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Las etéreas vorágines de Janet Echelman sobre las ciudades del mundo (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 04/03/2012

Inspirada en las redes de los pescadores de un pequeño pueblo indio, la artista Janet Echelman ideó impresionantes figuras volátiles que, luminosas, se han cernido sobre importantes cielos urbanos.

Phoenix, EEUU

De paso en la ciudad pesquera de Mahabalipuram, al sudeste de la India, la artista estadounidense Janet Echelman tuvo un atardecer una suerte de epifanía mientras miraba a los pescadores que arriba de sus barcas tiraban las redes para llevar la carga del día. Viéndolos, Echelman imaginó un nuevo tipo de escultura que tuviera la volatilidad de las redes, ese vuelo inmaterial que por un instante las hace parecer tejidas de nada más que delgadas briznas apenas más pesadas que el aire que las sostiene, cambiando a cada momento de forma y de cuerpo sin, esencialmente, nunca dejar de ser algo.

En colaboración con varios profesionales de disciplinas distintas—ingenieros mecánicos y aeronáuticos, arquitectos, diseñadores, iluminadores, paisajistas y otros— Echelman creó estas esculturas que comparten con dichas redes sus inestables vuelos, solo que en amplios espacios públicos urbanos que hacen todavía más sorprendente su etérea irrupción.

Porto, Portugal

Hechas de cables y acero galvanizado, además de poliéster reciclable y luces de colores controladas por computadora, la artista intentó fijar a su manera distintas circunstancias recientes como el terremoto y tsunami ocurridos en Chile en 2010 o la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno del mismo año que tuvieron lugar en Vancouver.

Denver, EEUU

 

Richmond, Canadá

Se trata, en suma, no solo de un desafío para la propia Echelman, a su ingenio y su capacidad de reducir distintas técnicas y materiales en una dialéctica de la creación artística, sino también para el propio espectador, que de alguna manera se ve confrontado a la inverosímil espectacularidad de una obra que, inevitable y desnuda, al ras del cielo y de sus propios ojos, se presenta ante él en una vorágine de colores, formas y texturas de la que no parece sencillo huir indemne ni sin conmoción.

[Huffington Post]

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Günter Grass calificado de antisemita y persona non grata por su poema más reciente

Arte

Por: pijamasurf - 04/03/2012

Gobierno de Israel prohibe la entrada a su país al nobel alemán Günter Grass por la publicación de su poema "Lo que hay que decir" en donde defiende al pueblo de Irán contra el abuso militar israelí; ofrecemos el poema en cuestión.

Hace tiempo que la poesía no levanta semejante grado de polémica pública como la que durante el fin de semana provocó el escritor alemán Günter Grass con la publicación del poema “Was gesagt werden muss”, “Lo que hay que decir”, en el diario Süddeutsche Zeitung el pasado 4 de abril.

El escándalo se debe sobre todo a que el poema admite una lectura en defensa del pueblo iraní y en contra del gobierno de Israel, ambas en un contexto de militarización y agresión bélicas en que el primero se encuentra en franca desventaja con respecto al segundo. Asimismo, Grass realiza una especie de llamado a sus compatriotas para evitar esta posible tragedia, tocando inevitablemente esa fibra sensible que comparten el pueblo judío y el alemán a raíz del Holocausto.

En suma, una muestra de poesía comprometida por parte de un escritor prestigioso y mundialmente reconocido como hacía mucho no se veía.

Sin tardanza, tanto la clase política de su país como la de Israel arremetieron contra el escritor de 84 años, arguyendo todas las circunstancias de política internacional en torno al conflicto en Medio Oriente que se mantiene vivo desde la creación del Estado de Israel al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Aquí, además, se le ha declarado “persona non grata”, con lo cual tiene prohibida la entrada al país, entre otras restricciones.

Sea como fuere, ofrecemos aquí el poema en cuestión, tanto en su original alemán como en la versión realizada por Miguel Sáenz (uno de los más hábiles traductores del alemán al español) para el diario El País.

 

Was gesagt werden muss

Günter Grass

Warum schweige ich, verschweige zu lange,
was offensichtlich ist und in Planspielen
geübt wurde, an deren Ende als Überlebende
wir allenfalls Fußnoten sind.

Es ist das behauptete Recht auf den Erstschlag,
der das von einem Maulhelden unterjochte
und zum organisierten Jubel gelenkte
iranische Volk auslöschen könnte,
weil in dessen Machtbereich der Bau
einer Atombombe vermutet wird.

Doch warum untersage ich mir,
jenes andere Land beim Namen zu nennen,
in dem seit Jahren - wenn auch geheimgehalten -
ein wachsend nukleares Potential verfügbar
aber außer Kontrolle, weil keiner Prüfung
zugänglich ist?

Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes,
dem sich mein Schweigen untergeordnet hat,
empfinde ich als belastende Lüge
und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt,
sobald er mißachtet wird;
das Verdikt "Antisemitismus" ist geläufig.

Jetzt aber, weil aus meinem Land,
das von ureigenen Verbrechen,
die ohne Vergleich sind,
Mal um Mal eingeholt und zur Rede gestellt wird,
wiederum und rein geschäftsmäßig, wenn auch
mit flinker Lippe als Wiedergutmachung deklariert,
ein weiteres U-Boot nach Israel
geliefert werden soll, dessen Spezialität
darin besteht, allesvernichtende Sprengköpfe
dorthin lenken zu können, wo die Existenz
einer einzigen Atombombe unbewiesen ist,
doch als Befürchtung von Beweiskraft sein will,
sage ich, was gesagt werden muß.

Warum aber schwieg ich bislang?
Weil ich meinte, meine Herkunft,
die von nie zu tilgendem Makel behaftet ist,
verbiete, diese Tatsache als ausgesprochene Wahrheit
dem Land Israel, dem ich verbunden bin
und bleiben will, zuzumuten.

Warum sage ich jetzt erst,
gealtert und mit letzter Tinte:
Die Atommacht Israel gefährdet
den ohnehin brüchigen Weltfrieden?
Weil gesagt werden muß,
was schon morgen zu spät sein könnte;
auch weil wir - als Deutsche belastet genug -
Zulieferer eines Verbrechens werden könnten,
das voraussehbar ist, weshalb unsere Mitschuld
durch keine der üblichen Ausreden
zu tilgen wäre.

Und zugegeben: ich schweige nicht mehr,
weil ich der Heuchelei des Westens
überdrüssig bin; zudem ist zu hoffen,
es mögen sich viele vom Schweigen befreien,
den Verursacher der erkennbaren Gefahr
zum Verzicht auf Gewalt auffordern und
gleichfalls darauf bestehen,
daß eine unbehinderte und permanente Kontrolle
des israelischen atomaren Potentials
und der iranischen Atomanlagen
durch eine internationale Instanz
von den Regierungen beider Länder zugelassen wird.

Nur so ist allen, den Israelis und Palästinensern,
mehr noch, allen Menschen, die in dieser
vom Wahn okkupierten Region
dicht bei dicht verfeindet leben
und letztlich auch uns zu helfen.

 

Lo que hay que decir

Günter Grass

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.

 

[BBC]