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“Mundo de Fisicoculturistas”: hiperrealidad donde la musculatura excesiva es la norma

Por: pijamasurf - 07/13/2012

La serie “Mundo de Fisicoculturistas” del fotógrafo belga Kurt Stallaert imagina una hiperrealidad donde la musculatura excesiva es la norma, aun entre niños y ancianos, adolescentes y vacacionistas.

El fisicoculturismo es una de las disciplinas más atractivas que existen, sobre todo porque da cuenta de la transformación que el cuerpo humano puede sufrir cuando se ejercita a niveles casi sobrehumanos.

Partiendo de este aspecto, el fotógrafo belga Kurt Stallaert ideó la serie “Bodybuilder's World”, “Mundo de Fisicoculturistas”, inscrita en esa corriente artística contemporánea que se ha dado en llamar hiperralismo.

La premisa es simple: manipular las imágenes para simular que cualquier persona tiene una masa muscular superdesarrollada, atribuyéndola además a los seres más imprevisibles: niños, adolescentes, ancianas, además de la variación en los ambientes y los estilos de fotografía (como esa que recuerda las poses de principios del siglo XX) que contribuyen también en la generación del efecto sobre el espectador.

El resultado es, por decir lo menos, inquietantes, pues representa un quiebre de la normalidad por donde se fugan nuestras expectativas más habituales. Situaciones aparentemente anodinas se muestran aquí adicionadas con un elemento perturbador que por un momento impide a nuestra mente entender qué está pasando al interior de esa imagen.

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Prado en forma de corazón plantado hace 17 años florece como tributo a un amor perdido

Por: pijamasurf - 07/13/2012

Hombre en Inglaterra plantó retoños de roble delineando con ellos la forma de un corazón, esto en homenaje a su esposa muerta; 17 años después, el prado se desarrolla, dando lugar a una metáfora viva sobre el amor, el tiempo y la condición humana.

Se dice que uno de los comportamientos que terminaron por distinguir definitivamente al ser humano del resto de los animales, fue la preocupación que ponemos en nuestros muertos, las emociones involucradas en la decisión de no abandonar el cadáver aun a sabiendas de que no es más que materia inerte. Las tumbas, las incineraciones y todos los rituales en torno al fallecimiento de un ser querido, son casi siempre una de las últimas muestras de amor que tributamos a esa persona.

En el condado de South Gloucestershire, Inglaterra, un hombre de 70 años de edad, Winston Howes, pasó una semana dando forma a un prado para que desde el cielo se pudiera advertir el contorno de un corazón, utilizando para esto retoños de roble que plantó siguiendo este patrón.

Pero todo esto sucedió hace casi dos décadas, cuando su esposa Janet murió en 1995, a los 50 años, después de 33 viviendo juntos. En aquel momento es posible que Howes haya encontrado una especie de consuelo en tan paciente y amorosa labor de cultivo a gran escala, reflejo sin duda tanto del amor como de la pena que sentía por su pérdida.

Ahora, pasados 17 años, el prado ha madurado, los árboles crecieron y el corazón se ha convertido para su jardinero en una especie de santuario donde le es posible recrearse en el recuerdo de su mujer. El lugar solo es accesible mediante una escalera cerca de la punta del corazón (esta, por cierto, la punta, está orientada hacia la ciudad natal de Janet, Wotton Hill) y en medio el hombre plantó una buena cantidad de dientes de león, una de las flores favoritas de ambos.

Se trata, en suma, tanto de una historia de amor notable, como de una metáfora vuelta realidad a propósito de algunos de los motivos poéticos más recurrente sobre la condición humana y nuestros tratos con el amor: la persistencia de las emociones, la ausencia, la pérdida, el inclemente paso del tiempo que al final todo lo deslava, etc.

[Telegraph]