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Testigos aseguran aterrorizados que el tiburón era del tamaño de una casa pequeña o un camión; autoridades de Ciudad del Cabo no han encontrado resto alguno del turista
Great White Shark, South Africa

Cómo si se tratara de un thriller noventero de Hollywood, una playa sudafricana fue sede de un aterrador episodio para aquellos que lo presenciaron: un gigantesco tiburón emergió para devorar a Lloyd Skinner, un turista originario de Zimbabwe.

Skinner nadaba a escasos 100 metros de la playa, en Ciudad del Cabo, cuando el tiburón apareció y en instantes apresó al turista dejando como único rastro una mancha de sangre entre las olas y las gafas de natación de su víctima.

Decenas de testigos aseguraron haber visto a un tiburón de dimensiones gigantescas aproximarse en dos ocasiones a Skinner antes de que este despareciera entre una estela roja. Algunos, quizá influidos por las películas de Jaws, aseguran que se trataba de un Tiburón Blanco:

“El tiburón era más grande que un minibus. Era como una sombra inmensa dirigiéndose hacia una mancha multicolor. De prontó emergió del agua y se llevo a la mancha. Pude ver su maníbula gigante arrastrar hacia el fondo a esta mancha que resultó ser una persona”. Declaró Gregg Coppen, un testigo, a un diario local. Tras presenciar la escena Coppen se apresuró a twittear: "Mierda. Acabamos de ver a un tiburón gigante devorar a lo que parecía una persona. Era gigantesco. Gigantesco tipo dinosaurio”.

Por su parte, Kathy Geldenhuys, quien se encontraba tomando sol en la arena declaró: “Sólo cuando estaba atacando pude ver su aleta, pero después pude ver todo el cuerpo bajo el agua. Era un tiburón realmente grande”

Via The Guardian

Malas noticias para los cetáceos: la veda que prohibía la matanza comercial de ballenas a Japón esta a punto de disolverse

whaling A partir de 1987 se instituyó una prohibición internacional contra la matanza comercial de ballenas. La voracidad del ser humano había orillado al peligro de extinción a distintas especies de cetáceos, siendo Japón el protagonista del aniquilamiento y consumo desmedido de sus derivados.

A pesar de esta moratoria los japoneses aprovecharon desde entonces un hueco legal en la legislación, justificando la matanza anual de mil ballenas residentes en la Antártida. A pesar de esto, en una discreta reunión que se llevará a cabo próximamente en Miami, se podría conceder nuevamente el derecho al aniquilamiento de estos esplendorosos gigantes marinoníricos, con fines comerciales.

Grupos ambientalistas ya se preparan a la International Whaling Commission, organismo que dictaminaría el fallo definitivo en junio de este año. De permitirse a Japón regresar a la matanza comercial, se estima que diversos países “balleneros” alegarían para que a ellos también se les levantase la veda.

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