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Bill Hicks explica por qué en realidad poco cambia quién sea el presidente

Política

Por: pijamasurf - 11/06/2012

El genial comediante Bill Hicks sobre la perenne decepción que sigifican los presidentes en una corporatocracia

En Estados Unidos muchas personas se preguntan  por qué Barack Obama, quien llegó a la Casa Blanca en una ola de entusiasmo propulsada por promesas de cambio sustancial en la campaña, en realidad modificó poco o nada la estructura dominante de ese país (por ejemplo el intocado poder que tiene Wall Street para legislar la política financiera). Este cuestionamiento hace pensar en que en ocasiones votar en realidad no hace nucha diferencia --porque el presidente mismo no tiene el poder para hacer esa diferencia prometida.

El comediante Bill Hicks, con su característica lucidez irónica, señala que los CEOs de las grandes corporaciones en Estados Unidos, que financiaron las campañas presidenciales (como en el caso de Goldman Sachs, de ambos partidos), son los que dictan la agenda. Y las grandes promesas de campaña, en ese entonces de Clinton, se difuminan en el humo. Hicks dramatiza que una vez que llega el nuevo presidente al poder se le muestra un video del asesinato de Kennedy en el que se muestra un balazo desde un ángulo completamente distinto y luego se le dice "¿Entendiste?".

¿Hasta que punto existe verdaderamente un grupo élite que determina lo que puede o no hacer el presidente de Estados Unidos o de otros países con una marcada corporatocracia? Es difícil precisar, quizás las cosas suceden con mayor sutileza; las amenazas solamente son emergencias, pero la historia demuestra que en la mayoría de los casos los presidentes poco modifican el sistema dominante o el status quo--pocos golpes genuinos han recibido los empresarios en el poder en la historia del capitalismo. Esto hace que algunas veces algunas personas consideran que la democracia es una gran farsa --o, en palabras de Borges, la gran superstición de nuestra época.

Twitter del autor: @alepholo

José Mujica es quizá uno de los presidentes más singulares de la historia política del mundo, alejado de la opulencia que regularmente caracteriza estos cargos y, por el contrario, practicante de actitudes como la crítica, la austeridad e incluso el vegetarianismo que lo distinguen del resto.

Desde hace algunos meses el presidente de Uruguay, José Mujica, ha ganado presencia internacional por la manera entre progresista, liberal y socialmente comprometida con que cumple sus funciones al frente de su país.

Y esto no se trata en modo alguno de una simulación o un montaje. El estilo personal de gobernar, para usar la frase del historiador mexicano Daniel Cosío Villegas, emana directamente dela autenticidad de su estilo de vida, de los principios con que rige su comportamiento cotidiano en todas las áreas de su vida.

En este sentido, pocos gestos tan elocuentes como la manera en que Mujica administra sus ingresos y la actitud que demuestra frente a las posesiones materiales: por un lado, dona el 90% de su salario (equivalente a unos 12 mil dólares) a obras de caridad en beneficio de personas pobres y pequeños empresarios que buscan fondos para iniciar o mantener un negocio; por otro lado, en algo que parecerá mínimo pero sin duda es altamente simbólico, la declaración de bienes de 2010 del presidente uruguayo ascendió a 1800 dólares, el valor de su Volkswagen Beetle modelo 1987, al cual, un año después, añadió la mitad de las posesiones de su esposa: algunos terrenos, tractores y una casa que sumaron en total 215 mil dólares.

Estas cifras representan dos tercios de la riqueza declarada del vicepresidente Danilo Astori y un tercio del presidente anterior a Mujica, Tabaré Vázquez.

En parte Mujica debe esta actitud a su pasado en la guerrilla delos tupamaros, en la década de los 60 y los 70, un grupo de izquierda inspirado en los ideales de la revolución cubana, camino que lo llevó a pasar 14 años en prisión, hasta 1985, cuando las dictaduras uruguayas llegaron a su fin.

“Me llaman el presidente más pobre pero no me siento pobre. Las persona s pobres son aquellas que solo trabajan para intentar mantener un estilo de vida caro y siempre quieren más y más”, declaró Mujica a la BBC.

Como decíamos, no se trata de gestos vacíos, sino expresión de un compromiso real que se lleva a otros asuntos, por ejemplo, cuando en la conferencia Rio+20, en junio de este año, denunció la hipocresía de los líderes mundiales que discuten la pobreza del mundo sin atreverse a señalar la verdadera raíz del problema: el modelo económico imperante que tiene en el consumo y el desperdicio el binomio de su dinámica fundamental.

Así, el vegetariano, austero y liberal Mujica es quizá uno de los presidentes más singulares de los últimos tiempos en la historia política del mundo, totalmente distante de la opulencia que caracteriza al resto.

También en Pijama Surf: El épico discurso del presidente Mujica de Uruguay en contra del consumismo en Rio de Janeiro.

[BBC]