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La conciencia: el hoyo negro de la neurociencia

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/10/2011

En una comparación que parece un tanto sorprendente —o quizá no tanto— los hoyos negros y la conciencia presentan notables similitudes que los hermanan de algún modo secreto y enigmático para el conocimiento que el ser humano tiene del universo y de sí mismo.

Quizá no lo parezca, pero los hoyos negros y la conciencia guardan enormes similitudes entre sí que los hermanan de algún modo secreto y enigmático para el conocimiento que el ser humano tiene del universo y de sí mismo.

Particularmente, desde la perspectiva de la neurociencia, el asunto de la conciencia encuentra imprevisibles correspondencias con algunas de las características conocidas de los hoyos negros.

De entrada, destaca la incapacidad que ambos de ser aprehendidos cuantitativamente: si un hoyo negro es una región en el espacio-tiempo donde ninguna luz se refleja y nada escapa y la conciencia es una propiedad de la mente que absorbe muchísimas cosas pero pone atención solo a un puñado de ellas, resulta sumamente difícil establecer una cifra precisa sobre qué tanto se pierde y qué tanto retienen cada uno. Por esto, tanto un hoyo negro como la conciencia dan la impresión del infinito: los rodea el infinito pero ellos mismos tienden también a lo infinito.

Por otra parte, es casualmente curioso cómo ambos conceptos, además de ser relativamente recientes en el vocabulario especializado, han compartido durante su corta historia científica cierta misteriosa elusión que los ha resguardado de la comprensión última.

Sin embargo, una posible e importante diferencia estaría en la manera de acercarse a cada uno de estos fenómenos por separado: hay quienes dice que los hoyos negros, sin ser un problema sencillo, es comparativamente más fácil de resolver porque es un fenómeno externo, uno en el que la observación se hace en tercera persona; en cambio la conciencia es inherente a nuestra naturaleza, el ser humano está directamente involucrado en eso que intenta dilucidad y despojar de sus secretos. Un poco a la manera de Gödel, esto sería como intentar arreglar una herramienta dañada con la misma herramienta que tenemos que usar para arreglarla.

Sin duda se trata de dos de los que se antojan más complicados para la ciencia contemporánea. Y, en este caso, de una comparación —entre la naturaleza de los hoyos negros y la naturaleza de la conciencia— que suena sorprendente. O quizá no tanto: como arriba es abajo.

[Big Think]

Algunas teorías sobre el surgimiento del lenguaje

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/10/2011

El lenguaje es quizá uno de los problemas más enigmáticos en la historia evolutiva y cultural del ser humano, del que se han ocupado científicos de prácticamente todas las disciplinas.

El problema del lenguaje es quizá uno de los problemas más enigmáticos en la historia evolutiva y cultural del ser humano. Lévi-Strauss, por ejemplo, aseguraba que el lenguaje había surgido como una necesidad frente a la prohibición del incesto, la necesidad de tener un “No” para articular. Pero esta es solo una de entre muchas teorías planteadas en los más diversos campos de las ciencias naturales, sociales y humanas.

Por el lado de la fisiología, una de las hipótesis más interesantes, planteada por John McCrone, asegura que la capacidad del lenguaje deriva de una mutación en ciertos ejemplares homínidos, quienes desarrollaron la capacidad de comunicarse con vocalizaciones arbitrarias. Sin embargo, esta perspectiva organicista ha merecido la crítica de especialistas como Noam Chomsky, para quien el lenguaje humano va más allá de las disposiciones físicas y corporales que lo permitieron. En Lenguaje y problemas del conocimiento (1988), Chomsky dice que investigaciones como esas “son una completa pérdida de tiempo, porque el lenguaje está basado en un principio enteramente diferente a cualquier sistema animal de comunicación”.

En este sentido, para Chomsky la aparición del lenguaje igualmente podría explicarse por la intervención de “una tormenta de extraños rayos cósmicos que reorganizó el cerebro, implantando un órgano del lenguaje en un cerebro de otra forma primitivo”. Y aunque la ironía es francamente corrosiva para esos argumentos evolutivos, sin duda la perspectiva de Chomsky tiene algo de cierta: una mutación fisiológica difícilmente podría bastar por sí misma para entender cómo un primate, aunque avanzado con respecto a sus parientes y sus antecesores, pudo desarrollar un instrumento tan complejo como este que ahora mismo estamos utilizando y el cual, en muchos sentidos, ha conformado y diariamente conforma nuestro mundo.

Además, quizá también podríamos tener en cuenta que si bien el surgimiento del lenguaje puede relacionarse con algún cambio en la estructura cerebral de los homínidos, también debería considerarse como a partir del lenguaje también se modifica nuestro cerebro (con la lectura, por ejemplo, según Maryanne Wolf), es decir, cómo entre uno y otro hay una relación de reciprocidad difícilmente distinguible en cada uno de sus actores.

[Mysterious Universe]