
Una caja de joyas en el cielo que desplantar con la mirada ciclópea para regalar a una chica especial (espacial) en este Holowenn (el día de los espíritus holográficos). Esta fue la última imagen de una cámara que se retira de su auscultación celeste, parte del remozado Telescopio Espacial Hubble.
Antes de que la NASA la regresara a la Tierra, la
Wide Field Planetary Camera 2 captó el centro del cúmulo de estrellas NGC 4755; su último regalo es la "caja de joyas" (el centro de la paleta cósmica, a un lado de la constelación de la Cruz, a 6400 años luz). Este distinctivo metaobjeto estelar recibió su nombre en 1830 del astrónomo inglés John Herschel, quien pensó que las rutilantes estrellas azules y rojas evocaban joyería de fantasía, tal vez las joyas de la reina.

Como la mayoría de los cúmulos estelares abiertos, la "caja de joyas" está conformada por una fraternidad de estrellas (alrededor de 100) de la misma edad y hechura química.
Hubble capturó a la caja de joyas en diferentes longitudes de onda, del ultravioleta hasta el infrarrojo -así reflejando del záfriro hasta el rubí.
La historia de las metáforas poéticas recoge siempre -"en el campo sembrado de záfiros"- la analogía del espejo esmeralda de Hermes: las joyas son reflejos fractales de las estrellas, las estrellas: joyas en el cuerpo etéreo de una mujer galáctica (Rhea, Coatlicue), que es nuestra madre y, como la Diosa Blanca de Robert Graves, también nuestra hermana, nuestra novia, y acaso la bruja blanca de nuestra narrativa onírica.
Vía Wired