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Llevar contigo una pistola te hace creer que las otras personas también portan una

Por: pijamasurf - 03/28/2012

De acuerdo con una investigación reciente, llevar una pistola hace creer a quien la porta que los demás también cargan una consigo, fenómeno de comportamiento que sugiere la dificultad del ser humano para distinguir entre el pensamiento de lo que percibe y lo que percibe en sí.

Si de por sí el ser humano tiende, acaso por un sentido empático estructural y hasta evolutivo, a ver en otras personas características similares a las suyas, este efecto adquiere una expresión un tanto riesgosa cuando el individuo en cuestión porta un arma de fuego, pues en estas condiciones es más probable que piense que el resto del mundo comparte su posesión.

Al menos estas son las conclusiones de una serie de pruebas llevada a cabo por James Brockmole, profesor asociado de psicología en la Universidad de Notre Dame, quien pidió a algunos voluntarios que en 5 experimentos distintos identificaran en personas mostradas en una computadora cuáles de ellas portaban una pistola o un objeto neutral como una bebida en lata de aluminio o un teléfono móvil. Las variaciones consistían en que los individuos en las imágenes aparecían enmascarados, eran de diferente fisonomía o que al voluntario se le ofreció una pistola mientras realizaba la prueba.

De estos cambios el único que incidió realmente en la reacción de los sujetos del experimento fue la posesión del arma, llevándolos a generar una inclinación a ver una pistola en cualquier objeto de forma similar.

“Las creencias, las expectativas y las emociones pueden influir la habilidad de un observador pata detectar y categorizar objetos como pistolas”, explica Brockmole, quien agrega además que este comportamiento sugiere que las personas pueden tener dificultad para distinguir su pensamiento sobre lo percibido de lo percibido mismo — dicho sea de paso, un viejo problema no enteramente resuelto en la tradición filosófica occidental.

[Science Blog]

El derecho a vender basura a los niños: bombardeo de publicidad y comida chatarra

Por: pijamasurf - 03/28/2012

Amparada en un legalismo, la industria de la comida chatarra bombardea con publicidad la mente de los infantes, sujetándolos desde edades tempranas al consumo de sus nocivos productos.

Como es sabido, Estados Unidos encabeza las listas de consumo de alimentos chatarra, sobre todo cuando este se remite a la población infantil. Aunque otros países como India o México lo siguen de cerca, hasta ahora la Unión Americana es uno de los campeones indiscutibles en este rubro.

Para desgracia de su población, las grandes y en varios casos millonarias corporaciones que se encargan de producir y distribuir este tipo de alimentos han conseguido amparar su cuestionable labor en las leyes más elementales de la Constitución estadounidense, específicamente en la Primera enmienda que garantiza las libertades básicas de un régimen democrático: las de religión, prensa, expresión, asociación y otras.

Según reseña Mark Bittman en The New York Times, la industria de la llamada comida chatarra en Estados Unidos tiene un largo historial de pleitos legales en los que ha intentando siempre frenar la que desde su perspectiva se considera la intromisión del gobierno en los intentos de este por regular su relación con los consumidores.

El ejemplo más elocuente de esto se tiene en el bombardeo inhumano de publicidad alusiva a sus productos que recae sobre todo en la población menor de edad, niños de hasta 12 años que no poseen todavía los recursos necesarios para dilucidar el comportamiento que una empresa intenta inducir en ellos. 

Pero a pesar de que en esta situación hay una alevosía manifiesta hacia los menores, una serie de decisiones legales estableció en la década de los 70 que los discursos comerciales también merecían la libertad de expresión por tratarse de información valiosa para los consumidores, como el precio y las características del producto.

La contradicción surge cuando se advierte que esta concesión de las cortes estadounidenses se fundamenta en un beneficio recibido por los consumidores solo en lo que respecta a la información de lo que adquieren. Idealmente bastaría estar informados con suficiencia sobre las propiedades de un producto para decidir si este se consume o no, pero en una época en que las estrategias de la comunicación comercial son sumamente refinadas y sutiles, además de masivas e insistentes, ¿la información en una etiqueta no parece apenas un elemento disminuido e ínfimo en el proceso de decisión?

[NYT]