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Médico descubre la posición exacta del Punto G en mujer de 83 años

Salud

Por: pijamasurf - 04/26/2012

Adam Ostrzenski, médico semi-retirado de Florida, asegura haber descubierto, esta vez sí, la posición exacta del enigmático Punto G, luego de pasar 7 horas inspeccionando la cavidad vaginal de una mujer de 83 años.

El Punto G es, hasta la fecha, uno de los loci más enigmáticos de la anatomía femenina, uno para el cual muchísimos médicos, sexólogos y especialistas varios del placer libidinal han trazado rutas supuestamente certeras para alcanzar dicho objetivo, del cual se dice que una vez activado, es capaz de detonar una ola desmesurada de placer orgásmico en el cuerpo de la mujer.

El miércoles de esta semana, por medio de un artículo publicado en el prestigioso Journal of Sexual Medicine, el Dr. Adam Ostrzenski clamó haber encontrado, esta vez sí, la ubicación exacta del Punto G, esto luego de realizar una exploración post-mortem en una anciana polonesa de 83 años.

Debido a las restricciones existentes en Estados Unidos para estudiar cadáveres, Ostrzenski tuvo que trasladarse a la Universidad Médica de Varsovia, en cuyo Departamento de Medicina Forense tuvo acceso al cuerpo de esta anciana.

Luego de siete horas inspeccionando las distintas capas de tejido que componen la pared vaginal, Ostrzenski descubrió tejido eréctil agrupado en forma de pequeños racimos y situados a manera de saco a lo largo de un centímetro: “una profunda, profunda estructura” anidada entre la quinta capa de la pared vaginal, la fascia endopélvica, la quinta capa y la membrana perianal dorsal.

El anuncio de Ostrzenski fue recibido por algunos con entusiasmo, pues se reconoce el mérito del galeno para aislar una estructura específica de la capacidad orgásmica femenina. Pero igualmente otros han criticado el estudio asegurando que la evidencia es pobre en comparación con lo escandaloso del “descubrimiento”, sin mencionar el hecho de que el examen se realizó en un cuerpo inerte. En este sentido, la manera más obvia de comprobar las conclusiones de  Ostrzenski sería poniéndolas en práctica.

[LA Times]

¿Quienes se despiertan tarde son perezosos? Patrones de sueño e imperativos sociales

Salud

Por: pijamasurf - 04/26/2012

Con el concepto de “jet lag social”, el investigador Till Roenneberg cuestiona la obligación social y moral de adaptar los patrones individuales de sueño y descanso a los ritmos convencionales.

La correspondencia entre el reloj biológico y el de las exigencias sociales ha sido, casi desde siempre, una de las contrariedades más sensibles de la vida cotidiana, una que no pocos encuentran difícil superar y que se convierte incluso en motivo de sufrimiento diario.

Despertar temprano, dormir a una hora adecuada y un periodo específico, trabajar de día, descansar de noche, etc., son imperativos que no todos podemos seguir y no por mera cuestión de voluntad o disciplina, sino por razones más profundas que se relacionan con nuestra naturaleza misma.

En una publicación reciente, el cronobiólogo alemán Till Roenneberg se detiene en una de estas supuestas oposiciones entre los patrones de sueño y la actividad diurna, arguyendo que los primeros poco tienen que ver con las acusaciones de pereza que en ocasiones se lanzan contra aquellos que “no duermen bien”.

Roenneberg asegura que cada uno de nosotros pose un “cronotipo” distinto, una regulación temporal interna definida el llamado “punto medio del sueño” que se calcula dividiendo el promedio del tiempo que se duerme entre 2 y sumando este resultado al promedio de descanso en los días libres, es decir, los días en que dormir y despertar no están regulados por las obligaciones cotidianas. Así, por ejemplo, si diario duermes a las 11 de la noche y despiertas a las 7 de la mañana, si agregas cuatro horas a las 11, tendrás que las 3 de la madrugada es tu punto medio del sueño.

Con este concepto, el investigador trazó la evolución de los ciclos de sueño en la historia, encontrando que si bien en sociedades agrícolas e industriales del pasado predominaron los cronotipos matutinos por causa misma de estas actividades, actualmente sus posibles ventajas se han perdido, aunque dejando los estigmas sociales que acompañaban a los cronotipos más tardíos. Dice Roenneberg:

Este mito de que quienes se levantan temprano son buenas personas y que los que se levantan tarde son perezosos tiene sus razones y sus méritos en sociedades rurales, pero se vuelve cuestionable en una sociedad contemporánes de 24/7. La vieja moral prevalece tanto, sin embargo, que todavía domina nuestras creencias, incluso en la época actual. El cartero no piensa por un segundo que el joven quizá trabajó hasta la madrugada porque es un trabajador del turno nocturno o por otras razones. Él etiqueta a un joven saludable que duerme en el día como flojo —al igual que a los dormilones. Esta actitud se refleja en el uso frecuente [en los medios] de la oposición entre “madrugadores” y “dormilones”. Aunque este par de palabras es nada más que manzanas y naranjas, porque lo opuesto de “temprano” es “tarde” y “corto” de “largo”.

Así, con estas transformaciones en los patrones de sueño personales (en buena medida propiciadas por las transformaciones mismas de la sociedad) dan pie a Roenneberg para hablar del “jet lag social”, un concepto en clara alusión al cansancio que se siente luego del violento cambio de huso horario producto de un viaje aéreo. En este caso Roenneberg habla de una especie de cansancio crónico que de alguna manera también se origina en el desfase entre las exigencias del mundo y los ritmos personales, sobre todo de descanso y sueño en días laborales y días libres.

Por desgracia estas variables se conjugan en detrimento de la salud de quienes no pueden adaptarse a la convención social del tiempo, consecuencias que, dice Roenneberg, apenas comenzamos a entender en toda su dimensión. Por poner un ejemplo, asegura el investigador que entre más severo sea el “jet lag social” que una persona padece, es más probable que esta desarrolle el hábito de fumar.

El estudio del cronobiólogo es mucho más extenso y toma en cuenta tanto los factores ambientales como los genéticos que aceitan la maquinaria de nuestro reloj interno, pero en suma, nos invita a reflexionar no solo sobre nuestra propia actividad diurna y nocturna y cómo ponemos esta en relación con nuestras obligaciones sociales, sino también en los prejuicios que en ocasiones podemos ejercer —injustificadamente— contra aquellos que pertenecen ya a otros hábitos que las viejas normas han dejado de regir.

[Brainpickings]