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8 inspiradoras imágenes del octavo planeta: Neptuno

Por: pijamasurf - 01/13/2011

Neptuno es el planeta más alejado del sol pero su majestuosa orbita azul le permite ser un cuerpo radiante aún en el margen de la penumbra

El intrigante Neptuno es el planeta más alejado del sol dentro de nuestro sistema. Pero este poético atributo no le demerita en belleza sino al contrario, al ser el planeta que más distancia mantiene en relación al astro padre, Neptuno manifiesta un especial atractivo:

El ecuador de Neptuno es cuatro veces más largo que el de la Tierra y su densidad representa 17 veces la masa de nuestro planeta.

Su nombre proviene del dios romano de los mares y por ello es representado con el símbolo de un tridente.

Los vientos que transitan el horizonte de Neptuno alcanzan inspiradoras velocidades de hasta 700 km/h lo cual sugiere una atmósfera altamente dinámica.

Este planeta cuenta con 12 lunas, entre ellas Tritón (captada en esta imágen), la más grande de todas.

La única nave espacial, humana, que ha llegado a Neptuno fue el Voyager 2, en 1989. Entre otras sorpresas se encontró con dos monumentales huracanes.

Descubierto en 1864, Neptuno fue el primer planeta hallado a través de cálculos matemáticos y no por observación empírica, ya que es uno de los dos planetas que no son detectables a simple vista desde la Tierra.

imágenes via MNN

¿La tecnología al servicio de la literatura? Twitter parece estar refrescando la lengua española y reavivando, en 140 caractéres, la vena del ingenio

Con la efervescencia del cambio de año, que también fue cambio de década, proliferaron las listas en todo y para todo. Se cribó, no siempre tan rigurosamente como presume el diccionario, la producción musical de uno o de diez años, las publicaciones literarias, los acontecimientos históricos, los gadgets puestos en circulación, las personalidades celebradas o denostadas por las multitudes, los descubrimientos científicos, los adelantos técnicos, etcétera.

Menos interesante, por anquilosada, fue una pequeña encuesta levantada por el periódico mexicano El Universal a propósito de la producción poética en México durante esta primera década recién fenecida del siglo XXI. Los consultados, unos editores, otros poetas, emitieron sus veredictos sobre aquellos que según su parecer estarían llamados a sobrevivir tanto el despiadado paso del tiempo como esas banalidades mundanas que llamamos moda o gusto de los lectores. Lo importante, sin embargo, es otra cosa. Una totalmente ajena a los nombres y los títulos, a las editoriales y los tirajes y los años de publicación. Lo importante son estas palabras del poeta David Huerta:

«Como quedó dicho, escribir poesía es algo de lo que se hace realmente bien en México. A qué se deba esto, no puedo explicarlo; pero como no me gustan las pseudo razones mágicas, me digo lo siguiente: los mexicanos somos adictos a esos juegos de palabras que en lingüística y retórica tienen nombres rimbombantes y que suelen alimentar porciones grandes de la creación poética.

»Hay entre nosotros una especie de manía con las palabras; por su lado bueno y luminoso, esto se conecta en forma directa con las vocaciones poéticas —el lado malo es evidente, y basta mencionar los discursos políticos, la publicidad y a los locutores de la televisión comercial para constatarlo con pesadumbre».

Huerta limita esta característica al mexicano pero, siendo justos o precisos, tendría que ampliarse a casi todo el dominio hispánico. Herencia obligada de nuestro pasado barroco, esos juegos de palabras (de buena o mala fortuna), esos adornos en los que nos complacemos quienes hablamos y escribimos en español, ese alterar los términos de un sintagma, de un refrán, de un lugar común con fines irónicos o intencionadamente hilarantes, en fin, esa retórica lúdica con la que algunos crecimos o aprendimos en las calles, en la escuela y quizá hasta mirando el televisor, ahora no se les encuentra sólo en el habla popular o entre las tapas de un poemario. Ahora, si uno abre una cuenta de Twitter y elige bien a quiénes seguir, es posible atestiguar estos fenómenos del lenguaje diariamente, casi a cada instante.

A juzgar por los resultados, Twitter le cayó bien a la lengua española, a su vena viva, incluso a lo mejor de su tradición literaria. Optimista, pienso que los 140 caracteres bien empleados serán capaces incluso de revolucionar esa decimonónica noción de que la literatura sólo existe en los libros, en las bibliotecas, en la letra impresa en papel. Nada más falso. Un tuit no requiere de mucho para que se le considere también literatura. Lo único que necesita, como en su tiempo cualquier poema de Góngora, es ingenio.