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¿Esconde la sinestesia una ventaja evolutiva?

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/26/2011

Científicos se preguntan por qué la sinestesia ha sobrevivido en la especie humana por tantos siglos si, en apariencia, no significa ninguna ventaja evolutiva. ¿O sí?

La sinestesia es un conocido padecimiento neuronal que, en términos generales, se refiere a la mezcla de dos percepciones sensoriales. Así, por ejemplo, los sinestésicos dicen “escuchar los colores” o “ver la música” sin que para ellos sea esto un contrasentido. Por el contrario, son sensaciones totalmente auténticas y comprobables que incluso han dado lugar a figuras literarias y artísticas en general que intentan expresar esta coherente confusión.

Sin embargo, desde una perspectiva científica es difícil decir por qué un trastorno como este se ha mantenido a pesar de que, evidentemente, no supone ventajas evolutivas sobre otros individuos de nuestra especie. O tal vez sí, según sugieren los investigadores de la Universidad de San Diego David Brang y V. S. Ramachandran, quienes en un estudio recientemente publicado plantean la posibilidad de que la sinestesia sea una especie de don o de distintivo con el que una pequeña parte de la población consigue un trato especial y casi privilegiado en la sociedad.

Teniendo en cuenta que la sinestesia se presentan con mayor frecuencia entre artistas (hasta 7 veces más probable, según Brang y Ramachandran), los autores proponen que dicha anormalidad resultante de un exceso de conexiones entre ciertas neuronas está relacionada con un incremento en la creatividad de las personas y una habilidad casi inigualable para construir metáforas. Si a esto se agrega que, de nuevo a decir de Brang y Ramachandran, es más o menos usual que a los artistas se les tenga en buena consideración en las sociedades donde se desarrollan, quizá podría quedar explicada parcialmente la preservación de la sinestesia en un marco evolutivo.

La hipótesis de los investigadores es atractiva y sin duda merece una lectura detallada. Es curioso, además, que haya ejemplos para ejemplificar o rebatir esa última parte de la propuesta. Nabokov, por ejemplo, el autor de la célebre Lolita, padeció sinestesia y la verdad es que como escritor no tuvo mala fortuna. Sin embargo, de dos poetas que también padecieron dicho trastorno, Rimbaud y Baudelaire, no podría decirse lo mismo, por el contrario, sus sociedades terminaron por empujarlos a las márgenes de la existencia.

Correspondances

La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles;
L'homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l'observent avec des regards familiers.

Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent.

II est des parfums frais comme des chairs d'enfants,
Doux comme les hautbois, verts comme les prairies,
— Et d'autres, corrompus, riches et triomphants,

Ayant l'expansion des choses infinies,
Comme l'ambre, le musc, le benjoin et l'encens,
Qui chantent les transports de l'esprit et des sens.

Charles Baudelaire, Les Fleurs du mal

Correspondencias

La Natura es un templo donde vividos pilares
Dejan, a veces, brotar confusas palabras;
El hombre pasa a través de bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.

Como prolongados ecos que de lejos se confunden
En una tenebrosa y profunda unidad,
Vasta como la noche y como la claridad,
Los perfumes, los colores y los sonidos se responden.

Hay perfumes frescos como carnes de niños,
Suaves cual los oboes, verdes como las praderas,
Y otros, corrompidos, ricos y triunfantes,

Que tienen la expansión de cosas infinitas,
Como el ámbar, el almizcle, el benjuí y el incienso,
Que cantan los transportes del espíritu y de los sentidos.

[Charles Baudelaire, en traducción de Eduardo Marquina]

[io9]

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La neurociencia como arma de manipulación o de resistencia

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/26/2011

Los recientes descubrimientos de la neurociencia y su eventual aplicación en la política o el marketing (para hacernos creer que voluntariamente elegimos o rechazamos un producto) podrían utilizarse también del otro lado de la arena, como técnica de resistencia hacia la manipulación personal y masiva.

Una de las disciplinas científicas más destacadas de esta época es la neurociencia, cuyos descubrimientos prometen descifrar con detalle la manera en que el cerebro humano in extenso nos configura como personas: desde los actos más sencillos y rutinarios hasta esos aspectos que durante casi toda la historia de la humanidad se han asociado con fuerzas cuasi metafísicas. Algún día la neurociencia nos dirá dónde reside eso que llamamos personalidad o libertad de elección o enamoramiento, dónde la psicopatía o la depresión, el genio, etc.

Sin embargo, como casi cualquier desarrollo científico de gran envergadura, su lado polémico no ha tardado en sobresalir. Muchas de las críticas que se han hecho en torno a la neurociencia se centran en la pérdida de libertad o de capacidad de elección que, eventualmente, podría conseguirse por medio de la información obtenida en los experimentos y las investigaciones.

Dos ámbitos particulares en que esto podría convertirse o ser ya una realidad son la política y la mercadotecnia, en donde el conocimiento conseguido a propósito del cerebro y los mecanismos por medio de los cuales elegimos o rechazamos algo (un producto, un candidato, una propuesta, etc.), podría encontrar aplicaciones más que deseables para quienes laboran en dichos campos.

Y si bien en la política, al parecer, todavía no se implementan estas campañas basadas en premisas de la neurociencia, en cambio en la promoción de productos de consumo estas han ganado cada vez más simpatía entre los grandes vendedores. Partiendo del hecho de que “la verdad —al menos en términos de mercadeo— no es una opción racional, sino un impulso”, los neuromercadólogos apelan menos a los procesos pretendidamente racionales que nos llevan a elegir un producto y no otro que a todo ese entramado irracional que, dicen, subyace a cualquier decisión, una serie de conexiones de las que aparentemente no tenemos noticia conscientemente pero que no por ello no ocurren y, por el contrario, son según los neurocientíficos los que verdaderamente nos hacen tomar una decisión: "En captar la atención hay técnicas documentadas: los colores brillantes, la iluminación, los carteles dinámicos y los anuncios con rostros son bastante efectivos", explica al respecto Tim Holmes, psicólogo de la Universidad de Londres.

En política todavía son pocos los casos documentados en que la neurociencia se utilice para alcanzar un objetivo político específico, aunque sin duda esto cambiará con el tiempo. Por lo pronto se sabe de un candidato sudamericano que se sometió a un escaneo cerebral para identificar sus fortalezas y sus debilidades emocionales. Asimismo, el gobierno del Reino Unido tiene un equipo que utiliza conocimientos sobre los procesos cognitivos automáticos para inclinar a los ciudadanos hacia las decisiones que el gobierno considera favorables para sus intereses.

Sin embargo, como bien apunta el artículo de la BBC del que tomamos esta información, estos descubrimientos de la neurociencia son un arma de doble filo, pues si bien pueden utilizarse para manipular a las masas y obligarlas sutilmente a que tomen cierta decisión (haciéndoles creer que lo hacen libremente), también es posible que estas masas tengan conocimiento de dichos avances y se preparen para resistir la andanada. Un estudio, por ejemplo, mostró que ciertos sujetos son casi inmunes a estas campañas que buscan adentrarse en la parte más inconsciente del cerebro, curiosamente personas que practican un cierto tipo de meditación. Asimismo, parecer ser que si estas técnicas se basan sobre todo en el contexto en el que está situado un producto (sea político o de consumo), en el caso de las personas el mecanismo no es distinto y rodearse de personas razonables o virtuosas podría conducirnos a que “todos nosotros usemos esos conocimientos para tener más criterio, exigir más, lograr más control y quizás hasta ser más felices”.

 

[BBC]