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En un extravagante caso del azar genético, una oveja en Turquía dio a luz a una quimérica cría con rostro humanoide

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En una extraña manifestación del azar genético se suscitó el caso de un una oveja cerca de la ciudad de Izmir, en Turquía, que tras ser intervenida en una cesárea, los veterinarios extrajeron a una cría muerta. Lo extravagante de este caso es que el cordero recien nacido presentaba una deformación facial que simulaba el rostro de un humano.

El veterinario encargado de realizar la cesárea, Erhan Elibol, declaró jamás haber visto algo similar: “He visto mutaciones en vacas y ovejas. He visto becerros con un ojo, dos cabezas, o cinco patas. Pero cuando vía a la cría de esta oveja no lo podía creer”. Hata ahora esta extraña mutación que derivó en la quimera con rostro humanoide, sólo se puede explicar por el exceso de vitamina A que se le suministró a la madre durante el embarazo.

Las nubes: bello capricho de la naturaleza que nos hace soñar, temerles o extrañarlas. Ellas son un hermoso fenómeno natural, determinante en la regulación del clima terrestre.

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Las nubes ejercen diversos efectos reguladores del clima: por una parte, proveen a la Tierra de una protección de los rayos del Sol, disminuyendo la temperatura del planeta y refrescándolo, tanto al reflejar hacia el espacio exterior parte de la radiación que nos llega del Sol, como al distribuir la humedad en sus trayectos por el planeta. Por otra parte, el vapor de agua que constituye las nubes participa de forma importante reteniendo en la atmósfera el calor absorbido que emite la superficie terrestre.

Según la visión de los científicos de la astrofísica y algunos meteorólogos, la formación de nubes se realiza por la acción de rayos cósmicos en nuestra atmósfera. Los rayos cósmicos son pequeñas partículas atómicas que viajan por el espacio a gran velocidad, producto de las constantes explosiones de estrellas en la Vía Láctea, la galaxia en la que se encuentra nuestro Sistema Solar. Al penetrar en la atmósfera terrestre, los rayos cósmicos alteran eléctricamente algunos de los gases que la componen, ionizándolos y liberando electrones que generan núcleos de condensación, necesarios para la formación de nubes. Pero, para evitar que nuestro planeta estuviera total y permanentemente cubierto de nubes, un escudo protector desvía una parte de los rayos cósmicos, creando un balance de cielos claros y nublados. Es el Sol este escudo protector, que a través de la alternancia de sus radiaciones magnéticas impide o permite la entrada de los rayos cósmicos a nuestro planeta. Así, cuando hay poca intensidad magnética del Sol, entran más rayos cósmicos a nuestra atmósfera y se producen nubes de baja altitud. Por el contrario, cuando el Sol está muy activo, pocos rayos cósmicos penetran y no se producen nubes o se producen muy pocas. Durante el siglo XX el campo magnético del Sol aumentó en más del doble su intensidad, desviando una enorme cantidad de rayos cósmicos. Este fenómeno podría explicar el actual aumento de las temperaturas en la Tierra.