"Haz el amor, no el porno": devolviendo la autenticidad erótica a los encuentros sexuales

Entretenimiento

Por: pijamasurf - 09/19/2012 A LAS 19:20:48

El sitio MakeLoveNotPorn, fundado por la empresaria Cindy Gallop, busca desmontar la engañosa escenificación que la industria del porno construye en torno al acto sexual, devolviendo parcialmente al cuerpo del estado de cosificación en que esta práctica lo sitúa.

La pornografía es en esencia un montaje, pero su éxito y su alto impacto parecen demostrar lo contrario. ¿Por qué, a pesar de que todos sabemos que lo mostrado ahí es falso, actores que escenifican un encuentro sexual de la misma manera que otros personifican a Hamlet y Ofelia, hay tantas personas en todo el mundo que la consumen y, en cierto nivel y durante cierto momento, creen en su veracidad y lo disfrutan como si fuera la cosa en sí? El porno, con su carácter explícito, se ha encumbrado sobre lo erótico y la seducción de lo oculto.

Cindy Gallop, empresaria de más 50 años, mantuvo durante la última época encuentros sexuales con jóvenes de la mitad de su edad, y aunque sin duda la experiencia no era desdeñable, la mujer pronto notó un patrón en sus parejas: la mayoría se comportaba de la misma manera que los actores porno, adoptando los movimientos que se observan en dichas películas.

Como una especie de epifanía, este hallazgo la llevó a fundar el sitio MakeLoveNotPorn.com, cuya premisa fundamental es confrontar la versión “real” del acto sexual, con aquella que la industria pornográfica (y sus consumidores) han convertido en supuesta cotidianidad.

Pensado inicialmente como un espacio para compartir experiencias y testimonios exclusivamente escritos, actualmente MakeLoveNotPorn ha mudado a un dominio .tv, con el cual se ha abierto la posibilidad de subir videos de “personas reales teniendo lo que podría ser llamado sexo no-actuado”.

Los usuarios pagan una cuota de 5 dólares por postear un video y también 5 por el permiso para verlo; la mitad de las ganancias va directamente a los propietarios de la grabación y, a diferencia del porno, en ellos persiste ese dejo de humanidad que se pierde cuando el cuerpo humano es cosificado.

Y aunque probablemente la definición no es del todo clara —pues además de que este tipo de videos bien podrían caber en la categoría amateur del porno comercial, es el espectador quien a fin de cuentas otorga la significación a lo que observa y consume—, por lo pronto la iniciativa de Gallop parece plegarse a algunas de esas posturas que sin negar el cariz animal, instintivo de la pulsión sexual, también reconoce el complejo entramado cultural y civilizatorio que por siglos nuestra especie ha tejido en torno a dicha necesidad, otorgándole su justo y digno lugar en la manera en que por salud mental, tanto propia como ajena y colectiva, podemos acercarnos a esta herramienta evolutiva.

[NYT]

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