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Daniel Tammet, el savant y sinesteta capaz de prodigiosas operaciones mentales

Salud

Por: pijamasurf - 06/02/2010

Habla 11 idiomas pero puede aprender uno nuevo en una semana, es capaz de recordar más de 20 mil dígitos o substituir a una calculadora.

Los savants son personas que pese a padecr algun desorden mental, como el autimos, poseen una sorprendente habilidad o habilidades mentales específica.

Muchos de los llamados savants, capaces de realizar prodigios mentales de memoria u operaciones matemáticas extraordinarias describen su proceso mental como un enjambre de sinestesia. Tal es el caso de Daniel Tammet, un joven autista, para quien cada número entero del 1 al 10 mil tiene una forma, textura, color y sensación distintiva. Tammet describe a pi como un "paisaje deslizante lleno de colores cambiantes". Tammet aprendió islandés en un par de semanas y es capaz de realizar operaciones matemáticas como una calculadora.

Por ejemplo se le puede preguntar cuantos es 27 a la séptima potencia y te dirá en unos segundos 10,460,353,203.

Tammet puede aprender un idioma en 7 días y tiene el récord de momorización de decimales del Número π con 22.514 dígitos.

El profesor Allan Snyder, de la Universidad Nacional de Australia, explica que el caso de Tammet es único, porque mientras “los autistas generalmente no son capaces de describir cómo hacen lo que hacen -simplemente, llegan a ello- Daniel puede describir lo que su mente ve.

Personas como Tammet prueban que el cerebro humano es enormente subutilizado y es capaz posiblemente de superar a la computadora más veloz si se usa a toda su potencia. Por demás, parece que el universo entero existe, por ahora veladamente, dentro del cerebro humano.

Los 10 savants más asombrosos

El pesticida que lleva al suicidio a las mujeres chinas

Salud

Por: pijamasurf - 06/02/2010

Un pesticida de fácil acceso podría estar llevando a las mujeres chinas que trabajan en el campo a cometer suicido; China es uno de los pocos países donde las mujeres se suicidan más que los hombres.

China es uno de los poco países en el mundo donde las mujeres se suicidan más que los hombres y hasta en el 60 porciento de estos suicidios están involucrados pesticidas organofosforados. Este tipo de pesticida, que está prohibido en muchos países, además de ser letal al ingerirse, siendo la vía de suicidio predilecta, podría estar provocando pensamientos suicidas que llevan a cometer el acto según un reporte de la Organización Mundial de la Salud del 2009.

En Occidente las mujeres promedian hasta tres veces más intentos de suicidio, sin embargo los hombres cometen este acto con mayor frecuencia. La diferencia podría estar en que China, las mujeres expuestas a una vida rural (muchas veces explotadas) tienen un método de conseguir el suicidio más efectivo.

Existe controversia sobre si la exposición a este pesticida en realidad provoca pensamientos depresivos de alguna manera envenenado la psique hasta la materialización del suicidio, o si son sólo las condiciones de aislamiento social que no disuaden a las mujeres a tiempo y la facilidad de optar por este pesticida.

El suicidio en China parece ser el resultado de una acción impulsiva a diferencia de una depresión prolongada y no parte de una historia de enfermedades mentales como suele suceder en el 90% de los casos en Occidente; algunas estadísticas sugieren que el 60% de los suicidas solo lo consideraron 2 horas antes de realizarlo, lo cual podría tener que ver tanto con el efecto del pesticida como con el hecho de que las mujeres que trabajan en el campo no tienen con quien compartir sus problemas (o el mismo carácter de las mujeres chinas que se guaradan sus dilemas emocionales hasta el punto de que toman acción con notable decisión).

Estadísticas de hace 10 años mostraban que el suicidio es la primera causa de muerte entre personas de entre 15 a 34 años en China, estos índices son tres veces más en zonas rurales y 25% en mujeres. Sin embargo, este problema podría paliarse, paradojicamente, al momento en que cada vez más las mujeres abandonan el campo para vivir en la ciudades, donde uno pensaría que los pensamientos suicidas, sin el contacto con la naturaleza, serían más proclives.

Vía The Daily Beast