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Un prestigiado científico de la Universidad de Ámsterdam propone a la gravedad como una fuerza ilusoria; quizá un simple pero sofisticado truco cósmico.

 

 

La aparente contundencia de la gravedad podría no ser más que un sofisticado truco cósmico, una jugarreta de inteligencias superiormente abstractas, frente a la percepción del ser humano. Una especie de show provocado por las venerables leyes de la termodinámica. Si imaginamos que hay dioses o entidades superiores frente a quienes representamos una especie de diminuta obra teatral y que ellos se divierten con nosotros, sin duda la gravedad, como una ilusión preprogramada que afecta permanentemente nuestro comportamiento físico, debe causarles hilarantes carcajadas.

“Para mí la gravedad no existe”, asegura Erick Verlinde, un respetado teórico cuántico y profesor de física en la Universidad de Ámsterdam. Haciendo tambalear la lógica acumulada durante más de 300 años de prácticas científicas, su estudio titulado «Sobre el origen de la gravedad y las leyes de Newton» pone en tela de juicio la existencia de una de las fuerzas naturales menos cuestionadas a lo largo de la historia.

El punto no es que si nos tiramos de un séptimo piso no vayamos a caer, sino que la ciencia ha interpretado la gravedad desde una óptica errónea pues no existe por sí misma y en cambio representa una simple detonación de algo más básico, algo a partir de lo cual la gravedad emerge como aparente fuerza. En síntesis mantiene una dinámica similar al mercado de valores: no tiene por sí mismo una existencia sino que es el resultado del comportamiento colectivo de miles de inversionistas.

Este innovador acercamiento al concepto de la gravedad podría destrabar algunos de los obstáculos que han desquiciado a la ciencia en las últimas décadas, arrojando luz a elusivas respuestas que buscan gestarse frente a conceptos como el de la energía obscura, que denota un comportamiento antigravitacional que simula una aceleración en la expansión del universo, o el de la materia obscura o antimateria, material supuestamente necesario para mantener la unión de una galaxia.

[NY Times]

Nuestro mundo podría ser la proyección holográfica en 3D de fenómenos cuánticos bidimensionales que ocurren en el horizonte cosmológico del universo.

La posibilidad de que la realidad que experimentamos no sea más que un holograma proyectado desde el horizonte del universo podría resultar difícil de aceptar para muchos de nosotros que nos consideramos seres "reales" y que percibimos el mundo como algo que tiene existencia autónoma e inmediata. Resulta difícil de creer que hoy desayunaste panqueques de frambuesa debido a algo que sucedió en el horizonte cosmólogico del universo... y, sin embargo, una de las explicaciones más plausibles de la cosmología cuántica actual para resolver el proplema principal de la física, conciliar la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica, es, junto con la teoría de las supercuerdas, la teoría del principio holográfico.

Los hologramas que encontramos en tarjetas de crédito o billetes están contenidos en películas de plástico bidimensional. Cuando luz se refleja en ellos, se recrea la apariencia de una imagen en 3D. Al principio de la década de los 90, Leonard Susskind y el nobel Gerard Hoof't propusieron que el mismo principio podría aplicarse a todo el universo. Nuestra experiencia cotidiana tridimensional en sí misma podría ser una proyección holográfica de algo que está sucediendo en una distante superficie bidimensional.

La idea de Susskind y Hooft nació del descubrimiento del físico Stephen Hawking de la radiación que lleva su nombre. Hawking mostró que los agujeros negros emiten una radiación lenta que eventualmente hace que desaprezcan. Es decir, emiten información, y sin embargo, la información en el universo no debería de destruirse. Esto es conocido como la "paradoja de la información de los agujeros negros".

El físico Jacob Bekenstein descubrió que la entropía -lo que es igual al contenido de información- de un agujero negro es proporcional al área de la superficie de su horizonte de sucesos (la frontera del tiempo-espacio de algo que puede afectar nuestro universo). Se ha demostrado que ondas cuánticas en la superficie del horizonte de sucesos de un agujero negro, que sería como la superficie de un holograma, pueden codificar la información adentro del agujero negro, así que la información no desaparece cuando éste desaparece. Esto muestra que toda la información en 3D de una estrella puede estar codificada en la superficie de un agujero negro subsecuente.

Aún más significativo podría ser lo propuesto por el físico Craig Hogan del Fermilab. En los últimos años el GEO600, un detector de 600 metros en Hannover, Alemania, ha estado buscando ondas gravitacionales producidas por objetos astronómicos superdensos como estrellas de neutrones y agujeros negros. El GEO600 no ha logrado descubrir estas ondas gravitacionales, pero inadvertidamente podría haber hecho uno de los más importantes decsubrimientos científicos de nuestra época.

Por meses los miembros del equipo del experimento del GEO600 habían estado intentando explicar un misterioso ruido detectado. Esto hasta que llegó Hogan, quien incluso había predicho la existencia de este "ruido". Según Hogan, el GEO600 se había topado con el limite fundamental del tiempo espacio, el punto en el que el tiempo espacio deja de comportarse como el continuum suave y fluído descrito por Einstein y en cambio se disuelve en granos, de la misma forma que una fotografía se disuelve en puntos si se hace un zoom profundo. Es decir, el universo, al límite, se pixelea.

Estaríamos viendo justamente los puntos, q-bits o píxeles, de la información proyectada que se percibe tridimensionalmente como la realidad tiempo-espacial del mundo. Esto sería la longitud de Planck, la escala mínima de la materia, la cual todavía no ha sido probada (es posible que no haya un fin al tamaño de una partícula, ésta podría ser infinitamente pequeña). La longitud de Planck es igual a 1.6 x 10-35 y está dada por el tiempo que tardaría un fotón en cruzar la distancia de la misma longitud de Planck. Es justamente la entrada al dominio de los fenómenos cuánticos, donde muchas de las leyes macroscópicas dejan de tener sentido.

"Podríamos tener nuestra primera indicación de cómo el tiempo-espacio emerge de la teoría cuántica", dice Hogan. Es decir el tiempo espacio, geométricamente equivalente al contenido de información del universo, podría ser la proyección holográfica de q-bits o unidades de Planck.

Una posibilidad de como se realiza esta proyección holográfica a la distancia es que nuestro universo sea no-local o que la emergencia de los estados físicos que experimentamos ocurra através de procesos de entrelzamiento cuántico. Una de las implicaciones no discutidas por los físicos de esta teorías es que de ser verdad esto podría significar que vivimos dentro de un mundo de realidad virtual.

LA TOTALIDAD IMPLICADA Y EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO DE DAVID BOHM

Aunque la teoría de David Bohm no tiene que ver precisamente con el principio holográfico expuesto anterioremente, bohm fue el primero en utilizar la metáfora del holograma para describir la naturaleza del universo e intentar conciliar la realitividad con la mecánica cuántica. Bohm, quien al final de su vida vio su trabajo como físico reflejado en la filosofía oriental, se basa en el principio de que el universo que percibimos se ex-plica, o se desenvuelve, de una totalidad implicada de infinita energía e infinito potencial. Bohm concebía la totalidad implicada como un mar de energía inconmensurable, basándose en el cálculo de la energía del punto cero el cual muestra que existe más energía en un centímetro cúbico de espacio 'vacío' que en toda la masa del universo. Y que en realidad la materia no es una substancia condensada sino una forma de energía difusa que emerge de este mar de energía.

Bohm intentó mostrar que la totalidad de la información del universo estaba en cada parte del universo, de la misma forma que una imagen codificada en un hologram se proyecta en su integridad no obstante que el holograma sea dividido, solo que lo hace en menor definición. Algo similar ha formulado el físico Ervin Lazlo en su teoría del Campo Akashico.

"El Orden Explicado es el más débil de los sistemas de energía, resuena con y es una expresión de un orden de energía infinitamente más poderoso, llamado el Orden Implicado. Es el precursor del Explicado, la visión similar a un sueño o la presentación ideal de lo que se convertirá en un objeto físico. El Orden Implicado implica dentro de sí todos los universos físicos..." (Will Keepin sobre David Bohm).

Vía New Scientist