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Infográfico ofrece datos sobre el uso de las redes sociales a partir del género; destaca la predominancia femenina en sitios como Twitter y Facebook, además de asuntos como el tiempo dedicado a la navegación y la configuración de la privacidad.

Las redes sociales, ese fenómeno contemporáneo de la comunicación masiva y en tiempo real, ocupan sin duda un lugar importante en la sensibilidad de nuestros días, en esas prácticas recurrentes por las cuales se caracteriza una época y una sociedad. Como las narraciones orales, como el periódico o la televisión, las redes sociales se encuentran ya a la altura de estos hitos cruciales en las maneras en que los individuos y las comunidades se comunican entre sí.

Y de entre los muchos datos que se pueden extraer de este uso sostenido, uno de los más elementales es aquel que jerarquiza las redes sociales según predominen entre sus usuarios hombres o mujeres. Una división para nada simples, pues nos habla de los intereses, las expectativas, los gustos y las aversiones, entre otros varios elementos, que desde el género se encuentran presentes en la apropiación cotidiana de sitios como Twitter, Facebook o Reddit.

Así, en este infográfico elaborado por la firma Digital Flash, se resumen algunos de los puntos más significativos de este enfrentamiento, cómo el comportamiento virtual cambia y se distingue según sea una mujer o un hombre quien se encuentre detrás de la pantalla.

Y aunque cada quien realizará su propia lectura, de entrada cabe destacar asuntos como quién impone más privacidad a su perfil virtual (las mujeres), quién elimina más amigos (las mujeres) o quién pasa más tiempo en las redes (las mujeres). Igualmente que, por ejemplo, mientras que Twitter, Facebook y marcadamente Pinterest son las mujeres quienes dominan el terreno, en otras como Reddit, Google+ y Linked In la mayoría es abrumadoramente masculina.

La información, por cierto, se hizo con base en estadísticas de la población estadounidense.

[Mashable]

A partir de su compra por parte de Microsoft, han aumentado las sospechas de que Skype ya no es el medio de comunicación por Internet más seguro que solía, implementando medidas que facilitan el franco espionaje por parte de instituciones gubernamentales.

Skype es sin duda uno de los servicios de comunicación por Internet más prácticos y eficientes que existen, por lo cual se encuentra también entre los más usados. Sin embargo, a partir de su compra por parte de Microsoft en mayo de 2011, dicho producto ha crecido en sospechas de espionaje y cercanía con instituciones de inteligencia gubernamental, sobre todo estadounidenses, que al parecer lo han incorporado también entre sus fuentes de información de datos y conversaciones personales.

Cuando ingenieros europeos crearon Skype, en 2003, parte de su ethos fue dificultar el monitoreo gubernamental hacia los usuarios, utilizando para ellos especificidades técnicas y de encriptación poco comunes y sumamente fuertes, entre las cuales destacaba el hecho de que para hablar, dos personas conectaban sus computadoras directamente, sin pasar por un servidor central como sucede con la mayoría de las comunicaciones que se realizan por Internet.

Por esta razón era supuestamente usual que, cuando la policía intervenía las conversaciones telefónicas de narcotraficantes, pedófilos, terroristas y otros sospechosos, se les oyera preferir Skype sobre otros medios tradicionales como el teléfono.

Pero esto ha cambiado radicalmente. Al menos eso piensan grupos de hackers y expertos en privacidad que en los últimos meses han expresado su preocupación de que la arquitectura del sistema ha cambiado lo suficiente como para que instancias gubernamentales husmeen entre lo que pasa en Skype. Ahora, por ejemplo, existen unos “supernodos” que dirigen algunos datos hacia servidores centralizados.

En suma, todo parece indicar que aquella reputación de seguridad que Skype tenía ganada (al grado de que durante la Primavera Árabe fue uno de las formas de comunicación preferida entre los manifestantes y periodistas) es ya cosa del pasado, gracias en buena medida al cambio de dueño sufrido.

[Washington Post]