracción mínima comparada con los mil millones de usuarios que Facebook registró en octubre pasado.

¿El resultado? 88% a favor de que haya cambios en la política de privacidad, 12% en contra. Una apabullante votación que, por supuesto, Facebook pasará por alto.

Paradójicamente, hay quienes consideran que este era el fin perseguido por la compañía de Mark Zuckeberg: mostrar que el grueso de la población —incluso en Facebook, mecanismo de la normalidad que no tendría por qué ser la excepción— es suficientemente indiferente para dejarse de preocupar por algo tan importante como el uso que se le da a su información personal.

En el futuro —escribe Will Oremus en Slate— Facebook podrá señalar la supermayoría silenciosa que no fue capaz de molestarse 5 minutos para preservar el privilegio de opinar sobre cómo se utilizan sus propios datos.

Y quizá esto sea bien merecido, una justa recompensa a la sumisión que hemos vuelto costumbre.

A propósito, un par de frases del Discurso de la servidumbre voluntaria de Etienne de La Boétie:

Los hombres sólo desdeñan, al parecer, la libertad, porque, de lo contrario, si la desearan realmente, la tendrían. Actúan como si se negaran a conquistar tan precioso bien únicamente porque se trata de una empresa demasiado fácil.

Decidíos, pues, a dejar de servir, y seréis hombres libres. No pretendo que os enfrentéis a él, o que lo tambaleéis, sino simplemente que dejéis de sostenerlo.

[Slate]