*

X
Un notable relación entre el sexo, o su prefiguración, y el duermevuelo se manifiesta en la dimensión onírica, ¿reflejos de la energía psicofísica que busca subir el cuerpo, de la tierra al cosmos?

Aquellos profusos sueños árabes en cielos de lapislázuli y záfiro, donde se sirven manantiales de vino fúlgido, manjares exquisitos y se interactúa íntimamente con mujeres divinas, huríes, las cuales agracian a los convidados con los goces carnales que en la tierra les eran negados, obedecen a una profunda manifestación del inconsciente humano, esa región de las perlas profundas y de los arquetipos de los cuales la realidad que experimentamos es una proyección. Es posible que esta elevación del placer, esta altiva proyección de la carne, tenga que ver con la notoria relación que existe entre volar y copular, tal que, en un sistema de signos, pueden ser intercambiables.

Sigmund Freud creía que los sueños en los que se vuela expresan el deseo de tener relaciones sexuales. Aunque sabemos que Freud en algunos casos muestra cierto reduccionismo volcado sin reparos a la sexualidad como la fuente de casi todos los mecanismos de la psique, es significativo que el padre del psicoanálisis haya relacionado, creemos que con bastante lucidez, estos dos actos supremos del deseo.

Si bien podemos ver en el vuelo una especie de erección, un levantamiento del libido, es posible también que en una concepción más jungiana de la psique, el vuelo y el sexo, ambos, puedan manifestar una sed espiritual. Compartiendo el instinto de explorar y de alzar el alma, de hallar la otredad, el espejo, y salir disparado al cosmos, romper la membrana de la estratósfera (como una vagina de cielo líquido) y moverse entre las estrellas donde, expandido, el espíritu encuentra la fuente de donde todo emana. Es decir cierto instinto religioso, de fusión, también se encuentra en su más profundo sentido en el sexo, cuyo vuelo sería el amor.  Aquí parece justa la famosa frase del escritor argentino Oliverio Girondo, popularizada en el cine,"no me es posible ni tan siquiera imaginar  que pueda hacerse el amor más que volando". (¿Acaso no podríamos interpretar que el mismo Dante, en su sueño del paraíso, es elevado por el impulso místico erótico de Beatriz?)

Ahora bien, moviéndonos hacia un plano de conocimiento estructurado bajo el paradigma científico, notamos que la relación entre el sexo y el vuelo, es más que una sola intuición freudiana (valga el oxímoron), es una recurrencia comprobada:  el duermevuelo como la prefiguración, en el escenario del inconsciente, de la cópula es algo que ha sido documentado y que si el lector hace memoria podrá tal vez verificar que los sueños donde vuela tienen una mayor carga sexual generalmente (sin quee sto signifique una relación exclusiva entre el vuelo y el sexo).

Donde podemos comprobar esta relación, precisamente por el mayor nivel de información que puede ser tomada, es de los sueños lúcidos. Haciendo una serie de búsquedas en Google sobre sexo, sueños lúcidos y sueños de vuelo, podemos ver que un alto porcentaje de los recuentos de los sueños lúcidos, particularmente los primeros conscientes, tienen una narrativa similar en la que el soñador descubre que está soñado para luego ejercer su plenipotencia demiúrgica sobre el espacio conjurando jóvenes mancebos o nubiles doncellas, según el caso (o supermodelos celestiales en el caso de las psiques más influidas por la la cultura pop). En este sentido es relevante la idea de Freud: al entrar en un sueño lúcido, en el vértigo de un estado irrepreso, el soñador sobrecogido cumple sus fantasías sexuales de forma casi inmediata (después de varios sueños lúcidos generalmente se aprende a controlar un poco más el deseo y experimentar otro tipo de situaciones, de la misma forma que se llega a controlar la eyaculación).

En su libro Pathway to Ecstasy, Patricia Garfield reporta que dos tercios de sus sueños lúcidos tienen contenido sexual y que la mitad de éstos concluyen en un orgasmo, muchos de ellos, también, son suscitados por el coqueteo previo por excelencia, el vuelo.

El eminente psicólogo Stephen Laberge, siguiendo los recuentos de varios oneironautas sobre la intensidad de sus orgasmos oníricos, se dio a la tarea de probar de manera científica si estos orgasmos ocurrían solamente en la imaginación del soñador o tenían una correlación fisiológica, tal que podríamos decir que los orgasmos de los sueños son "reales". Laberge, experto soñador lúcido él mismo, diseño una técnica en la cual los soñadores emiten señales a los investigadores  a través de un sencillo movimiento de los ojos, el cual coordinan para avisar que han entrado a un sueño lúcido o que están teniendo sexo del otro lado del velo, por ejemplo.

En su libro Lucid Dreaming, Laberge relata la experiencia de Miranda, una mujer que después de 5 minutos de REM en su primer experimento notó que estaba en una situación improbable al sentir a alguien frotándole el cuello en su habitación, lo cual detonó la realización de que estaba soñando; para probar esto Miranda decidió flotar en el aire, uno de las tácticas típicas de los soñadores lúcidos. Después de atravesar su habitación, Miranda voló sobre un campus similar a Oxford, recordando el experimento, seleccionó a un apuesto  estudiante que caminaba por un sendero arbolado. Miranda relata que "ya debía de estar excitada por el vuelo" porque rápidamente llegó a un climax al estar con este estudiante onírico, avisando a los investigadores con los movimientos de sus ojos. Laberge, mientras tanto midió las respuestas fisiológicas de Miranda y también la actividad muscular de su vagina. Laberge, profesor de Stanford, concluye que todas las mediciones del orgasmo onírico corresponden con el orgasmo de la vigilia.

Otro sujeto experimental, Randy, reporta: "Hice una señal con los ojos, lugo procedí a través del techo, estilo Superman. Aterrizando en el patio de una casa, desie una chica. Una linda adolescente apareció caminando por el jardín..." Aunque Randy no eyaculó, el momento pico de su erección corresponde al momento en el que señaló su orgasmo a travél de la señal entre realidades.

Aunque se puede argumentar que los sueños de vuelo representan la libertad, es quizás más adecuado percibir como la representación de una energía psicofísica en juego, esa misma energía que sube la serpiente por el árbol del cuerpo, esa misma energía que eleva el águila por encima de la pirámide con su ojo solar. En este sentido la libertad del espíritu es paradójicamente a través del cuerpo, es su expresion sexual, su creación (sexualidad, que sin florecer, es la cárcel del espíritu). Sentimos que es buen corolario para este artículo terminar con una frase del Hevajra Tantra: "By passion the world is bound; by passion too it is released".

Twitter del autor: @alepholo

Las mujeres piensan más en comida que en sexo

Salud

Por: pijamasurf - 12/18/2010

Lamentablemente para los hombres la comida ocupa más pensamientos en la mente de una mujer que el sexo; estudio revela que el 25% de ellas piensa en comida cada 30 minutos y solo 10% en sexo

Los hombres tienen un rival que parece imbatible cuando se trata de ocupar los pensamientos de las mujeres: la comida. Ellas dedican mucho más tiempo pensando en postres, pizzas, y otro platillos que lo que dedican a pensar en sexo. Una encuesta reciente demostró que mientras el 25% de las mujeres piensa en comida al menos una vez cada 30 minutos, sólo el 10% recurre a un pensamiento sexual durante ese mismo lapso de tiempo. Pero el problema no termina ahí, ya que en contraste el 5% de los hombres visita el sexo con la mente una vez cada minuto mientras el 36% lo hace cada media hora. Este fenómeno por un lado resulta en un problema, ya que quiere decir que la gran mayoría de pensamientos sexuales de los hombres no son correspondidos por una sincronía femenina, aunque desde otra perspectiva si las chicas igualaran la intensidad sexual de los chicos la humanidad sería una cópula masiva permanente.

Otro dato interesante que arrojó la encuesta es que a pesar de la enorme cantidad de tiempo que ellas dedican a pensar en comida muchas mujeres no disfrutan esta actividad. El 25% reveló estar constantemente preocupadas por su peso, lo que resulta en una extraña relación de amoro odio, o de deseo y pudor, entre la mente femenina y la comida.Y aún más extravagante, el 60% de las chicas afirmó que no les gusta comer enfrente de sus parejas y el 13% declara elegir una opción más "saludable" cuando ale a comer a un restaurante por encima del platillo que en realidad más se les antoja.

En resumen, los hombres deben de configurar alguna manera de batir a su histórico enemigo y con ello podrían saciar sus deseos sexuales con mayor frecuencia y a la vez alejarían a las mujeres de su recurrente y pecaminoso pensamiento. Y si lo logran seguro podríamos ver como el planeta transmuta en una gigantesca carita feliz...

via Daily Mail