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El futuro del sueño Americano… para los que nacieron fuera

A pesar de su enorme relevancia para la política interna y la economía nacional, la agenda migratoria en Estados Unidos parece condenada al estancamiento. ¿Seguiremos esperando que los migrantes hagan valer su fuerza electoral?

Permitanme describirles un posible escenario futuro. En éste, la frontera entre México y Estados Unidos es físicamente infranqueable. Para los mexicanos que viven en la zona, la subsistencia depende de poder comprar agua a la empresa trasnacional que la controla.  Mientras los más débiles mueren por falta de agua y los más desalmados intentan robarla, la mayoria ahí la va pasando: subsiste, ve la tele, y sueña con juntar dinero para llegar a Tijuana y conseguir un trabajo “del otro lado”. En Tijuana están las plantas de alta tecnología donde los trabajadores conectan sus sistemas nerviosos al internet para manipular robots ubicados por todos los Estados Unidos.  Ahí tambien se encuentran los coyotes del futuro quienes, a cambio de una pequeña fortuna, colocan en el cuerpo los nodos necesarios para conectarse. Así es como en este futuro miles de mexicanos persiguen el sueño Americano – como niñeras, albañiles, choferes, cocineros – jornada tras jornada de doce horas y sin jamás poner un pie en el país donde trabajan.

Un arreglo de este tipo tendría enormes ventajas, no es cierto? Infelizmente, se trata (todavía) de ciencia ficción.[1] Muy poco se ha logrado avanzar en materia migratoria en los Estados Unidos pese a ser un asunto sumamente importante y cada vez más urgente. El problema de la política migratoria norteamericana no sólo es la incapacidad del gobierno para evitar la entrada illegal de trabajadores. También es qué hacer con las personas que ya están aquí y no parecen tener intenciones de regresar a su país de orígen. Aunque la recesión económica y los millones de dólares canalizados a reforzar la frontera han logrado disminuir el flujo de trabajadores ilegales, no se ha presentado el éxodo masivo que muchos anticipaban. Estudios recientes estiman que permanecen en los Estados Unidos por lo menos once millones de personas que, sin documentos legales, trabajan, rentan vivienda, mandan a sus hijos a la escuela y requieren servicios de salud. Muchos han tenido a sus hijos en territorio Americano y otros tantos llegaron muy pequeños. En cualquier caso, son niños que han crecido aqui y que no conocen otra realidad. Deportar a estas personas no sólo es poco práctico sino también éticamente cuestionable.  El gran reto es asimilarlos.

Demócratas y republicanos coinciden en la necesidad de reformar la política migratoria pero, hasta ahora, ninguna propuesta ha prosperado. El ejemplo más reciente es la DREAM Act que cuenta con apoyo bipartidista pero nunca consigue pasar en ambas cámaras legislativas.[2] Parte de la explicación esta en que la opinión pública es adversa a dos de las ideas fundamentales contenidas en la mayoría de las propuestas: un programa de trabajadores temporales (o invitados) y un camino para la legalización de quienes ya estan aquí.

Esta oposición no es nueva pero sí se ha exacerbado con la recesión económica. Por un lado, la competencia por empleos de bajo salario se ha incrementado. Por otro, algunos políticos canalizan el descontento popular hacia los inmigrantes. En abril de este año, Arizona adoptó la ley más dura contra la migración ilegal, lo que provocó un debate nacional y la protesta formal del Departamento de Justicia. Con todo, el apoyo popular a iniciativas de esta naturaleza es, a nivel nacional, cercano al 75%  según encuentas realizadas por el Pew Population Research Center.  Así pues, ante la ausencia real de alternativas de política que aceleren la recuperación económica en el corto plazo, y en un contexto en el que existe una legítima preocupación por la falta de empleo (al igual que un cierto grado de xenofobia), no es de sorprender que la migración se haya convertido en uno de los temas centrales del debate a medida que se aproximan las elecciones para renovar el Congreso de Estados Unidos. Incluso en estados donde la recesión ha sido relativamente benigna y el desempleo está muy por debajo de las cifras nacionales (como Nebraska, por ejemplo) las campañas giran en torno a propuestas de ley similares a la Ley Arizona, como si “defender la frontera” equivaliera en realidad a defender fuentes de trabajo para los americanos.

Una opinión pública adversa se combina con la falta de incentivos para que los aspirantes al poder inviertan capital político en impulsar reformas migratorias. El incentivo más claro proviene de los votos y, desafortunadamente, los que directamente se beneficiarían de una reforma migratoria no pueden votar. Los hispanos que sí pueden votar están a favor de una reforma y sin duda les agradan los candidatos que así lo proponen. Pero hay otros temas que les preocupan mucho más. Encuestas recientes sobre la intención de voto de la población hispana en las próximas elecciones para renovar el Congreso de los E.U. arrojaron resultados interesantes. En un año en que el apoyo a los candidatos demócratas se ha erosionado bastante, un estudio del Pew Hispanic Center identificó a la población hispana como la única excepcion.  En efecto, dos terceras partes de los votantes hispanos apoyan firmemente al Partido Demócrata, cifra prácticamente identica a la que se reportó en 2008.  Quizá el hallazgo más interesante del estudio, sin embargo, es que el tema migratorio no es de los que mayor influencia ejerce en la ponderación del voto: otros asuntos, como educación, empleo, salud, e incluso el tamaño del déficit fiscal federal son más importantes.

En un año de apretadas batallas electorales, los hispanos (si deciden votar) podrían ayudar a los demócratas a mantener control del Congreso. Pero la reforma migratoria (o, mejor dicho, la falta de) no habrá tenido que ver con ello.  Lástima.


[1]Sleep Dealer, de Alex Rivera, ganó el premio principal del Festival de Sundance en 2008 y acaba de estrenarse en DVD.

[2]La DREAM Act abre la posibilidad de obtener la ciudadanía Americana a ciertos estudiantes indocumentados. En septiembre pasado los demócratas intentaron forzar la aprobación de la DREAM Act introduciéndola como enmienda a un proyecto de ley que renovaba diversos programas del Departamento de Defensa.  Tanto la ley como la enmienda ni siquiera llegaron a debate pues los republicanos consiguieron suficientes votos para impedirlo.

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