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Clásicos de la literatura de Jane Austen y las hermanas Bronte reescritos para incluir escenas sexuales

Arte

Por: pijamasurf - 07/25/2012

Recatadas novelas clásicas serán subidas de tono para incluir gráficas escenas eróticas --porque siempre quisiste saber los detalles del desempeño sexual (y los cuerpos en los corsés) de tus personajes favoritos de la literatura decimonónica

La moda en la literatura bestseller es 50 Shades of Gray, erotismo o soft porn para mujeres. Esto no ha pasado desapercibido del mundo editorial que busca hacer agosto con esta tendencia --erotizar con pequeñas trucos literarios la imaginación de las mujeres para obtener grandes fajos de dinero.

Al parecer, según razona la editorial Clandestine Classics, cuando lee novelas románticas como  Orgullo y Prejuicio, de  Jane Austen, y Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, el lector moderno sale un tanto decepcionado por la falta de explosivas escenas sexuales. Aparentemente queremos saber qué tal era Elizabeth Bennet en la cama --si le gustaba montar-- o qué tan grande era el pene del Sr. Darcy. Porque antes de leer vimos un videoclip de Rihanna simulando el coito anegada en sudor con una docena de hipertonificados bailarines (dioses griegos  in d' hood)   --o algo así.

Entre las novelas que esta editorial británica transformará, para incluir las escenas picantes, están  también Jane Eyre, Sherlock Holmes (¿tendrán gay sex, después de inhalar un poco de coca, el Inspector Holmes y su querido Watson?) y  20,000  Léguas Submarinas.  Según la editora Claire Siemaszkiewicz no se trata de una distorsión de las originales sino de un añadido (especie de directors-cut) que novelistas probablemente hubieran incluido si la moral sexual hubiera sido más abierta en su época. Incluso llama a estas obras "versiones no censuradas" (porque Jane Austen seguramente hubiera escrito como el Marques de Sade si no hubiera estado limitada por la conservadora sociedad pre-victoriana).

Seguramente algunas personas disfrutarán releer, con cierto placer fetichista, estas novelas subidas de tono, explicitando la tensión sexual que en las originales debe de olfatearse agudamente (y que seguramente es más excitante para una libido un poco más refinada). Incluso aunque los editores de Clandestine Classic no hayan logrado mimetizar el estilo de los escritores y las escenas parezcan ridículas (o quizás ese sea este el gran atractivo). Habiendo pasado al dominio público cualquiera puede jugar e incluso copular con estos textos. Y no es que pensemos que sea una herejía, solo que, como sucede actualmente, la mayoría de las veces los  textos que se generan son muchos más estimulantes para las personas que los escriben que para los lectores. Quizás una de las escenas de esta nueva literatura clásica porno-fantástica debería de ser un enorme autofellatio comunal.  Quizás Moby Dick.

[Gawker]

Genial entrevista de Stanley Kubrick en Playboy sobre el significado de la vida, el renacimiento y la luz de la psique

Arte

Por: pijamasurf - 07/25/2012

Stanley Kubrick en una rara entrevista se sincera sobre el papel de hombre en un vasto e indiferente universo: proyectar su propia luz, forjar su propio sentido

Brain Pickings publica una vieja entrevista de Stanley Kubrick en Playboy (cuando Playboy además de conejitas tenía detrás de sus páginas a las mentes más brillantes: Robert Anton Wilson fue su editor). En una demostración de aguda sensibilidad, el impenetrable director de algunas de las mejores películas del cine, especialmente de la enigmática 2001: Odisea en el Espacio, se revela como un maestro psicologista capaz de penetrar en el oscuro mandala de la condición humana. Kubrick, a sabiendas o simplemente porque la más profunda lucidez llega a la misma sombra psíquica, casi calca la frase de Carl Jung: "el único propósito de la existencia humana es encender una luz en la oscuridad del mero ser". Y así Kubrick nos permite descubrir el sentido de sus películas (0 de hacer cine), que después de todo son justamente eso: luz humana que ilumina la oscuridad.

 

Kubrick: Supongo que todo se reduce a una asombrosa conciencia de la mortalidad. Nuestra habilidad, a diferencia de otros animales, de conceptualizar nuestra propia muerte crea enorme sufrimiento psíquico; aunque lo admitamos o no, en el pecho de cada hombre hay un pequeño cofre de miedo apuntado a este conocimiento final que carcome su ego y su sentido de propósito. Somos afortunados, en cierta forma,  que nuestro cuerpo, y la realización de sus funciones y necesidades, juega un papel tan importanteen nuestras vidas; esta concha psíquica crea un amortiguador  entre nosotros y la noción paralizante de que solo algunos años de existencia separan la vida de la muerte. Si el hombre realmente se sentará a pensar sobre este inminente desenlace, y su aterradora insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente peredería la cabeza, o sucumbiría a un sentido de futilidad aquiescente. ¿Por qué, se podría preguntar, debería de molestarse escribiendo una gran sinfonía, o luchar para ganarse la vida, incluso amarse entre sí,  cuando no es más que un momentáneo microbio en una partícula de polvo girando en la inmensidad del espacio?

[...] Las grandes religiones, a pesar de todo su campanilismo, proveyeron una especie de consolación a este gran dolor; pero mientras los hombre del clero ahora pronuncian la muerte de Dios, para citar a Arnold, otra vez "el mar de fe" se aleja del mundo con una "largo y melancólico aullido", el hombre no tiene muletas en las que apoyarse -- y no hay esperanza,  no obstante lo irracional, que dé sentido a la existencia. Este quebranto de nuestro reconocimiento moral es la raíz de muchas más enfermedades mentales de lo que los psiquiatras se dan cuenta.

Playboy:  ¿Si la vida carece tanto de propósito, sientes que vale la pena vivir?

Kubrick: Justamente la falta de sentido de la vida obliga al hombre a crear su propio sentido. Los niños, obviamente, empiezan la vida con un sentido de asombro impoluto, una capacidad de experimentar alegría total por algo tan sencillo como el verde de una hoja; pero al crecer, la conciencia de la muerte y la decadencia empieza a impregnarse en ellos y a sutilmente erosionar su joie de vivre , su idealismo --su asunción de inmortalidad. Al madurar un niño ve la muerte y el dolor que lo rodean en todos lados, y empieza a perder fe en la bondad última del hombre. Pero si es razonablemente fuerte --y afortunado-- puede surgir de ese crepúsculo del alma a un renacimiento del elan de la vida. Tanto por esta conciencia  del sinsentido de la vida como a pesar de ello, puede forjar una sensación fresca de afirmación y propósito. Tal vez no vuelva a capturar la misma pureza sensorial de asombro con la que nació, pero puede dar forma a algo más duradero y sostenible.  El hecho más terrorífico del universo no es qu éstee sea hóstil e indiferente; sino que si podemos conciliarnos con esta indiferencia y aceptar el desafío de la vida dentro de la frontera de la muerte --no importa cuán mutable el hombre pueda hacerlos -- nuestra existencia como especie puede alcanzar genuino significado y realización. No obstante lo vasto de la oscuridad, debemos de proveer nuestra propia luz.