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La fotografía erótica de Kasso tiene que ser una de la más altas manifestaciones del arte contemporáneo: fractales de la eterna forma femenina con la característica refinación japonesa, poesía de lo bizarro y seducción infecta.

La simetría de la forma sagrada: la vulva y la vagina, la V, esa pirámide inversa, que es en el espejo microcósmico de la Tierra el vaso del cielo, el cáliz; desde el contexto urbano, a veces perverso, porcelana glacial, belleza a veces bizarra, máxima feminidad en la plata del papel o en la pantalla, como solo un fotógrafo japonés, de una refinación inasequible, podría vislumbrar. Rikki Kasso, como un dandi divinizado por la feminidad que lo acompaña, que le abre la puerta y se desnuda en esa ciudad fantástica que es Tokio, con el cielo entre los grandes edificios fálicos y las nubes que forman también otros fractales de la eterna forma femenina, produce sin duda uno de los cuerpos fotográficos más seductores en la actualidad, a la altura de cualquier otro fotógrafo, con la ventaja de dominar el tema eterno de la belleza de la mujer y la naturaleza entrelazadas por la mística simetría que nos revela que la feminidad es la cifra originaria de nuestro planeta

 

Rikki Kasso mantiene el blog Tokyo Undressed, de donde hemos obtenido estas fotografías; seleccionarlas ha sido un proceso hipnótico, inabarcable por las miles de fotos que tiene Kasso, todas con la más alta calidad estética y el más puro magnetismo erótico. Autor de varios libros, pinturas y hasta películas, Kasso yuxtapone las imágenes, los cuerpos con paisajes celestes o texturas, creando un efecto similar a la técnica de Eisenstein, donde la suma de las imágenes crea una nueva dimensión, donde se funden conceptos y sutilezas y se empalman formas análogas creando la sublime epifanía de que todas las cosas son otra y la misma.

Parte notable del trabajo de Kasso es su capacidad de erotizarse constantemente sin perder en ningún momento su exquisitez, de encontrar un gesto o una breve forma que logran insinuar toda una narrativa erótica, a veces onírica y a veces sádica; de ver la formas primordiales de la vulva y los senos iterarse en la naturaleza, como un fractal ubicuo. Como si fuera el elegido entre  los voyeuristas, tocado por el hada madrina de la magia sexual, que lo gratifica con sus ninfas: muñecas de la piel más suave, del ardor más secreto, en esa habitación prohibida, tan lejos y tan cerca en su angelical lascivia.

 

 

Presentan en Los Ángeles exposición artística inspirada en la práctica del surf; multicolorido e intrépido misticismo alrededor del arte de montar las olas

El surf es, sin duda alguna, una práctica que te permite sensibilizarte frente a las fuerzas de la naturaleza y, en especial, frente a ti mismo. En los últimos años este deporte se ha convertido en uno de los más populares dentro de Estados Unidos, especialmente en California, y en otros muchos lugares alrededor del mundo.

Pero algo que muchos ignoramos es que la popularización de esta práctica en Estados Unidos se dio a partir de la Segunda Guerra Mundial, con miles de soldados y marinos que permanecían en bases militares de California y salían a montar las olas de las costas locales en sus ratos libres. De hecho es considerado por muchos como “un deporte de la Guerra Fría”. “El surf realmente nació tras la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea, recordemos esas escenas espectaculares de la película Apocalypse Now. Es un gran escape para alejarte de los horrores de la guerra y la política” afirma Nye, uno de los artistas participantes en la muestra.

Y es precisamente en suelo californiano donde se lleva a cabo la exposición de arte inspirado en surf, Swell. “El surfer trata con algunos de los más básicos elementos, es una interacción individual con el poder del océano, las mareas manipuladas por la luna, las corrientes; los surfers son místicos, introspectivos, y comprometidos con una excursión neurológica hacia la plenitud, deslizándose sobre el agua sin dejar rastro alguno” se lee en el texto introductorio de esta muestra.

via Daily Beast