- Publicación: 04/11/2011 6:07 pm
- Autor: pijamasurf
“Las ideas son como los peces”: David Lynch presenta su álbum Crazy Clown Time
Con motivo de la presentación de su primer álbum como solista, el prolífico David Lynch —cineasta, artista plástico y ahora músico— nos ofrece algunas pistas para comprender la creatividad del artista que, asegura, cualquiera posee en sí mismo.
Hace casi un mes informamos en Pijama Surf del debut de David Lynch como cantante solista con el lanzamiento de su LP “Crazy Clown Time”, ofreciendo una faceta más de su amplio talento artístico, mayormente célebre, sin duda, por su carrera como director cinematográfico, pero expresado también en sus litografías, pinturas e incluso en el diseño de su club nocturno parisino “Silencio”. Por cierto, es en dicha ciudad donde reside desde hace un tiempo y donde tiene también su estudio en el que ejecuta estos y otros de sus proyectos.
Ahora, ante la inminente salida de su álbum discográfico, que también lleva el título de Crazy Clown Time, el propio Lynch nos ofrece algunas pistas no tanto sobre esta pieza en particular, sino sobre cómo concibe su proceso creativo y las relaciones entre el arte y el mundo de la vida.
Para empezar, quizá la pregunta más elementar sea, ¿por qué? ¿Por qué un cineasta plenamente reconocido, con un lugar más que asegurado, se lanzaría a ese ámbito parcialmente desconocido que puede ser la música. “Eso suena como un juicio válido”, dice Lynch, “’¿Qué demonios estabas pensando, amigo?’ Es un montón de cosas. Tienes a alguien más, un actor, para que interprete un papel. Pero entonces hay otros papeles en los que piensas: ‘Quiero ser esa persona. Quiero entrar a ese mundo’. Así que lo quise intentar. Quería ver si podía conseguirlo, suponiendo que podría superar el mucho miedo y la vergüenza y encontrar un lugar seguro desde donde trabajar. Y sí, hay mucho miedo. Es muy atemorizante”.
“¿Es el miedo un factor importante de motivación?”, pregunta el entrevistador “No”, contesta Lynch, con aparente firmeza, “bueno, en cierto sentido sí lo es”.
Y es que si algo se deja ver en esta entrevista es que en una de las pocas cosas de las que Lynch está totalmente seguro es de la subjetividad de la verdad: “Vivimos en la relatividad y cada positivo tiene su lado negativo, a veces, parece, en el curso mismo de cada condenada oración”.
“Escribir una canción es casi como escribir una película”, explica. “Todo se trata de perseguir ideas, de contar una historia o dejar que la historia de cuente a ti —porque nada de eso eres tú, no en realidad. Las ideas vienen de otro lado —como los peces”. Sí, por extraño que pueda sonar, las ideas son para Lynch como los peces: “Tú no haces al pez, tú capturas al pez. Ahora puedes cocinarlo, bien o mal, pero hasta ahí. El pez viene de algún otro lugar. Y a veces… a veces te habla, te dice cómo quiere que lo cocines”.
¿Es esto un sinsentido? Por el contrario, Lynch metaforiza a la perfección el proceso artístico-catártico que obliga a una persona, independientemente de sus talentos y sus capacidades, a expresar esas ideas de las que habla el cineasta, ese impulso que convierte a la acción en una necesidad subjetiva impostergable.
“Hay muchísima alegría en los mundos oscuros”, continúa, “o en trasladar las ideas que sobrevienen. Y su puedes deshacerte de la negatividad que restringe tu energía, es como si levantaras una carga. Entonces puedes zambullirte en ese tesoro todos los días y todavía más energía vendrá de ahí. Digo, no puedes controlar lo que las personas pensarán de una película o de una pintura, así que mejor disfruta hacerlas”.
Y es que, supone Lynch, hay mucha gente que quisiera verlo abandonar esos otros proyectos para que volviera a lo que, se diría, sabe hacer mejor: el cine. Pero estas posibles peticiones no le quitan el sueño, él está muy a gusto haciendo lo que quiere hacer.
Lynch, además, es un asiduo practicante de la meditación trascendental, la cual ha influido notablemente en su creatividad. Pero esto es solo una circunstancia superficial, un accidente que no guarda ningún secreto de vida ni la llave del éxito o del talento. La verdad profunda es otra:
“No, no, no. ¡No tienes que renunciar a nada! ¡No tienes que vivir de cierto modo! Solo añade la meditación —la introspección— a lo que sea que quieras hacer. Ese es el secreto. El gran tesoro interno es la esencia de todo lo que es. El sí mismo: ¡conócete a ti mismo!”. Y ese, parafraseando Kafka, es el punto a alcanzar.
[Guardian]









Las ideas son como los peces que eyaculan en la boca