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¿A quién le gustó el final de Harry Potter?

La evidente cortedad de recursos de J. K. Rowling terminó por conducir a sus entusiastas seguidores al callejón sin salida del fraude y el lugar común. Un buen momento para dejarla y descubrir que hay libros y películas más allá del bestseller y las superproducciones del momento.

Acudí al cine, lo confieso, intrigado por el fracaso. Algunos días antes escuché o leí algunos pocos comentarios desfavorables sobre la película y otros de abierta decepción sobre el final. Alcancé a entender que el desenlace definitivo era, para decirlo pronto, un timo. Una vez en la sala lo comprobé: la película dista mucho de las expectativas generadas en torno suyo e incluso se distancia cobardemente de una culminación épica para una historia que tuvo sus episodios destacados; los mejores, la tercera y cuarta películas, Harry Potter y el prisionero de Azkabán y Harry Potter y el cáliz de fuego: Azkabán por la utilización de un recurso (el viaje en el tiempo) si no novedoso, sí notablemente ejecutado; y El cáliz de fuego por el tono francamente siniestro que domina el filme hasta el final y, sobre todo, porque me parece que es la única que intenta jugar con los matices existentes entre la maldad absoluta y la bondad absoluta, que sume en la ambigüedad a los buenos y a los malos para regresarlos confundidos y dudosos. Pero incluso las otras películas tuvieron lo suficiente para lograr el entretenimiento y una recompensa de satisfacción mínima.

Cabe preguntarse entonces qué le pasó no al director, sino a la autora en este último capítulo. Porque si bien la pericia del cineasta es cuestionable, la responsabilidad mana de esa otra fuente original que es J. K. Rowling. Cabe preguntarse por qué en el minuto final de este maratón la escritora británica sucumbió, quebrándose ante las muchas presiones que, es del conocimiento público, sobrevolaron en torno suyo como aves rapaces o carroñeras en espera de su tajada. La repuesta, me parece, es sencilla: a pesar de todas las páginas escritas, de un cierto nivel de erudición literaria y de otras disciplinas, del éxito comercial y la fama pública, Rowling no es una escritora de genio y como tal, en un momento crítico, ante el problema sumamente peliagudo de rematar dignamente su historia, la única solución que pudo idear fue una que muchos otros también pensarían, una trillada, pedestre, de cliché y lugar común, en suma, la solución fácil. ¿Qué distingue al escritor de genio del que no lo es? Su capacidad para evitar la solución fácil.

Pongamos por ejemplo el caso de Shakespeare, sin duda ni rebatimientos el escritor más genial que haya existido nunca. Quizá una comparación desmesurada e injusta pero que, por ese mismo exceso, mostrará mejor lo que quiero decir.

Gracias a quienes han estudiado sus obras, sabemos que casi ninguna de estas es netamente original de Shakespeare, que incluso para sus más grandes y mejores dramas, para sus personajes más paradigmáticos, el poeta tomó las anécdotas seminales de otros libros y autores. Othello, por ejemplo, se dice que salió de una colección de cuentos italianos; Hamlet, de viejas sagas escandinavas y danesas; El mercader de Venecia, también de otra narración italiana, y así sucesivamente. Sin embargo, ahora, casi quinientos años después, leemos a Shakespeare y no a esos oscuros escritores medievales o renacentistas, sobreviven (y no como meras piezas de museo) Othello y Hamlet y no “Un Capitano Moro” de Cinthio o la Gesta Danorum de Saxo Gramático. Entre otras razones, porque Shakespeare tomó dichas historias, las tensó trágica o cómicamente, hizo de cada una un problema y, al llegar el momento de distender todo, de devolver los acontecimientos a un curso más humano, de resolver su problema, rehuyó la solución fácil y optó por una que nunca nadie hubiera imaginado. Esa es la marca del genio.

No menos cierto es que esto es más bien extraordinario. Casi todos, nos pese o no, pertenecemos a la medianía, recibimos una educación común, leemos más o menos los mismos libros o vemos las mismas películas, usamos las mismas palabras y vestimos del mismo modo, tenemos conductas similares y gestos compartidos, respondemos ante una misma situación más o menos de la misma manera. En dos palabras, somos normales. Eso, la supresión de las particularidades y los detalles únicos, permite la convivencia cotidiana, la realización del mundo tal y como lo conocemos. O, si lo pensamos con un poco más de profundidad, hace que algo tan fundamental como el lenguaje sea posible —como bien demuestra Borges en Funes el memorioso y quizá también en otros lugares de su obra: «No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)».

Sin embargo, soy de los que piensan que el arte (si es que se me permite, a estas alturas, usar semejante vocablo), nació para distinguirse de ese mundo mediano y trivial —aunque quizá también para volver y resignificarlo. El escritor, el músico o el pintor, aunque parten de su cotidianeidad para la creación artística, en cierto momento están obligados a abandonarla o, para decirlo con mayor precisión, a extirpar su obra del seno de comodidad familiar que la envuelve. Esto es, a buscar una solución distinta a la que dictan la época o la tradición.

Si Shakespeare —o Dante, o Cervantes, o cualquiera de esos grandes nombres y también otros que a primera vista parecerían indignos para codearse con ellos— hubiera condescendido a utilizar las formas en uso, el léxico habitual y la retórica consabida, quizá sería un autor más del teatro isabelino o de literatura inglesa, una de las muchas entradas de una enciclopedia más o menos exhaustiva.

Rowling, creo que está claro, no es Shakespeare, y quizá nunca intentó serlo. Cualesquiera que hayan sido sus aspiraciones al comenzar a escribir la historia de Harry Potter, evidentemente estas resultaron sobrepasadas, aunque no podemos saber si cumplidas. Como enigma más bien adecuado para una fantasía contrafáctica, me pregunto qué hubiera sido de la saga Potter si su autora hubiera decidido darla a la publicación solo cuando estuviera totalmente terminada, si acaso así hubiera tenido el coraje para no oír otra voz más que la de su juicio y parecer que, sincera y justamente, poseen un grado de talento considerable, tan inglés en su facilidad para contar eficazmente una historia y enganchar al lector en ella.

Pero no fue así, ni para uno ni para otro: Shakespeare escribió de tal manera que se convirtió en Shakespeare y Rowling… bueno, Rowling es otro capítulo en la historia de los libros (que no de la literatura), uno que por su extravagancia y peculiaridad seguramente merecerá análisis y estudios que expliquen sus causas y efectos, pero solo como un fenómeno social de los últimos años del siglo XX y la primera década del XXI. Me atrevo a suponer, con un prejuicio irrazonable para el que no tengo ningún sustento más allá de mi intuición, que con el fin de las películas se acabaron los lectores febriles de Harry Potter. O quizá me equivoco y, con el tiempo, sus siete tomos se convertirán en la primera empresa más o menos seria y de importancia para un adolescente que se inicia en la lectura.

Por lo pronto, sin embargo, lo único que tenemos es esto: una buena historia con un final mediocre. Como partida de ajedrez de amateur, Rowling inició bien, continuó con decoro, hizo dos o tres movimientos interesantes al medio, pero terminó hecha un lío, aturdida y aventajada por su voraz y proteico contrincante: el gran mundo y sus demandas.

Quién sabe, tal vez fue mejor de este modo. Tal vez lo mejor que le podría pasar a un entusiasta de Harry Potter —como lector o como espectador de cine— sea el desengaño, la repentina conciencia de los recursos limitados de su autora y la (es de desear) consecuente curiosidad por buscar más, por encontrar otros libros y otras películas más allá de este ingenuo escarceo juvenil.

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23 Comentarios

yoshytoko dice:

sin ofender a los creadores del articulo y a los creadores de la pagina que por sierto me encanta por que toca asuntos con el animo de abrir los ojos a un mundo plagado de entretenimiento, para que no se vea problematica la realidad;creo que le falta objetividad al analisis,un verdadero critico ve lo que ni el mismo genio pudo ver o imaginarse,cada genio tiene su tiempo y creo que la serie tiene muchos menzajes vien sea que lo leas o la veas como sucede en el quijote de la mancha,en una cosa estoy de acuerdo si eres genio aprovechas las erramientas disponibles y como dicen en los cuentos comieron perdices y todos fueron felices ok

koocho dice:

Yo considero que aun con todo el autor de este articulo, tiene parte de razón, desafortunadamente la jueventud presa de moldes prefabricados por los conglomerados del negocio del entretenimiento no tienen la mas minima idea acerca de como iniciarse en la literatura; por lo tanto tenemos ejemplos tan deleznables como el de la señora Sthepanie Meyer y su “saga de crepusculo” que lo unico que hacen es aprovechar la falta de cultura de la juventud contemporanea. Cuantos de estos “pseudo-lectores” conocen otras obras de literatura “vampiresca” conoceran por ejemplo a Ann Rice?. Ahora volviendo al punto de J.K. Rowlings por mucho que me disguste los libros de Harry Potter, debo conceder en honor a la verdad que tal vez esta mujer en mayor medida ha contribuido (al menos un poco) en hacer que los niños y jovenes se interesen en la literatura fantastica; no considero estas obras (la saga de Harry Potter) como lo mejor del genero (ni mucho menos) pero al menos sientan las bases para que los jovenes traten (si tienen curiosidad) de buscar otras alternativas literarias con mayor prestigio y maestria que la que ha demostrado la señora Rowlings.

Pete Zahut dice:

Cuánto p.i.n.c.h.e. choro para decir que el final estuvo c.u.l.e.r.o.

lol dice:

No leí un carajo

(con que hubieras puesto que era una mierda de peli, mas bien toda la saga para chamacos saca mocos)

Astrid dice:

Empezar una crítica cinematográfica con la frase “la evidente cortedad de recursos de J.K. Rowling” es un acto sumamente pretencioso. Si el artículo promete una crítica al final de Harry Potter, debería ser un análisis informado y comparativo del final del libro vs. la adaptación cinematográfica y no un rollo arrogante en el que nada tienen que ver Cervantes ni Shakespeare. Al autor no tiene porque gustarle HP pero su crítica demuestra una profunda ignorancia en cuanto al tema y es evidente que no ha leído los libros. Una lástima.

greyzy dice:

pues a mi sime gusto el final, no fue lo que esperaba..tan poco esperaba que se muriera pero algo le falto…y para mi estubo bien yo no entiendo que es lo que no les parecio eso era todo lo que tenia que pasar al final y asi fue..

Eliza Rain dice:

Lamento decirlo, pero comparar a Shakespeare con Rowling fue una mala elección. Entre uno y otro hay una gran distancia, no sólo por la época y al público al que dirijen sus obras, sino por la misma temática de éstas. Como comentan otros, hubiera sido más adecuado comparar el final de la saga con el resto de los libros, pero obviamente, comparar a una madre soltera que escribió en un momento de desesperación un libro para niños con el máximo dramaturgo de la literatura inglesa es como intentar comprarar un aguacate con una manzana; ambos frutas, pero no iguales.
Saludos.

Mona Lisa dice:

Creo que el final de HP , ha creado mucha expectativas , ¿deliluciones tal vez?, yo sinceramente no he leido ninguno de los libros de HP , no por que no me guste leer si no por que no soy “aficcionada” a HP, sin ofender no creo que la aficcion sea el unico caso por la cual leer estos libros, puede ser por que simplemente te guste, pero en fin fui a ver la pelicula y como no se tal vez la mayoria o sinceramente no se como esten las estadisticas de que si le gusto o no a la gente, pero a mi en lo general me parecio muy bueno , pero como en uno de los primeros comentarios en ultimo minuto me parecio absurdo pense que seria algo completamente distinto, y al salir del cine comente con mi prima tantos años de aver visto esta saga y en mi caso haber crecido junto con esta pelicula para el pu… final me parecio absurdo, pero al ir comversandolo en el taxi, el taxista nos hizo reflecionar , ya que el nos dijo que es tan solo una pelicula no es la vida real tenemos que estar concientes de que es solo algo irreal no existe no tenemos por que enojarnos con la autora o con los actores, si tan solo se trataba de una pelicula, no va mas haya de este mundo , y ps si en ese momento entendi que es una pelicula que jamas sera real, y que debemos de dejar de afanarnos por si fue o no el final correcto, se termino y punto. Y para mi estuvo perfecto mejor final no pudo aver sido…

He aqui todo mi sermon disculpen por no ir al grano jejeje

Pedro dice:

Exactamente una pelicula es irreal pero no por eso tiene que ser incoherente, ¿cuanto pagaste por verla?, cuando ves una peli y comienzas a analizarla mientras la ves, deja de cumplir su objetivo !entretener¡, una buena pelicula te envuelve, te saca por un momento de tu realidad, y es cuando realmente valio la pena haber pagado por ello, Hollywood realmente nos ha robado mucho, hay un monton de basura.

:) dice:

pues si, harry potter chafeo horrible.. antes de que salieran las pelis, lei los 2 primeros libros, estaba leyendo el 2 cuando salio la primer pelicula y si, hace mucho que dejo de entusiasmarme, la verdad nunca espere un buen final.. pero harry potter esta bein para chavitos, y aparte te aporta mucho mas que otros libros que mas bien estupidizan, como twilight.. la verdad..

Madi dice:

me ENCANTO el final de Harry Potter!! no tengo ninguna crítica, es excelente, me atrevo a decir q es un final perfecto!….no se ustedes pero a mi me fascinó ..y estoy muy satisfecha con toda la saga …y triste porque llegó a su fin.

Pedro dice:

¿En serio? final perfecto, ¿que pelicula viste? finales perfectos: kill bill 1 y 2, sin city, watchmen, kung-fu panda 1 y 2, cars 1, etc. ¿en serio que pelicula viste?

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