Este 15 de mayo la literatura mexicana e hispánica han perdido a uno de sus autores más emblemáticos y talentosos: el mexicano Carlos Fuentes.
Nacido en Panamá en 1928 por causa del oficio diplomático de su padre, Fuentes tuvo desde pequeño una singular formación que además de llevarlo a varios países —Brasil, Estados Unidos, entre otros— le hizo convivir con algunas de las figuras más importantes tanto de su tiempo como de generaciones anteriores. Se cuenta incluso que todavía niño, Fuentes convivió con otro de los grandes nombres de las letras mexicanas, Alfonso Reyes.
En su madurez, el escritor concibió uno de los proyectos literarios más ambiciosos de nuestras letras, teniendo una primera cúspide en su célebre La región más transparente, un retrato exhaustivo de la ciudad de México, de la idiosincracia y las raíces más profundas y atávicas de la cultura nacional, un relato de amplio alcance que lo hermana con la mejor tradición de las grandes novelas urbanas: Manhattan Transfer, Berlin Alexanderplatz, las obras de Faulkner y otras, sin olvidar, claro, la vasta herencia de las letras hispánicas que, en Fuentes, era un territorio familiar, acogedor en grado sumo.
Reconocido con algunos de los premios más importantes del mundo cultural —el Cervantes, el Asturias, la Legión de Honor, incontables doctorados honoris causa— Fuentes perteneció además a esta generación de intelectuales que no temían involucrarse en la realidad de su tiempo, en asuntos políticos y de urgencia social. Gracias a la amplitud de horizontes y criterio que poseía, el escritor era capaz de ofrecer exámenes puntuales, corrosivos a veces, siempre críticos de los asuntos públicos de países que conocía sobradamente: México en primer lugar, pero también España, Francia, Estados Unidos, América Latina en su totalidad.
Fuentes edificó así una obra polifacética que lo mismo fue de la narrativa al ensayo, de la literatura a la política, el guión cinematográfico, la improvisación inteligente. Una voz siempre atendible que aun sin estar plenamente de acuerdo con lo que declaraba, es innegable que lo hacía desde una claridad argumentativa difícilmente comparable.
Amigo de Cortázar y de García Márquez, íntimo de Paz aunque distanciado después por razones poco claras, cercano a políticos de renombre, Fuentes es ahora solo motivo de evocación y, por supuesto, de lectura imprescindible.
Sin duda alguna, Carlos Fuentes descansa ahora en la región más transparente del aire.