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Leonardo DiCaprio: El gesticulador logrado lo logró

Por: Psicanzuelo - 08/12/2010

DiCaprio se ha convertido en la marioneta sagrada de una industria que simula la realidad que está pronta a ser creada o reforzada, es el gran gesticulador que proyecta en la pantalla lo que en realidad nosotros estamos proyectando.

Avertencia: esta reflexión podría echar a perder las películas de La Isla Siniestra (Shutter Island, Martin Scorsese, 2010) y El Origen (Inception, Chris Nolan, 2010) a los que no las hayan visto.

Leonardo DiCaprio fue conquistando lentamente al sistema que recientemente lo convirtió en un avatar mesiánico de tiempos esquizoides. Es una suerte de heredero del antihéroe del cine negro combinado con Neo de Matrix, y su propia figura de acción/tie-in, que se vende en la juguetería después de algún éxito de Blockbuster.

Me parece que Martin Scorsese tiene mucho que ver en la evolución de DiCaprio, que va desde series de televisión tipo sitcom noventeras, como Growing Pains, hasta llegar a interpretar a Howard Hughes y casi ganarse un óscar. Ha pasado por representar al poeta Rimbaud, al personaje Romeo de Shakespeare o ser el galán estrella de la película que llevó al cine a obtener presupuestos inimaginables hundiendo el Titanic sin que éste saliera de un puerto mexicano, con la ayuda del CGI (animación por computadora), en una película en la que el ecosistema veracruzano fue completamente abusado.

El director italo-americano que conserva en su vida diaria el ritmo de la droga que casi lo mata (cocaína), vio en DiCaprio lo que ahora nos queda claro que ha llegado a ser: un espejo que proyecta en la pantalla los sentimientos más ocultos del espectador lo hace enfrentarse a sus propios fantasmas y darse cuenta de que son los mismos fantasmas que llevamos todos.

DiCaprio no es un actor vivencial, pero esto no lo digo de modo despectivo, el mismo Gérard Depardieu ha confesado que es un actor tan formal que nunca ha sentido nada con ningún personaje. Pero DiCaprio no tiene profundidad psicológica alguna, con lo que demuestra que el cine comercial no funciona en niveles de verdad, sino que llega a la realidad por otro camino: la mentira. La mayoría del cine hollywoodense es una simulación de la realidad próxima a ser creada o apoyada, el mismo sistema se despliega hipnotizando a la audiencia y de esta manera se puede poner un producto de moda, se establecen formas de conducta, maneras de vestir y de relacionarse, se puede hasta decidir lo que pasará en un futuro no muy lejano o indicar un cambio político.

DiCaprio es el gran gesticulador, es un actor tipo como casi todos en Hollywood, no de carácter, como la generación que apareció en lo setenta. Pero Leonardo es mucho más profesional y se adapta a las necesidades del estudio, siendo una marioneta sagrada para el orden establecido, que se mimetiza ala vez eliminando al verdadero Leonardo, pero sin ser más que Leonardo: un nuevo Leonardo que en su vida privada sigue trabajando para lo mismo y en ocasiones más eficazmente. Apoya documentales “ecologistas” o se relaciona sentimentalmente con mujeres que contienen el límite máximo de la belleza marcada por el status quo actual.

Hay dos películas que existen paralelamente, dos caminos-espejo que materializan el cine laberíntico contemporáneo y de estudio dentro de la psique del personaje principal: la fábula hiperparanoica La Isla Siniestra (Shutter Island, Martin Scorsese, 2010), y la metafísica diluida en cine de acción de máximo presupuesto El Origen (Inception, Chris Nolan, 2010).

En La Isla Siniestra Teddy Daniels es un detective que va a investigar la desaparición de una interna dentro de una isla/pabellón psiquiátrico, un manicomio con mayor seguridad que Alcatraz. Cuando Teddy llega a la isla se encuentra con un personal por demás sospechoso. Resuelve el misterio: es un doble de Rachel (Emily Mortimer) la que hacen pasar como aparecida y la verdadera sigue escondiéndose; Teddy la encuentra en una cueva de un acantilado (una de las mejores actuaciones de Patricia Clarkson). En la cueva Teddy comprende que todo es un complot para volverlo loco, ¿o acaso loco ya está y es su última oportunidad en tratamiento antes de una lobotomía? Ni lo uno, ni lo otro, La Isla Siniestra son la dos realidades al mismo tiempo, el espectador decide cuál es la que está sucediendo. La mujer de Teddy ahogó a sus hijos en el lago que quedaba junto a su casa y él perdió la razón, pero Teddy también fue a la guerra y conoció al jefe de manicomio como oficial nazi. La isla podría ser un lugar de pruebas del gobierno americano con la parte nazi heredada, los científicos que les podrían dar la última arma para ganar la guerra fría: “el control mental”.

En El Origen, Cobb se dedica a trabajar dentro de los sueños de individuos poderosos para implantar ideas que afectan el mundo real para clientes igualmente poderosos que pagan muy bien. Todo esto es una forma de vida y una razón para justificar a lo que Cobb realmente se dedica. Cobb perdió a su esposa cuando jugaba en laberintos de sueños, pero en realidad la guardó para sí mismo y nadie más. Él continúa conviviendo con ella todas las noches después del REM. Las misiones de Cobb se enfrentan a su inconsciente donde ella habita y donde ella los comienza atacar sin piedad atrapando a Cobb eternamente en un sueño que se convierte en su realidad.

DiCaprio hace como si sufriera, sudara, llorara, gritara, se enfureciera, se estremeciera, se ilusionara, pero en realidad no siente nada, sólo lo proyecta en la pantalla y funciona mucho mejor que muchas actuaciones vivenciales del cine actual, es más verdadero. El cine de muy alto presupuesto muestra que vive de mentiras, y son mentiras lo que más vende, por eso la publicidad tiene el peso que tiene en nuestra “cultura”. Ahora lo que compramos son promesas envueltas en plástico y spray para cabello, lo importante es comprar, no tanto usar lo comprado, un budismo a la inversa, un aquí y ahora lleno de deseo por poseer más y más bienes que deberían funcionar mientras el vacío existencial del individuo crece. Las personas tratan de acceder a la felicidad acumulando y volviendo a desear instantáneamente, porque realmente no obtienen lo que de verdad necesitan, el espíritu se seca. Pulsiones sexuales inteligentemente dirigidas por un sistema que nunca va estar satisfecho, porque funciona de la misma manera, es una estructura piramidal.

Hace tiempo se rumoreaba que en un futuro no muy lejano el cine ya no necesitaría directamente a los actores, lo que pasaría es que a través del CGI (la animación por computadora) se crearía todo. Para este proceso sólo es necesario tener los gestos archivados de los actores, los cuales firman un contrato definitivo con cada estudio, y así cada película animaría al actor de su conveniencia a su gusto y necesidades. Con Avatar (James Cameron, 2009) queda claro que la ciencia ficción se acerca a la cartelera de las multisalas, pero con estas dos películas a mí me queda claro que el proceso deshumanizador está asumido y el hombre regresará a ser bestia por caminos inimaginables.

DiCaprio es una canal por donde se expresan nuestros miedos ante estos últimos tiempos, cada vez queda más claro que la realidad no es una sola, el individuo tiene la oportunidad de liberarse o entregarse a una esclavitud que proporciona muchas comodidades. El siglo pasado demostró que la revoluciones colectivas no son el camino para el cambio social, la ruta es individual y por los colectivos pequeños se pueden unir en esfuerzos específicos con otros colectivos, la guerrilla de imagen que Dziga Vertov proponía antes de tiempo, el sueño del kinopravda.

Ahora, DiCaprio trabaja en la preproducción de la más reciente película de Clint Eastwood, Hoover. No es un documental sobre quién lava la ropa, más bien una adaptación biográfica sobre la vida de J. Edgar Hoover, quien fuera director del FBI por una eternidad haciendo la vida imposible a personas con base en mínimas sospechas, para las cuales los principales temas eran la guerra fría y el comunismo. La película estará enfocada en su carrera y su extravagante vida privada en la que, según dicen, festejaba vestido de mujer.

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