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El GIF, ese elemento raro que de tanto en tanto aparece en Internet para satisfacción y gracia de muchos, puede contar también desde su pequeñez la historia de Internet y sus transformaciones, al pasar de ser un objeto meramente utilitario a un vehículo de expresión creativa.

 

¿Qué sería de Internet sin los GIFs? Esas animaciones instantáneas, fugaces, de comprensión y recompensa inmediatas que pueblan la red y surgen cuando menos se les espera para satisfacción de tantos.

Curiosamente, objetos tan simples son capaces de contar, en su evolución, la historia misma de Internet, y así lo demuestran los editores y artistas que participan en este documental, quienes trazan el recorrido de este tipo de objetos animados que han pasado de ser, en sus inicios, a finales de los años ochenta, meros avisos para la recién inaugurada “supercarretera de la información” (del tipo “Sitio en mantenimiento”) a plataforma que permite incluso la experimentación artística o, con aspiraciones menos ambiciosas, por lo menos la expresión de la creatividad personal sin mayor fin ni provecho más allá del solaz mismo.

En esta revalorización y resignificación del GIF tuvo mucho que ver el cambio operado a raíz de la Web 2.0 y el control que el usuario retomó de sus propios contenidos, teniendo a la mano recursos como redes sociales y blogs donde podía difundir sus creaciones, al igual que los programas que facilitan la tarea. 

Y aunque sin duda puede hablarse en términos aparentemente más serios de las transformaciones ocurridas en Internet, una perspectiva como esta retoma lo mejor de aquella tradición según la cual son los pequeños detalles, los que habitualmente se desdeñan en razón de una falsa trivialidad, los que revelan el significado de grandes fenómenos.

[Co.Design]

Pese al poco tiempo que tiene entre nosotros, Internet parece ya un elemento imprescindible en nuestras vidas, una prótesis sin la cual parece imposible andar; ¿es esto cierto? ¿de verdad vivir sin Internet es impensable?

Para muchas personas en todo el mundo Internet es un elemento indispensable de sus vidas. Laboral, personal e incluso emocionalmente, la Red tiene una presencia fundamental en la cotidianidad

Sin embargo, valdría la pena preguntarse por el valor verdadero de Internet en la existencia diaria, si de veras es tan imprescindible como lo creemos o si solo se trata de una prótesis de la cual podrías desprendernos en cualquier momento que así lo quisiéramos sin consecuencias mayúsculas.

Para examinar este asunto, Paul Miller, colaborador en el sitio The Verge, se impuso un interesante desafío: vivir un año desconectado. Curiosamente, algunos de los fines que persigue son esencia morales. Según él, vivir sin Internet hará de él, ipso facto, una mejor persona. En algún sentido Internet ha sido para Miller un “corruptor de su alma”. Y quizá tenga razón.

Pero Miller no es tan ingenuo. Igualmente resalta que quiera saber qué efecto tiene esta veda virtual sobre su capacidad de escribir. A este respecto cabe mencionar que hace un par de años, en una serie de reglas que el periódico inglés The Guardian pidió a escritores renombrados para escribir ficción, el estadounidense Jonathan Franzen aconsejara evitar también la Red: “Es dudoso que cualquiera con una conexión a Internet en su lugar de trabajo, esté escribiendo buena ficción”, advirtió entonces el novelista.

Sea como fuere, el reto nos hace preguntarnos cuántos de nosotros podríamos retormarlo, cuántos estaríamos realmente dispuestos a desconectarnos totalmente y por cuánto tiempo resistiríamos. El asunto no es menor, pues, en otro sentido, podríamos también considerar por qué, por ejemplo, sí podemos pasar mucho tiempo sin leer un libro de principio a fin, sin ver la televisión, sin consultar un periódico impreso, sin que el abandono de estas u otras prácticas nos parezca extraño.

Entonces, ¿por qué Internet parece tan vital?

[The Verge]