Afganistán es la capital del opio en el mundo, productor de más del 90% del opio mundial (misma fuente también de la heroína) y las consecuencias de tener tanto opio en el país se hacen sentir con familias enteras enganchadas a este narcótico. CNN reporta sobre una familia entera de adictos al opio en norte de Afganistán, en la que los niños de 4 años de edad o menos desayunan opio "Por qué si no no se duermen" y "si no nos dejan trabajar".
La madre desenrolla una envoltura de plástico como si fuera un chocolate y se lo da su hijo de cuatro años, Omaidulla, opio puro: desayuno de campeones (aunque solamente oníricos). "Le damos opio a los niños también cuando se enferman", dice la madre. También la abuela sonriente consume opio para las cámaras de CNN. Aunque muchos afganos no tienen conocimiento de lo adictivo que es el opio, la cultura popular tradicionalmente usa esta sustancia tanto para quitar el dolor como para inducir al sueño, dos de los efectos famosos del opio, celebrados por artistas y padecidos por pueblos enteros. Los afganos utilizan el opio en sustitución de medicinas que son más caras, ante la pobreza de este país devastado por la guerra.
"El opio no es nada nuevo en nuestros poblados y distritos. Es una tradición, hasta una religión en algunas áreas", dijo el Dr Mohamed Daoud Rated, coordinador de uno de los pocos centros de rehabilitación.
Pese a que más del 90% del opio del mundo se produce en Afganistán, menos del 5% de todo el opio que se decomisa en el mundo es decomisado en Afganistán. Aunque la invasión de Estados Unidos supuestamente busca acabar con el narcotráfico, la realidad es que desde que Estados Unidos llegó a Afganistán la producción de opio se ha disparado, hasta el punto de generar sospechas de que la CIA controla el negocio del opio, y esta es una de las razones por las cuales se invadió Afganistán.