- Publicación: 24/02/2011 11:32 am
- Autor: Juan Pablo Carrillo Hernández
Para aquellos que ignoran en el facebook
Hace unos días una mujer anunció su suicidio en facebook y fue ignorada por sus amigos; ¿quién quiere saber hoy de la tristeza?
Hace varias semanas, Pijama Surf publicó la noticia de una mujer que anunció su suicidio en facebook sin que ninguno de sus mil y tantos amigos hiciera algo al respecto. Nada, al menos, para prevenirlo o impedirlo. El único efecto de su última actualización fue que algunos de ellos comenzaron a discutir sobre el asunto, sobre si podía o no tomar esa decisión, sobre si estaba mintiendo. Siempre en facebook.
El hecho tuvo todas las características de cualquier suicidio publicitado y conocido masivamente (a pesar de la modernidad del medio utilizado para transmitir el recado póstumo): en principio fue escandaloso, relevante por tratarse de una vida humana pero, marginal en esencia, fácilmente quedó sepultado por noticias o más extravagantes o más importantes para la cotidianeidad de la multitudes.
Con todo, resulta interesante que el suicido todavía cause estruendo en nuestras sociedades, que todavía nos sobrecoja saber que alguien, en un momento de libertad o de ofuscamiento, decidió darse muerte. Inquietante también que dicha decisión, si libre, revele el miserable, angustiante grado de libertad de una persona que siente que por todos lados tiran de ella. Asimismo, como sin duda otros han dicho ya, la noticia deja ver tanto la necesidad de hacer pública la intimidad como el sometimiento de las relaciones cara a cara por las redes sociales, el pobre sustituto de contacto humano que éstas ofrecen (el Me gusta, el Comentario, el Reply, el Favorito) y con el cual muchos nos conformamos.
Pero más allá de los diversos debates que pueden emprenderse en torno al suicidio o las prédicas moralistas sobre las repercusiones de internet en las relaciones personales, tal vez este caso específico admita también una lectura menos común y ambiciosa. Tal vez el caso de Simone Back, la voluntaria de 42 años que posteó como último estatus de facebook «tomé todas mis pastillas moriré pronto adiós adiós» y en cuyo auxilio nadie acudió, pueda tomarse como un ejemplo —exagerado y letal— de la enajenación inconsciente a la que casi siempre nos orilla el uso constante de dicha red por su funcionamiento mismo.
A diferencia de lo que sucede en la realidad, facebook ofrece o impone la posibilidad de tener a la vista a todas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida. Amigos de la niñez, de la juventud, de la madurez, compañeros de la escuela (de las pocas o muchas escuelas que alguna vez pisamos), conocidos, conocidos de los conocidos, amigos de los amigos, mujeres a quienes saludamos un par de veces y a quienes creímos haber causado buena impresión, compañeros del trabajo, contactos útiles, profesores, amigos circunstanciales y algunas otras categorías más. A diferencia de lo que sucede en la realidad, pareciera que el usuario debe mirar siempre los comentarios de todas esas personas, sus fotografías, los juegos que jugados recientemente, el último test contestado, el estado de sus relaciones amorosas. Sabemos, sin embargo, que el facebookero no opera de ese modo. Opera como sabe operar, como opera en la realidad que, quizá, no se distingue tanto del facebook.
Si vemos en la calle a algún conocido a quien no tenemos ganas de saludar, simplemente fingimos no verlo —y quizá el otro haga lo mismo y tutti contenti. Del mismo modo, si nos cruzamos con un amigo muy querido, no nos importará detenernos y, olvidando por un momento nuestras urgencias, gastaremos algunos minutos con él y quizá hasta consideraremos la posibilidad de prolongar dicho encuentro.
¿No hacemos lo mismo en facebook? ¿No ignoramos, sistemática, automáticamente, a quienes postean comentarios que nos incomodan, que agreden aquello en lo que creemos y valoramos, que pegan links que juzgamos desagradables? O, por el contrario, atendemos solícitos los updates de quienes nos complacen, si vemos su nombre y la imagen de su perfil reducimos ligeramente la velocidad del scroll y miramos bien lo que ha escrito, la página compartida, la fotografía recién subida. En suma, hacemos en facebook lo que hacemos en la realidad: clasificamos. Decimos: este es divertido, este aburrido, este pasa por una mala racha, este está envuelto en proyectos interesantes, este se cree mucho, este dice puras tonterías, este vive en un mundo rosa, este en escala de grises, etc. Además, fieles al ethos (o pathos) de nuestra época, jerarquizamos conforme a la comodidad propia.
Tal vez Simone Back, semanas o meses antes de su suicidio, posteó con frecuencia comentarios melancólicos, de pena y pesadumbre. Tal vez la mayoría de sus casi mil amigos, al revisar su página de facebook, la evadían, pasaban de largo frente a sus lloriqueos y sus quejas, veían su imagen y huían de esa peste. Porque claro: quién quiere, en estos días, saber de la tristeza.







Yo creo que estaba en absoluto estdo de libertad, tan suela, que más bien sentía que nadie tiraba de ella…
la neta yo creo que aunque muchos me contradigan pasa que la tecnologia acerca alos que estan lejos pero aleja a los que estan cerca y pues este caso tal vez se pudo haber evitado si hubiese hablado con la gente cercana mas que postearlo en facebook pero no se hay muchas dudas que resolver y solo nos enseña que no siempre nuestros amigos virtuales son amigos reales….
yo digo aunque muchos me contradigan que la tecnologia acerca a quienes estan lejos pero tambien aleja a quienes estan cerca tal vez si se hubiera hablado con personas cercanas en vez de postearlo…. aunque recuerden que los amigos virtuales son eso virtuales no reales….
Los suicidas son seres humanos que tristemente dejan de lado las ilusiones, la lucha por lo que se quiere, ya no les interesa el sentir cada amanecer y simplemente cierran el capítulo de la existencia para no abrirlo jamás, y dejar de sufrir por la razón que los está llevando a tomar esta decisión tan radical, por alguna culpa, alguna enfermedad terminal, por una fuerte adicción, por algún apego, por sentirse en un callejón sin salida, no sabemos que puede orillar a las personas a cometer suicidio, llevándose consigo las preguntas de los demás.. ¿Por qué lo hizo?, ¿Por qué le hizo esto a su familia?, ¿Qué lo empujó a pasar por la puerta falsa? Se debe tener muy en cuenta que existe una marcada diferencia entre las tentativas de suicidio y los que llegan a consumarse. Los sicólogos parten del hecho de que las tentativas suelen ser llamados de atención del suicida quien amenaza al sentirse desolado, triste o fracasado en cualquier ámbito de la vida, pero estas acciones deben ser tomadas en cuenta por el entorno familiar por el riesgo a que se repitan con cierta frecuencia y puede existir el penoso riesgo de finalmente terminar con la vida. Yo aconsejo a las personas que estén pasando por una situación como esta, que se detengan a reflexionar sobre las razones que los están orillando a esto y que no se conformen con anunciarlo en su red social, deben acercarse a su familia, amigos reales, gente profesional que les puedan ayudar y aconsejar, como psicólogos, psiquiatras, sacerdotes, etc.
Mal consejo, reflexionar sobre lo que te deprime solo te deprime aún más!
Gracias por la lectura y los comentarios.
Pienso que este artículo esta escrito de una forma que responsabiliza en cierta forma a los amigos de esta mujer por omitir su anuncio.
El drama forma parte de la realidad, pero las personas que “no quieren saber de la tristeza” es porque quieren concentrarse en cosas positivas y juntarse con personas sanas, no se si yo la hubiera ignorado, pero definitivamente pienso que ella fue la única responsable de que todos la ignoraran.
Caro: nunca me tomaría la ligereza de señalar un responsable, en ningún caso, y no creo que haya algo en el artículo que sugiera tal cosa. En la calle, sin embargo, cuando un suicida amenaza con lanzarse desde un edificio, cualquier persona que lo vea sin duda pedirá ayuda, llamará a la policía o los números de emergencia. Facebook, en tanto medio público o por lo menos social, funcionaría en este caso más o menos de la misma manera: ¿por qué ante una amenaza de suicidio a nadie se le ocurrió tomarlo como una emergencia y actuar en consecuencia? Por supuesto que hay algunos otros factores en juego, pero a mí me pareció interesante centrarme en el que señalo al final como causa de este fenómeno: la sistemática omisión de lo triste, lo pesaroso, lo que podría provocar dolor y sufrimiento en nuestra vida. Dices que «las personas que “no quieren saber de la tristeza” es porque quieren concentrarse en cosas positivas y juntarse con personas sanas», pero ¿hasta qué grado llega esa concentración en las «cosas positivas»? ¿No podría quizá llegar a la obcecación, a la total ignorancia de todo lo que no es positivo? O, si uno sólo se junta con «personas sanas», ¿qué límites tiene esta exclusión? ¿Qué destino se les reserva a esos excluidos? Dirás que esto último no es problema tuyo, sino sólo de ellos, pero ese es justamente mi punto: ¿cuáles son las consecuencias de esa mezcla tan contemporánea de egoísmo, comodidad y hedonismo que domina muchos de nuestros actos y relaciones sociales?
Me disculpo si la respuesta fue demasiado larga y claro que agradezco tu comentario. Saludos.
Yo creo que esta pobre mujer conocia a mas de mil amigos equivocados, incapaz de ayudarlos, un amigo de verdad lloraria contigo, llevaria sobre sus propios hombros tu dolor, y muchas veces es solo eso lo que necesitamos. Lo digo por que tengo una amiga asi, entre miles quiza la unica que no me evade ni me juzga cuando estoy triste o por abandonar todo, todos tenemos derecho a sentirnos asi, se nos debe dar la libertad de patalear un poco para despues seguir, esto reconforta muchisimo el alma y nos da seguridad ” en las buenas y en las malas”