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Laptop robada a la NASA contenía contraseñas de la Estación Espacial Internacional

Por: pijamasurf - 03/29/2012

Paul Martin, inspector general de la NASA, confirmó el robo de una laptop perteneciente a la agencia que a pesar de contener los comandos para operar la Estación Espacial Internacional no estaba lo suficientemente protegida.

En marzo del año pasado la NASA sufrió el robo de una laptop que no estaba lo suficientemente protegida a pesar de contener códigos utilizados en el control y el comando de la Estación Espacial Internacional.

Lo anterior fue dado a conocer por el inspector general de la NASA, Paul Martin, quien confirmó el robo en un documento remitido al Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Casa Blanca, el cual “resultó en la pérdida de algoritmos utilizados para dirigir y controlar la Estación Espacial Internacional”.

Martin reveló además que entre 2009 y 2011 igualmente se extraviaron otros 48 dispositivos —entre laptops y dispositivos móviles— pertenecientes a la agencia, con información relativa a la propiedad intelectual de terceros, números de seguridad social y datos sobre los programas Constelación y Orión de la NASA. Pero al parecer el daño podría ser todavía mayor, pues hasta ahora algunos de sus empleados se niegan a responder con veracidad sobre los objetos perdidos y la información que estos portaban.

Asimismo, la seguridad cibernética tampoco parece un punto fuerte de la NASA, pues entre 2010 y 2011 sufrió 5,408 incidentes de seguridad en sus computadoras que resultaron en la instalación de software malintencionado o de acceso no autorizado en sus sistemas.

Según Martin, esta situación se debe en buena medida a que la NASA no posee un control completo de su seguridad, la cual comparte con otras áreas del gobierno estadounidense.

[The Register]

El derecho a vender basura a los niños: bombardeo de publicidad y comida chatarra

Por: pijamasurf - 03/29/2012

Amparada en un legalismo, la industria de la comida chatarra bombardea con publicidad la mente de los infantes, sujetándolos desde edades tempranas al consumo de sus nocivos productos.

Como es sabido, Estados Unidos encabeza las listas de consumo de alimentos chatarra, sobre todo cuando este se remite a la población infantil. Aunque otros países como India o México lo siguen de cerca, hasta ahora la Unión Americana es uno de los campeones indiscutibles en este rubro.

Para desgracia de su población, las grandes y en varios casos millonarias corporaciones que se encargan de producir y distribuir este tipo de alimentos han conseguido amparar su cuestionable labor en las leyes más elementales de la Constitución estadounidense, específicamente en la Primera enmienda que garantiza las libertades básicas de un régimen democrático: las de religión, prensa, expresión, asociación y otras.

Según reseña Mark Bittman en The New York Times, la industria de la llamada comida chatarra en Estados Unidos tiene un largo historial de pleitos legales en los que ha intentando siempre frenar la que desde su perspectiva se considera la intromisión del gobierno en los intentos de este por regular su relación con los consumidores.

El ejemplo más elocuente de esto se tiene en el bombardeo inhumano de publicidad alusiva a sus productos que recae sobre todo en la población menor de edad, niños de hasta 12 años que no poseen todavía los recursos necesarios para dilucidar el comportamiento que una empresa intenta inducir en ellos. 

Pero a pesar de que en esta situación hay una alevosía manifiesta hacia los menores, una serie de decisiones legales estableció en la década de los 70 que los discursos comerciales también merecían la libertad de expresión por tratarse de información valiosa para los consumidores, como el precio y las características del producto.

La contradicción surge cuando se advierte que esta concesión de las cortes estadounidenses se fundamenta en un beneficio recibido por los consumidores solo en lo que respecta a la información de lo que adquieren. Idealmente bastaría estar informados con suficiencia sobre las propiedades de un producto para decidir si este se consume o no, pero en una época en que las estrategias de la comunicación comercial son sumamente refinadas y sutiles, además de masivas e insistentes, ¿la información en una etiqueta no parece apenas un elemento disminuido e ínfimo en el proceso de decisión?

[NYT]