Los seres que surgen de la genialidad de Theo Jansen provocan un sentimiento muy peculiar. Estas entidades, un híbrido entre arañas celestiales (el cielo es terrestre: as above, so below) y arcángeles mecánicos, pueden fácilmente revolver los sentidos del espectador traduciéndose en una especie de paradójico cocktail sensorial.
Theo Jansen, nacido en La Haya, ensambla esqueletos animales que se animan a través de energía eólica provista por el viento de las playas holandesas. Su obra fusiona admirablemente técnicas escultóricas con ingeniería cinética. “Las paredes entre el arte y la ingeniería existen sólo en nuestras mentes”, nos confiesa sonriente el artista.
Los esqueletos robóticos de Jansen son inevitablemente perseguidos por la mirada del espectador mientras se encuentran en acción. Lo extraño es que su persecución es hasta cierto punto hipnótica, ya que provoca una peculiar angustia estética. Producen una sensación encontrada entre lo más orgánico y lo más mecánico de nuestra capacidad perceptiva. Hasta ahora los seres de Theo sólo habitan las playas de su natal Holanda pero según sus deseos pronto podrían liberarse para cruzar la barrera de arena y vivir por su propia cuenta en otros entornos naturales.